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¿Debemos amar al pecador?     

Este interrogante nace de una expresión que se le atribuye al pacifista Mahatma Gandhi: "Odia al pecado, pero ama al pecador".

Muchas veces se generan polémicas entre cristianos por causa de diferentes maneras de ver y analizar el contenido del texto bíblico. Eso no está mal, al contrario, es necesario, siempre y cuando que las diferencias se discutan en un marco de paz y dominio propio.

Una de esas polémicas entre cristianos se genera cuando nos preguntamos si debemos amar al pecador. Esta disputa nace en la expresión de Gandhi, quien oportunamente dejó establecida una frase que se estima es de su propiedad: "Odia al pecado, pero ama al pecador".

Están quienes aducen que esa frase no es bíblica, y por lo tanto no aplicable en el contexto del cristianismo. Recordemos que, a pesar que este gran pacifista tenía simpatía por la historia de Jesucristo, puso también en la balanza su admiración por el hinduismo, y terminó inclinándose por esta última opción. Aun así, es buena la idea de saber o conocer, si aquella expresión realmente estaba cerca o lejos de la verdad bíblica.

Introduciéndonos ya en el análisis de saber si debemos aborrecer el pecado, pero amar al pecador, podemos señalar lo siguiente: es verdad que la Biblia no contiene ningún versículo que reproduzca literalmente dicha frase, pero aún así, deberíamos investigar si ella no cumple con requisitos bíblicos.

Debemos investigar

Lo primero que deberíamos contemplar es que el ser humano tiene como una coraza que lo convierte en pecador, es su conducta. Pero detrás de esa coraza visible existe una persona que, si se arrepiente de su mala conducta, puede llegar a ser redimida por Cristo. 

Muchos se preguntan, incluso dentro de un elevado circulo jerárquico de la iglesia ¿por qué y para qué vino Jesús a morir en la cruz? Ese interrogante está plenamente respondido en el texto de la Escritura. Porque, en tal sentido, nos enseña que: "De tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, más tenga vida eterna. Porque no envió Dios a su hijo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvado por él." 

Podemos observar que su palabra señala, que Dios amó tanto al mundo, que envió a su hijo Cristo para que muera por el pecador, porque no hay siquiera uno justo, por cuanto todos han pecado y están separados de Dios. Vemos entonces que, sin decirlo literalmente en un versículo, podemos interpretar con absoluta seguridad que él ama al pecador y desea salvarlo por medio del sacrificio de la cruz de Cristo.

Si Dios odiara al pecador de manera literal, no hubiera enviado a su hijo Jesucristo para salvarlo, sin embargo, implemento un plan para hacerlo. 

Separar a la persona del pecado

Tenemos que aprender a separar a la persona del pecado. Lo que Dios odia y aborrece es la conducta del pecador, pero ama a la persona que está dentro del pecador, y por eso quiere salvarlo. Afirma el texto bíblico que él estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados, y nos encargó a los cristianos la palabra de la reconciliación, para que le avisemos al mundo que se vuelvan a Dios, porque ya están perdonados. Obviamente que, si no se vuelven, serán condenados por no aceptar el plan de salvación. 

Si todavía nos quedasen duda al respecto, veamos lo que enseñó Jesús: "Pero yo les digo, amen a sus enemigos (pecadores) bendigan a quienes los maldicen, hagan bien a quienes los aborrecen, y oren por quienes los ultrajan y los persiguen. Porque si ustedes aman a quienes también les aman a ustedes, ¿Que recompensa tendrán? ¿No hacen también así los que no conocen a Dios? Sean ustedes perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto."

Acá Jesús está asociando la perfección con el amar a los enemigos (pecadores), porque da a entender con claridad que Dios hace lo mismo. Para corroborarlo, deberíamos recordar el contenido del segundo mandamiento más importante de todos: "Amarás a tu prójimo como a ti mismo". 

Por otro lado, en su primera carta, el apóstol Juan nos enseña que si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros. Pero si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonarnos y limpiarnos de toda maldad. Reiteramos entonces, desde el punto de vista bíblico, se nos recomienda aborrecer y alejarnos del pecado, pero al mismo tiempo amar a nuestro prójimo.

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