Resistencia31°Min. 21° • Max. 31°

Pero sigue ahí

En 2019 llegó a las pantallas "Chernobyl", una miniserie coproducida entre el canal británico Sky y el estadounidense HBO, que relata de manera magistral todo lo que ocasionó el desastre nuclear de abril de 1986, la increíble trama de manipulaciones y ocultamientos instalada de inmediato en torno al episodio y el pavoroso drama humano provocado.

El relato se centra en las vivencias de Valery Legasov, el científico a quien el gobierno de Mikhail Gorbachov encomienda sofocar el incendio de la planta colapsada y mitigar los daños, y de Boris Shcherbina, el hombre que Gorbachov elige para asistir -pero también vigilar- a Legasov.


Ilustracion-de-columna.jpg

El contexto es la situación en la entonces Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, a la que le quedaban pocos años de subsistencia como tal, ya que acabaría desmembrada en los ’90, tras la caída del Muro de Berlín. Un Estado omnipresente, enfrascado en controlar cada aspecto de la sociedad, tan paquidérmico como policíaco.

Lo que Legasov va descubriendo es una cadena de irresponsabilidades, desapegos a los protocolos y decisiones erróneas, todo como parte de una burocracia que acabó volviéndose letal. Por supuesto que esas conclusiones irritan al poder. Todo lo que Legasov va informando ofende al orgullo del sistema socialista que lleva siete décadas en el poder y al que Gorbachov intenta aggiornar.

En la dramatización que la miniserie hace del juicio a los responsables de las operaciones técnicas que desembocaron en el estallido del 26 de abril del ’86, Legasov (interpretado por un brillante Jared Harris), seguro de su propia muerte a plazo por la contaminación radiactiva, horrorizado por los cuerpos atormentados de los operarios y bomberos de Chernobyl, asqueado ante el manejo oficial de la crisis, admite que poco antes había mentido en un foro llevado a cabo en Viena, donde había intentado atenuar la preocupación internacional por las consecuencias que el desastre iba a tener en cientos de miles de personas de diferentes naciones. Se excusa diciendo que lo hizo presionado por las autoridades de la URSS y su temible servicio de inteligencia, la KGB.

-Cuando la verdad ofende, mentimos hasta que no recordamos la verdad. Pero sigue ahí. Cada mentira que contamos es una deuda con la verdad - dice.

Desde el tribunal, alguien le advierte que, si está sugiriendo que el gobierno es responsable de ocultar la realidad de los hechos, está "entrando en un terreno peligroso". Legasov no se amilana. Para él, de alguna manera, ya todo está perdido:

-Ya he estado en terreno peligroso. Es donde estamos ahora, por nuestros secretos y mentiras, que son prácticamente lo que nos define.

LO DEL SENADO

La Argentina, quizá, también llegó a un punto en el que las mentiras nos definen. El reciente episodio en el Senado, donde los legisladores se votaron para sí mismos un incremento bochornoso en sus remuneraciones, recrea esa triste circunstancia. Y lo escandaloso ni siquiera son los nuevos importes de sus dietas (que, aunque no sea popular decirlo, no son descabellados frente a la jerarquía de los cargos), sino la actitud miserable de definirlo con una treta de descuidistas, sin animarse a hacerlo de una manera transparente y auténticamente pública. En vez de eso, un tratamiento veloz y amañado, del que finalmente fueron responsables los que votaron la resolución y los que no lo hicieron, porque todos conocían desde antes el plan y ninguno de quienes después se declararon en desacuerdo alzó la voz contra aquello que luego, cuando la jugarreta perdió su carácter secreto, resultó que los escandalizaba tanto. Un verdadero papelón.

Más allá de toda la indignación por lo sucedido, lo que a veces impacta (a veces, cuando nos ponemos a pensarlo) es la naturalidad con la que representantes y representados vivimos, finalmente, estos juegos de secretos y mentiras. El episodio, al respecto, es un generoso caso testigo. Mintieron los senadores que apoyaron el aumento, mintieron los que dijeron oponerse pero aportaron al silencio de la maniobra, miente el presidente al decir que su bloque no fue parte, miente la vice al presentarse como una señora que veía todo desde la ventana pero no podía hacer nada.

MATERIA PRIMA

La mentira es, para todos nosotros, una materia prima con la que se hacen los días. Aprendimos que todo tiene su letra chica, y que esos textos apenas visibles son los que definen todo, un todo que no tiene nada que ver -sino más bien se contradice- con lo que se suponía que nos garantizaban las cláusulas centrales. Es un lado B que está omnipresente: en las ofertas comerciales, en las condiciones de los servicios bancarios, en las prestaciones de la obra social, en el seguro del auto, en las garantías de los electrodomésticos, en las contrataciones turísticas, en lo que nos terminan cobrando las telefónicas, en la verdad que prometemos brindar los periodistas y los medios. Todo es tan cierto como el "en dos semanas te lo tengo" del chapista.

EL POBRE BETO

Las cosas comienzan desde temprano. En "Las venganzas de Beto Sánchez", una comedia negra del cine argentino, Pepe Soriano interpreta a un hombre que perdió el empleo y, sin recursos, ve morir a su padre en un hospital. Para él eso es tocar fondo. Y decide, entonces, tomarse revancha de todos aquellos que siente que le arruinaron la vida.

Empieza por una de sus maestras de primaria, personaje a cargo de la gran China Zorrilla. Va armado, dispuesto a todo. La encuentra en el colegio, avejentada, aun dando clases. Ella, sin adivinar las intenciones, lo invita a hablar ante sus chicos en el aula. Contra lo que esperaba la docente, Beto se queja amargamente de su paso por el colegio.

Para empezar, desmiente a la maestra, que lo había presentado (sin recordarlo realmente) como un exalumno ejemplar. "Mentira, todavía me acuerdo de los reglazos que me pegaba en la mano", interrumpe él. Ella, tratando de enderezar las cosas, decide dejar a un lado el pasado y le pide a él que relate "qué logró ser en la vida". Beto, desolado, dice la verdad. "No llegué a nada, chicos. Yo lo único que sé es que tengo 43 años y que mi padre murió en un hospital, y (dirigiéndose a la mujer) ¡usted tiene la culpa! Me llenó de mentiras. Las cosas no son como las cuentan acá, chicos, la vida es muy diferente. Todo lo que me enseñaron acá no me sirvió de nada. Me enseñaron que cualquiera triunfa en la vida, que hay que ser bueno y decente. ¡Una basura me enseñaron!"

La película tiene 51 años de haber sido estrenada.

SENDEROS QUE SE BIFURCAN

Seguramente en todas partes la realidad se aparta de la vida de la que hablan los maestros. Pero aquí la distancia entre una y otra es abismal. La honestidad se convirtió en sinónimo de estupidez. El ventajero, el que gana la carrera haciendo trampa, es el verdadero exitoso. Que Dios bendiga a quienes se rebelan a eso y buscan demostrar que otro país es posible. Que los bendiga y que los proteja, porque la honestidad, llevada al extremo, puede generar enemistades letales.

En "Chernobyl", luego de sus revelaciones descarnadas, Legasov es encarado, en una habitación solitaria, por el jefe de la KGB. "No se confunda, usted no es valiente", le dice. Luego, le notifica que nada de lo que denunció servirá para algo. El juicio no fue transmitido en vivo, nadie se atreverá a repetir lo que él contó, se ordenará que universidades y centros de investigación lo conviertan en un paria. "¿Por qué preocuparse por algo que nunca sucedió?", festeja. Y antes de irse, le agrega: "Cuando usted muera, costará recordar si alguna vez existió".

Mentimos hasta que no recordamos la verdad, pero sigue ahí.

Te puede interesar