Violencia es mentir
Señor director de NORTE
"Mucha tropa en las calles, con sus muecas rotas cromadas. Y por las carreteras valladas, escuchas caer tus lágrimas…", inicia la icónica composición musical Nuestro Amo juega al esclavo, de Carlos Solari y Eduardo Bellinson. Más conocidos como El Indio y Skay, cofundadores de la mítica banda Los Redonditos de Ricota.
En aquellas expresiones, sobre los peores años de violencia institucional vividos en nuestro país, estas palabras permitían metaforizar lo complejo y peligroso de la situación que se atravesaba.
Quizás, en una rápida replica de análisis situacional de lo que hoy estamos sufriendo a nivel comunal, provincial y nacional, Solari y compañía podrían atisbar que tales palabras pueden servir de cuadro para dar marco a la actual violencia institucional y persecución política que muchas personas sufren por el solo hecho de comprometerse con su participación ciudadana. Situación que preocupa considerablemente, ya que contradice los principios fundamentales de igualdad, justicia y respeto por los derechos que por la sola condición de personas hemos adquirido.
Tal introducción no tiene otro objetivo más que repasar de manera conjunta qué conlleva una representación democrática. Por ello, es que aquí haremos algunas reflexiones, para nada eruditas, considerando que podrían ayudar a profundizar y proponer de manera modesta y directa, que el intendente de la ciudad de Resistencia Roy Nikich y el señor gobernador Leandro Zdero —alineados con el gobierno nacional de Milei— tomen nota sobre las distintas violencias que están generando y destruyendo el sentido de convivencia democrática.
Entonces en primer lugar, debemos analizar la responsabilidad del Estado Municipal, Provincial y Nacional respecto del uso de las fuerzas en democracia; es indispensable entender que el Estado Gubernamental tiene la responsabilidad de proteger y garantizar los derechos de todas y todos los ciudadanos. ¡Una obviedad, claro! Que evidentemente no estaría en el plano visual de gobernabilidad de los responsables referidos: repetimos, el intendente y gobernador respectivamente. Ya que la violencia institucional ocurre cuando los entes estatales abusan de su autoridad de manera coercitiva y utilizan la fuerza de manera indiscriminada o desproporcionada contra los ciudadanos y ciudadanas.
Es así que el impacto de la violencia institucional puede erosionar la confianza de la ciudadanía en las instituciones democráticas. Cuando las personas perciben que el Estado no protege (de manera integral) y, en cambio, utiliza la violencia en su contra, puede que el sistema colapse y sentirse el representado acorralado de adoptar actitudes impredecibles.
Un ejemplo en la coyuntura actual es entender la escalada de tensiones que se vivió en el municipio por el accionar desmedido y violento de la policía del Chaco. Como ciudadanos y ciudadanas debemos configurar apoyos a las víctimas de la violencia y abogar por el respeto de los derechos fundamentales. La solidaridad y el reclamo público pueden contribuir a impulsar cambios significativos en las políticas y prácticas policiales. Una interacción social que nos permita estar alerta ante ciertas conductas violentas y discriminatorias nutren nuestro rol y función como ciudadanos con el deber cívico de apuntalar las participaciones democráticas.
Una democracia saludable es fundamental, y es así que deben existir mecanismos efectivos para garantizar que aquellos que ejercen el poder estén sujetos a controles y equilibrios. Cuando ello no ocurre, los casos de violencia institucional son palpables en el inconsciente colectivo y el miedo preestablecido nos lleva a la despolitización de la ciudadanía.
La lucha contra la violencia institucional requiere un enfoque multifacético que incluya el diálogo entre las autoridades y la sociedad civil, así como la implementación de formas institucionales que promuevan la transparencia, la responsabilidad y el respeto por los derechos humanos. Ello es innegociable en un Estado de Derecho. Y es aquí donde nuevamente debemos hacer un paralelismo con los años oscuros que ha vivido nuestro país, ya que poner en jaque la participación ciudadana como la última de las instancias, es amenazar e impedir la promoción de una cultura de respeto y protección de los derechos humanos.
La violencia institucional suele estar vinculada con una brecha de poder entre las instituciones y las y los ciudadanos. Es importante reflexionar sobre cómo se perpetúa esta brecha y qué medidas pueden tomarse para reducirla.
En este sentido, traemos a colación la conducta del representante del Ejecutivo municipal y del presidente del Concejo en línea con el señor gobernador. En la semana que pasó desplegaron de manera satírica y dantesca en complicidad con varios medios de comunicación, sus grotescos análisis, refiriendo a representantes políticos elegidos democráticamente, casualmente quienes cuestionan sus políticas y prioridades comunales, tildándolos como "personajes " a quienes la sociedad debía ignorar.
De esta manera es obvio repudiar enérgicamente el ataque perpetrado por un agente policial contra el concejal Bolatti. Desterrando toda posibilidad de crítica por gran parte de la sociedad que no pudo acceder a la información de lo realmente sucedido.
Por ello, remarcamos, que sin la participación activa en la vida cívica, el involucramiento para denunciar abusos de poder y la presión como forma para generar un pseudo consenso, hacen peligrar las representaciones democráticas. Pues por acción u omisión o de manera simbólica o materializada con hechos como los sufridos por concejales y trabajadoras y trabajadores despedidos por el ejecutivo municipal, son el resultado evidente de que las políticas actuales no son conducentes para contener, extendiendo la brecha entre quienes padecemos este accionar y quienes deben gobernar.
Señores gobernantes, administradores de justicia y comunicadores del cuarto poder en cuestión, no se crean amos del poder, y dejen de jugar a ser esclavos. Sabemos que ¡violencia es mentir!
DARÍO NÚÑEZ
DNI 28.396.147
TÉCNICO COORDINADOR DE RELACIONES INTERINSTITUCIONALES EN EL CENTRO DE FORMACIÓN LABORAL Nº 41
RESISTENCIA
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