Libre mercado versus proteccionismo
Subir los aranceles a los artículos importados, alentar la fabricación de productos nacionales y proteger la creación de empleo de las empresas locales, son algunas de las iniciativas que llevará a la práctica Donald Trump en caso de imponerse en las elecciones de noviembre próximo en Estados Unidos. Se trata de una estrategia que confronta con las ideas de libre mercado que hoy ocupan un espacio central en la agenda económica de nuestro país.
En la historia reciente de la política económica de Estados Unidos, el término "libre comercio" ha sido un pilar fundamental, tanto para políticos republicanos como para demócratas. Sin embargo, bajo la presidencia de Donald Trump, esas ideas fueron colocadas bajo la lupa y reformuladas hacia un enfoque mucho más proteccionista. Este giro ideológico, que muchos analistas consideran que se profundizará en un eventual segundo mandato del magnate norteamericano, marcará un cambio en la política comercial de la potencia hemisférica en relación al resto de las naciones incluida, por supuesto, la Argentina.
Durante la reciente Convención Nacional Republicana que se celebró en Milwaukee, la plataforma del partido bajo el liderazgo de Trump reafirmó su compromiso con políticas que favorecen la producción nacional sobre la globalización. Este nuevo rumbo incluye el aumento de los aranceles de importación y la promoción activa de la producción interna como medios para proteger y fomentar los empleos locales. En criollo antiguo: un Estado más proteccionista. Según algunos historiadores de la economía estadounidense, tales medidas representan un claro distanciamiento de la ortodoxia republicana anterior, que históricamente abogaba por el libre mercado y la apertura económica. Un dato a tener en cuenta es que el proteccionismo que propone Trump no solo sumó apoyo dentro de su base electoral más tradicional, sino que también es visto con buenos ojos con sectores demócratas, como el de los votantes de Bernie Sanders, quienes comparten preocupaciones similares sobre la desigualdad económica y la pérdida de empleos en las fábricas de Estados Unidos. Para algunos observadores de la política norteamericana, esta convergencia inusual entre extremos opuestos del espectro político demuestra la efectividad del discurso de Trump para redefinir las líneas ideológicas dentro de Estados Unidos. En este punto, cabe preguntarse cómo se acomodará el discurso liberal libertario que predomina hoy en la Argentina, que sostiene exactamente lo contrario, es decir, alejarse de cualquier forma de proteccionismo y abrazar de lleno el libre mercado.
Algunos observadores de la realidad política y económica de EEUU consideran que, en un segundo mandato, las medidas proteccionistas de Trump se profundizarán aún más, posiblemente utilizando argumentos de seguridad nacional para justificar restricciones adicionales al comercio internacional, especialmente con la competencia que representan los productos chinos. Este enfoque, que ha sido criticado por muchos economistas y líderes empresariales por sus potenciales efectos negativos en la economía global, refleja —según los expertos— una estrategia política calculada para consolidar la base electoral de Trump y responder a un sentimiento nacionalista que, según las últimas encuestas, están en aumento.
A medida que Estados Unidos avanza hacia un período electoral con mayores tensiones, la dirección económica del país del norte bajo un eventual segundo mandato de Trump promete mantener el debate sobre los beneficios y las consecuencias de una política comercial más cerrada y enfocada en lo nacional. Este nuevo capítulo en la política económica de Estados Unidos no solo influirá en las elecciones futuras de ese país, sino que también tendrá repercusiones globales, desafiando las estructuras establecidas de cooperación económica internacional y redefiniendo el rol de los Estados en la economía mundial.
Habrá que prestar atención también a los acontecimientos que se suceden en Europa. En febrero pasado una serie de manifestaciones de agricultores en varios países del viejo continente parecían inclinar la balanza a favor de las políticas proteccionistas. En esos días, las protestas de productores de alimentos se hicieron sentir desde España hasta Alemania, pasando por Italia, Portugal, Países Bajos, Bélgica y Francia. El descontento con las políticas de apertura del bloque regional hizo que se derogaran algunas normas y se destinaran nuevas ayudas económicas para el sector agrícola en varios de esos países. ¿Esto quiere decir que la globalización será reemplazada por políticas económicas intervencionistas, con medidas como el establecimiento de aranceles a las importaciones, la regulación de la competencia y otros medios para proteger las industrias nacionales de la competencia internacional? Si eso ocurre, habrá que dejar de lado ciertos dogmas para no quedar, otra vez, en desventaja.










