Patear el hormiguero
Las zonceras consisten en principios introducidos en nuestra formación, con apariencia de axiomas, "para impedirnos pensar las cosas del país por la simple aplicación del buen sentido", decía Antonio Jauretche.
Resulta difícil hablar de integración cuando no hay convencimiento de los actores de la política del interior del país de que es necesario romper ese axioma, respecto de que las decisiones, caprichos y resoluciones se toman en Buenos Aires.

"La historia ya se escribió así", me dijo un legislador nacional cuando le hablé sobre estas cuestiones de la inexistencia real de un federalismo declamado en discursos, pero no en los hechos.
Grueso error. No sirve morirse potro sin galopar, y menos cuando se está en una función de representar al pueblo, que no gobierna ni delibera si no es por medio de sus representantes.
Lo que está sucediendo en el país con la economía, con el autoaumento de los señores senadores que en segundos pasaron a ser la noticia mundial de la vergüenza, y hasta con el precio de la vacuna contra la aftosa, las pérdidas que deja el clima y la incertidumbre en general, dan cuenta de que, sin dudarlo y sin darnos cuenta, hemos pateado el hormiguero.
Ahora habrá que aguantarse y unir filas a favor del que produce, del que trabaja, del que invierte en este país donde la casta política se ríe de los aportantes de los recursos a través de sus impuestos. El "no hay plata" es para los que producen y trabajan. La casta no escuchó esta advertencia.
¿DE QUÉ HABLAMOS?
Hablamos de la diferencia enorme que tienen las provincias del centro del país con respecto a las del interior, y en particular las del norte. Pareciera ser que quienes vivimos en el norte del país tenemos el karma de sufrirlo todo, soportarlo todo, pagarlo todo el doble, y con un enorme potencial de la catarsis sin fin, puertas adentro.
Las provincias del norte tienen la capacidad de crecer y desarrollarse productivamente, pero necesitan condiciones impositivas que así se lo permitan, y algunas compensaciones.
El cobro de retenciones por exportación a los productores del norte argentino, sobre todo en la soja, es una fatalidad que pocos observan. La soja que se siembra y se cosecha no se exporta, va a la industria nacional, que sí exporta harina de soja, siendo uno de los principales exportadores la Argentina. Pero aparte, la lejanía de los puertos, porque todo se manda en camiones, salvo los grandes acopios que usan el ferrocarril, le hace caer la rentabilidad al productor. Allí tendría que haber una mirada desde la Nación también. Encima, se espera una gran reducción de los rindes por sequía y, en el caso del maíz, el efecto de la chicharrita ha sido devastador en algunas zonas.
En Buenos Aires, en tanto, ni cuenta se dieron cuando aquí decíamos que había una vieja plaga llamada chicharrita del maíz que estaba provocando daños. Recién cuando les tocó que se vean afectados los lotes del centro del país, allí pusieron el grito en el cielo.
PERO ESO ES SOLO UNA PARTE
No vamos a ceder en la idea de insistir con los temas que deben ponerse en agenda regional, porque como decía don Vladislav Romachevsky cuando era presidente de UCAL, que "al Chaco no lo tienen en cuenta ni para el pronóstico del tiempo".
Entonces, si para el poder central nuestros votitos en las elecciones no mueven la aguja, tendremos que armar una agenda productiva y de desarrollo propia, so pena de que esto pueda traer algunas sorpresas, como que algún gobernador no quiera reclamar lo justo y equitativo por temor a alguna represalia de parte de un Javier Milei que no tuvo problemas en decir que los que fugaron dólares son héroes, bajo excusa de haber evitado ser víctimas del propio Estado.
ALGODÓN, MIEL, CARBÓN, PACÚ Y GRANOS
Es necesario que primero el norte argentino establezca alianzas estratégicas y salga a hacer propuestas al gobierno nacional, siempre en función de lo que el impulsivo presidente venía diciendo ya en la campaña política.
En este tren, es necesario hablar de potenciar lo que el Chaco es capaz de hacer y producir: algodón, miel, carbón, arroz y pacú, y cada vez más carnes y granos. Pero además tampoco quiere ser un mero productor, sino una provincia que intenta darle valor en origen a su materia prima para que no se vaya en bruto todo ese esfuerzo.
UNA FOTO QUE NO ES NUESTRA
Nadie duda de la necesaria integración, pero es necesario que sea con base en una realidad palpable, cuando estamos camino a la firma del Pacto del 25 de Mayo en Córdoba, el que desde hace tiempo venimos advirtiendo que es una posibilidad para las provincias que tengan en mano una propuesta con argumentos, y pueda ser colocada en la agenda. Lo contrario será una mala experiencia, sin olvidarnos de que durante la presidencia de Carlos Saúl Menem el Chaco optó por más plata de coparticipación (que es más gasto político), antes que por medidas de promoción industrial.
Precisamente en su libro "Los profetas del odio", Jauretche decía que los que se oponen al desarrollo federal son los que se fascinan con la cultura europea y que pretenden aplicarla, así como viene, sin criticar ni analizar nada, a la situación argentina, "sin ser conscientes de las diferencias históricas y de las distintas posiciones que en la articulación internacional de la economía los continentes ocupan".
No les soltemos la mano a los productores chacareros
Aún no estamos pudiendo evaluar la magnitud del daño que dejó la ola de calor ni la sequía, ni el ataque de la chicharrita en el maíz en el Chaco. Hay una situación que es complicada y que en los próximos meses se empezará a sentir.
En medio de ello, los más perjudicados son los medianos productores (los pequeños ya están en situación de emergencia y desastre porque directamente quedan marginados luego de muchos años de serias complicaciones).
Sabemos que no hay fondos ni recursos para subsidios, pero es necesario, absolutamente, que todo el arco político e institucional lleve a Buenos Aires, al escritorio del ingeniero Fernando Vilellas como secretario de Bioeconomía de la Nación, este cuadro de situación.
Los chacareros están en la cornisa. No tienen espaldas para seguir y el tentador con dinero salió a los campos a querer comprar chacras y campos, y otra vez estamos en peligro de quedarnos sin los pocos productores que aún resisten en el campo, cuyos hijos van a las escuelas rurales.
El campo, este segmento de chacareros, necesita ayuda. Y necesita que se los ponga en valor para seguir produciendo, pero no son sujetos de crédito, no cumplen muchos de ellos con los requisitos necesarios. Han sido muchos años de desatención y de autodarse cuenta de que los tiempos han cambiado y es necesario buscar alternativas de producción.
Sin dudas que es rol del INTA, así como de los programas (algunos que han sido eliminados innecesariamente, cuando tendrían que haber separado la paja del trigo) de entes oficiales, coordinar las tareas con los municipios, la provincia y las entidades del sector.
Demos vuelta de página. Sin pequeños y medianos productores el campo no tendrá vida propia, y las ciudades y pueblos tendrán mayor demanda de servicios. Y más recursos del Estado. Señores legisladores nacionales, señores referentes del campo, es la hora de unir criterios y defender al chacarero, pelear por herramientas para que puedan seguir trabajando la tierra, con algunas medidas -desde los requisitos- para acceder a créditos que les permitan empezar de nuevo, y ofreciendo mayor disponibilidad para los que honren devolviendo esa asistencia, ya que no hay subsidios.










