El detrás de escena de la política
La capacidad de un gobierno para llevar a buen puerto su gestión depende en gran medida de actores clave que saben nadar en las aguas profundas del quehacer político. Se trata de figuras que tienen la misión de lograr acuerdos y tejer alianzas, muchas veces detrás de los escenarios, para superar las crisis y asegurar la gobernabilidad.
En las clases de Ciencias Políticas se suele citar como ejemplo el caso de Thaddeus Stevens, el norteamericano que, como representante del Partido Republicano, desempeñó un papel fundamental como negociador político en el Congreso de Estados Unidos. Férreo defensor de los derechos civiles y la igualdad racial durante y después de la guerra civil estadounidense, su labor fue clave para lograr la Proclamación de Emancipación impulsada por Abraham Lincoln. Según los historiadores, su influencia en el Congreso ayudó a asegurar el apoyo legislativo y público necesario para respaldar la proclamación de Lincoln. En rigor, Stevens, practicó lo que en nuestro país se conoce como "rosca política", es decir, la habilidad que poseen algunas figuras para allanar el camino a los acuerdos entre distintas fuerzas partidarias con el fin de aprobar leyes, presupuestos y otras iniciativas legislativas importantes. Es cierto: la "rosca" no goza de buena fama en la opinión pública. Es más, el actual presidente de la Nación, Javier Milei, se declara en contra de tales prácticas. Sin embargo, el principio de realidad se impuso una vez más y el libertario se vio obligado a designar a Guillermo Francos -un experimentado operador político-como jefe de Gabinete para asegurar la aprobación de la ley Bases en el Senado. Los resultados están a la vista. El sucesor de Nicolás Posse en la Jefatura de Gabinete conoce muy bien las artes de la negociación en la arena política. Es, tal vez, una de las pocas figuras del entorno presidencial a la que mejor le calza el traje de operador político. Hay quienes aseguran que, en el tema que nos ocupa, el rol de operador implica trabajar muchas veces en las sombras y conocer las ventajas y desventajas de los entresijos y las complejidades de la negociación política y la toma de decisiones, condimentos que -nos guste o no- están presentes en todos los procesos políticos. Para entender mejor de qué se trata, se recomienda la lectura del libro "La rosca política", de la doctora en Ciencias Sociales, Mariana Gené. En esa obra, la autora explora el fenómeno de la "rosca política" en Argentina, centrando su análisis en los armadores políticos. Estos, explica Gené, son los operadores que trabajan tras bambalinas para articular alianzas, negociar acuerdos y consolidar poder dentro de los partidos y movimientos políticos. El citado libro revela, además, cómo estos actores manejan relaciones personales, estrategias tácticas y redes de influencia para influir en en las decisiones políticas.
Por lo general, este tipo de operadores realizan buena parte de su trabajo fuera de la vista pública. A no confundirse: "la rosca" no es un invento argentino, ni mucho menos. Está presente en todas las sociedades más o menos democráticas. El ejemplo citado más arriba, del legislador norteamericano Stevens, se repite a lo largo de la historia de la gran mayoría de los países, donde también existen redes de negociación y acuerdos entre actores políticos, empresariales y sociales para alcanzar objetivos comunes o para consolidar intereses particulares. Ocurre que esta manera de intervenir en los asuntos públicos la mayoría de las veces facilita la toma de decisiones políticas y, lo que es más importante, ayuda a construir un piso de gobernabilidad, lo que no es poco en un país como el nuestro, acostumbrado a los sobresaltos. Como se dijo, este tipo de acuerdos forma parte de una dinámica de poder que es poco conocida por la ciudadanía, pero que, en rigor, es algo cotidiano en el mundo de la política. Antes que rasgarse las vestiduras por lo que pasa detrás en la escena de la política, es necesario tener en claro que los principales objetivos de quienes asumen estos roles son solucionar los problemas más urgentes y reforzar el andamiaje político de un gobierno. O lo que es lo mismo, evitar que se desplome la estructura que sostiene a una gestión. Para una sociedad como la nuestra, que tuvo que pagar un alto precio para consolidar la democracia, es importante que la ciudadanía tenga presente que, sin apoyos, acuerdos, consensos, negociaciones, no hay política posible. Y sin política, no hay democracia.










