Milei llegó a Italia para la Cumbre del G7
En medio de una gran expectativa por cómo se moverá y qué dirá, el presidente Javier Milei arribó ayer al aeropuerto de Bari y este viernes debutará en su primer G7, la cumbre de los jefes de Estado y de gobierno de los siete países más industrializados del mundo.
Después de haber sido recibido en febrero pasado por la primera ministra, Giorgia Meloni, con quien tuvo gran sintonía, hay afinidades ideológicas y comparte amistades en común como el magnate australiano Elon Musk, el mandatario argentino fue invitado a participar en una sesión sobre Inteligencia Artificial y Energía extendida a países que no son miembros del selecto grupo, que tendrá lugar en complejo turístico de Borgo Egnazia.

En este marco, otra de las figuras también es argentino: el papa Francisco que fue invitado por Meloni, quien anticipó que su presencia iba a marcar "una jornada histórica" para este foro.
Según confirmó el Vaticano, al margen de reunirse con la anfitriona Meloni, el Papa tendrá otras diez reuniones bilaterales con figuras que van desde el presidente estadounidense, Joe Biden, al francés Emmanuel Macron y el brasileño "Lula" da Silva.
La gran pregunta que muchos se hacían en el enorme centro de prensa era una sola: ¿Por qué el papa Francisco no se reúne con Milei? Según fuentes vaticanas, no habrá encuentro porque Milei no lo solicitó.
Se descuenta, de todos modos, que los dos únicos argentinos presentes se saludarán con calidez, como ocurrió cuando se vieron por primera vez en la Basílica de San Pedro, en ocasión de la canonización de Mama Antula.
Las reuniones bilaterales que tiene previstas el presidente este viernes son cuatro: al margen de Meloni, la dueña de casa, se reunirá a solas con el presidente del Banco Mundial, Ajay Banga; con su par francés, Emmanuel Macron, a quien debería haber visto en París en un tramo de la gira que fue acortado; y con la directora del Fondo Monetario Internacional, Kristalina Georgieva, según adelantó el gobierno.
El papa Francisco, de 87 años, tendrá a una fila de referentes mundiales esperando verlo. Amén de Meloni, tendrá bilaterales con Kristalina Georgieva, que conoce bien y que estuvo varias veces en seminarios organizados en el Vaticano en los que coincidió con el exministro de Economía, Martín Guzmán, que es académico de la Pontificia Academia de las Ciencias Sociales; con el presidente ucraniano Volodimir Zelensky, a quien recibió en mayo del año pasado en el Vaticano; con Macron, que reaccionó audazmente al derrumbe electoral de su partido ante el de extrema derecha de Marine Le Pen, llamando a elecciones anticipadas y que en abril pasado puso los pelos de punta al Vaticano con la inclusión del derecho al aborto en la Constitución francesa y con el primer ministro de Canadá, Justin Trudeau.
Luego de pronunciar su discurso en la sesión sobre AI y después de la foto grupal, el Papa seguirá con más bilaterales: en una de las bellísimas residencias de piedra blanca de Borgo Egnazia, verá al presidente de Kenya, William Samoei; el premier de la India, Narendra Modi; al presidente estadounidense, Biden, católico y admirador de él, a quien ya conoce y con quien suele hablar por teléfono; a otro viejo conocido, "Lula"; al presidente turco, Recep Tayyip Erdogan y, finalmente, al primer mandatario de Argelia, Abdelmadjid Tebboune.
Según los planes, su helicóptero volverá a despegar hacia el Vaticano pasadas las siete de la tarde. Difícil que pueda haber tiempo para más que un saludo para con su compatriota Milei, que sí tiene previsto reunirse, pero el sábado, con su par ucraniano Zelensky, al que le dará un espaldarazo muy concreto al participar en la cumbre por la paz que presidirá en Lucerna, Suiza, de la que regresará el sábado por la noche a Buenos Aires.
El arribo de Milei a Bari se produjo en medio de expectativas por lo que dirá y cómo se moverá en semejante contexto. Lo acompañan en la comitiva la secretaria general de la presidencia, su hermana Karina Milei, el asesor Demian Reidel y el diputado del PRO, Fernando Iglesias.
A Bari ya había llegado el embajador en EEUU, Gerardo Werthein, que también fue acreditado para la ocasión. En medio de gran hermetismo y medidas de seguridad férreas, junto con una caravana esperaba que se dirigiera, escoltado por agentes, hasta su alojamiento. Visto el horario nocturno, no había por supuesto ninguna agenda prevista, salvo la de descansar y prepararse para su debut en el gran escenario de las "siete democracias más poderosas del mundo".
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