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El alto costo de la mala nutrición

La nutrición infantil es un pilar fundamental en el desarrollo físico, cognitivo y emocional de los niños. Pero, lamentablemente, el acceso a una alimentación adecuada y nutritiva sigue siendo hoy un desafío enorme para las familias más pobres. En las sucesivas crisis económicas que vivió el país se comprobó que cuando el ingreso per cápita familiar disminuyó, se agudizó la dificultad para acceder a alimentos de calidad, especialmente en los sectores más vulnerables de la población.

Aunque el ingreso per cápita familiar de Argentina todavía es mayor al promedio de los países de la región, la brecha ha tendido a achicarse a partir de 2011. Así lo advierte un informe elaborado por el doctor en sociología, Daniel Schteingart, y los economistas Leopoldo Tornarolli y Leonardo Gasparini, publicado en el sitio web argendata.fund.ar. "Los ingresos son fundamentales para entender la dinámica socioeconómica de un país porque ofrecen una visión sobre la capacidad económica de sus habitantes. Al analizar los ingresos, se pueden entender mejor fenómenos como la pobreza monetaria y las desigualdades económicas, y también la eficacia de las políticas públicas destinadas a mejorar el bienestar de una sociedad", señala el citado documento que, por otra parte, observa que en Argentina el nivel medio de los ingresos laborales ha caído en la última década y se encuentra en niveles históricamente bajos.

Por otro lado, y  más allá de la polémica que se desató por las grandes cantidades de alimentos no entregados por el Ministerio de Capital Humano que estaban cerca de su fecha de vencimiento, es necesario señalar que en tiempos en los que se impulsan políticas nacionales que apuntan al retiro del Estado, incluso de las áreas más sensibles, no se debe perder de vista el alto costo que puede llegar a pagar una sociedad que se desentiende del serio problema que representa la mala nutrición cuando ésta afecta a buena parte de la población. Es que una alimentación deficiente en nutrientes esenciales puede llevar a retrasos en el crecimiento, debilitamiento del sistema inmunológico y dificultades en el desarrollo cognitivo. Estos efectos pueden ser aún más perjudiciales durante las etapas tempranas de la vida, cuando el cuerpo y el cerebro están en pleno proceso de crecimiento y formación. El problema se ve exacerbado por la falta de acceso a alimentos frescos y saludables a precios accesibles en los hogares de bajos ingresos. En estos casos, las opciones alimentarias suelen estar dominadas por alimentos procesados, ricos en calorías vacías pero pobres en nutrientes esenciales como vitaminas, minerales y proteínas. Esta realidad no solo perpetúa el ciclo de pobreza y malnutrición, sino que también afecta negativamente la capacidad de los niños para aprender y desarrollarse plenamente. Es necesario, entonces, reconocer que la nutrición infantil no es solo un tema de salud individual, sino también un asunto de justicia social y equidad. Garantizar que todos los niños tengan acceso a una alimentación nutritiva y equilibrada es responsabilidad de todos los niveles de la sociedad, desde las políticas gubernamentales que promuevan la seguridad alimentaria hasta las iniciativas comunitarias que apoyen la educación nutricional y el acceso a alimentos saludables. En última instancia, invertir en la nutrición infantil es invertir en el futuro de nuestra sociedad. Al proporcionar a los niños los nutrientes que necesitan para crecer sanos y fuertes, no solo se mejora su calidad de vida presente, sino también se los prepara para alcanzar su máximo potencial en el futuro.

Desde la gestación hasta los primeros años de vida, los nutrientes esenciales como los ácidos grasos omega-3, hierro, zinc y vitaminas juegan un papel crucial en el desarrollo del cerebro infantil. Distintas investigaciones han demostrado que una nutrición adecuada durante los primeros años de vida es fundamental para fortalecer los procesos que sientan las bases del aprendizaje y la memoria a largo plazo. Por ello, es necesario generar un entorno donde cada niño, independientemente de su origen socioeconómico, tenga la oportunidad de crecer en un ambiente nutricionalmente seguro.  Es fundamental entender que la nutrición deficiente limita el potencial intelectual de los niños y también representa un obstáculo para el desarrollo social y económico de la sociedad. La desigualdad en el acceso a una alimentación adecuada desde la gestación hasta la infancia temprana perpetúa ciclos de pobreza y desventaja, que afectan la capacidad de los niños para prosperar y contribuir plenamente al crecimiento del país.

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