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Aprender y desaprender

En las sociedades actuales, saturadas de información, la tarea de aprender, desaprender y volver a aprender se ha vuelto cada vez más importante. Frente a ese escenario, las aulas tradicionales enfrentan el desafío de lograr que los estudiantes desarrollen mayores capacidades de análisis para poder tomar mejores decisiones.

Se suele atribuir la frase "los analfabetos del siglo XXI no serán aquellos que no sepan leer y escribir, sino aquellos que no sepan aprender, desaprender y reaprender", al sociólogo norteamericano Alvin Toffler, pero en realidad pertenece al psicólogo Herbert Gerjuoy. Lo que sucedió es que ese conjunto de palabras, que remarca la importancia de adaptarse en un mundo que experimenta cambios vertiginosos, fue citado por Toffler en su libro "El Shock del Futuro" donde aborda el impacto de las transformaciones tecnológicas en la sociedad moderna. Pero más allá de la discusión por la autoría de la frase, lo que interesa es reflexionar sobre cuáles podrían ser los caminos y las estrategias para enseñar a las nuevas generaciones, de manera tal que estén preparadas para analizar ideas más complejas, aún aquellas que contradigan sus creencias previas. En un mundo en constante cambio, sostienen algunos especialistas, la educación debe enfocarse en desarrollar habilidades como la resolución de problemas, el pensamiento crítico y la creatividad. Los estudiantes -insisten los expertos- deben ser capaces de adaptarse a nuevas situaciones y aprender de manera continua a lo largo de sus vidas. En este contexto, agregan, la tecnología debe ser integrada de manera efectiva en el proceso educativo. De lo que se trata, entonces, es de potenciar el aprendizaje, permitiendo el acceso a recursos educativos diversos y facilitando la colaboración y la comunicación entre estudiantes y educadores. La tarea, por supuesto, no será sencilla. Sobre todo en un país que tiene casi a la mitad de su población viviendo por debajo de la línea de pobreza.

Según el historiador israelí, Yuval Noah Harari, a diferencia de lo que ocurría con las generaciones pasadas, hoy las personas no necesitan más información, sino aprender a evaluarla y sintetizarla. El autor de "Sapiens. De animales a dioses" plantea además que en este vertiginoso siglo las capacidades más valoradas serán el pensamiento crítico, la comunicación, la colaboración y la creatividad, además de la habilidad para adaptarse a los cambios y resolver problemas complejos. Observa, por otra parte, que en un mundo cada vez más interconectado, la educación deberá fomentar la comprensión intercultural y el respeto por la diversidad, preparando a los estudiantes para ser ciudadanos globales que puedan trabajar en entornos multiculturales.

Por su parte, el economista y empresario alemán, Klaws Schwab, fundador del Foro Económico Mundial, sostiene que una de las particularidades de la revolución tecnológica actual es que no cambia lo que hacemos, sino lo que somos. También un informe de la Unesco aborda el tema que hoy nos ocupa, señalando que una cultura del aprendizaje a lo largo de la vida puede fortalecer el tejido social, pero advierte que cuando no se satisfacen las necesidades básicas, como, por ejemplo, en los casos de violencia, pobreza extrema, trabajo infantil, falta de alimentos y agua potable o falta de electricidad y conectividad a Internet, existen obstáculos significativos al aprendizaje a lo largo de la vida, que agravan aún más la desigualdad al ampliar las brechas en la educación.

Hay que decir también que si bien la tecnología puede ser una herramienta poderosa para mejorar la enseñanza y el aprendizaje, su integración efectiva en el aula se presenta como todo un desafío para los educadores. Además, hay que tener en cuenta que la brecha digital puede dejar a algunos estudiantes al margen del proceso enseñanza aprendizaje si no tienen acceso adecuado a dispositivos y conectividad. En otras palabras, aunque la educación es un derecho fundamental, la equidad en el acceso y la calidad educativa siguen siendo un desafío en muchos rincones del país. Sería un error desconocer que las disparidades, tanto sociales como económicas son variables que pueden afectar la calidad de la educación que reciben los estudiantes, lo que perpetúa las desigualdades.

La capacidad de aprender facilita la adquisición de nuevas habilidades, conocimientos y perspectivas que enriquecen la vida y ayudan a las personas a adaptarse a un mundo en constante cambio. Pero no se debe olvidar que el proceso de desaprender para volver a aprender también es clave en estos tiempos.

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