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El control sobre el uso de la fuerza

El uso de sofisticadas armas no controladas por el ser humano vuelve a ser objeto de preocupación a nivel global ante la proliferación de dispositivos autónomos guiados por programas de inteligencia artificial que son utilizados en conflictos armados. Organizaciones no gubernamentales vienen alertando sobre el riesgo que implica perder el control sobre estas nuevas tecnologías bélicas.

La organización Amnistía Internacional alertó que países como Estados Unidos, China, Israel, Rusia, India, Turquía y Reino Unido, entre otros, son los que más invierten en el desarrollo de armas autónomas que no son controladas por efectivos de las fuerzas armadas y de seguridad. En 2021, la ONU fue la primera en denunciar el empleo de drones autónomos con armas letales que atacaron a seres humanos. Lo hizo a través de un informe elaborado por expertos del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. En esa oportunidad, el documento reveló que el ataque se produjo en marzo de 2020 en la guerra civil de Libia.

Según la organización Human Rights Watch, los drones y otras armas no controladas por el ser humano se han convertido en armas de uso habitual para los ejércitos de los países más poderosos, por eso son cada vez más las organizaciones de derechos humanos que reclaman regulaciones internacionales que prohíban este tipo de armas. Recientemente, la publicación digital + 972 (el número hace referencia al código telefónico de país que se utiliza en Israel y Palestina), dirigida por un grupo de periodistas palestinos e israelíes, reveló que las fuerzas armadas israelíes utilizaron sistemas de inteligencia artificial para atacar objetivos en la Franja de Gaza. Cabe recordar que en octubre de 2019 una coalición integrada por más de 160 organizaciones no gubernamentales de 65 países, que promueven la convivencia pacífica entre los pueblos, lanzó la Campaña de Prohibición de Robots Asesinos para evitar la proliferación de armas autónomas en todo el mundo. La iniciativa alertó sobre la necesidad de aprobar un tratado internacional que establezca la obligación de conservar el control humano sobre el uso de la fuerza.

Según Amnistía Internacional, la aparición de estas nuevas armas marca un punto de inflexión en los conflictos armados del siglo XXI, con un impacto que podría ser similar o mayor al que tuvieron en su momento la invención de la pólvora o las bombas nucleares. Por su parte, la organización no gubernamental Pax, con sede en los Países Bajos, planteó que la posibilidad de que estas máquinas con la ayuda de programas de inteligencia artificial decidan a quién atacar y a quién no, representa un serio riesgo para la seguridad de las personas. Además, advirtió la organización, nadie está en condiciones de asegurar que se respetarán los estándares del derecho internacional humanitario, incluidas las reglas de distinción, proporcionalidad y necesidad de uso de la fuerza militar.

Algunas empresas tecnológicas como Google hicieron público su compromiso de no diseñar o implementar inteligencia artificial para armas, mientras que el Comité Internacional de la Cruz Roja ha instado a establecer acuerdos internacionales que limiten la autonomía de este tipo de armas, considerando sus implicaciones legales, éticas y humanitarias. Es de esperar que los líderes mundiales aboguen por la prohibición de las armas autónomas, destacando la importancia de mantener el control humano sobre el uso de la fuerza para evitar graves consecuencias. En 2022 el secretario general de la Organización de Naciones Unidas, Antonio Guterres, hizo un llamado para que se prohíban los sistemas letales de armas autónomas advirtiendo que se trata de equipos de combate que son "moralmente repugnantes y políticamente inaceptables". Para los expertos en desarme, en tanto, estas máquinas carecen de las características que son inherentes a los humanos, como la compasión, que son necesarias para tomar decisiones éticas complejas. Advierten, además, que la sustitución de soldados por máquinas facilita que las armas autónomas caigan en manos de grupos no estatales o sean utilizadas de manera ilegal, lo que tendría consecuencias devastadoras. Dicho de otro modo, el mundo está ante una grave amenaza ética que pone en riesgo principios fundamentales de la humanidad y el derecho internacional humanitario, por lo que es urgente establecer acuerdos internacionales que limiten el desarrollo y empleo de estos sistemas letales.

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