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CARTAS DE LECTORES

El holocausto del hambre

Señor director de NORTE: 

"Yo soy el hambre… Soy la negación de la necesidad básica del hombre, del primer derecho del niño, del alimento necesario para mantener la vida en el cuerpo que nació.

Yo soy el hambre… y tengo muchos servidores: la langosta que invade las praderas ardientes; la peste de las plantas en crecimiento; el terrateniente codicioso que exige para sí los dos tercios de la cosecha; el prestamista voraz que multiplica su dinero; el especulador del mercado que paga a bajos precios las cosechas.

Yo soy el hambre… Me apodero de los cuerpos de mujeres, hombres y niños y los retuerzo y los torturo, y los corrompo hasta que resulte una burla el decir que alguna vez fueron hechos a la Imagen y Semejanza de Dios.

Yo soy el hambre… y arrebato a mis víctimas las fuerzas que necesitan para ayudarse a sí mismos; la voluntad de producir los alimentos que requieren; la voluntad de construirse un techo; la voluntad de gobernarse por el bien común; les arrebato, incluso, el simple deseo de caminar por la buena tierra con vigor y alegría".                           

(Autor:  Dr. Trueman; secretario general de la "Campaña Mundial contra el hambre en Canadá").

En junio de 1981, se reunieron 52 premios Nobel y publicaron un manifiesto denunciando un nuevo tipo de genocidio: El Holocausto del Hambre. Declararon los 52 premios Nobel: "Un holocausto sin antecedentes, cuyo horror abarca en un único año todo el espanto de las matanzas que nuestras generaciones han conocido en la primera mitad de éste siglo, está actualmente en proceso de realización y desborda cada día más, a cada instante que pasa, el perímetro de la barbarie y de la muerte no solamente en el mundo sino también en nuestras conciencias".

Dicen los autores del manifiesto que todos aquellos que constatan anuncian y combaten éste holocausto del hambre son unánimes en definir a los profesionales de la política como la causa principal de ésta tragedia. 

En el mundo hay hambre, en la Argentina hay hambre, por día mueren en el mundo más de 500.000 personas por causa del hambre y miles de niños padecen enfermedades y lesiones irreversibles por causa del hambre y no es porque no haya recursos, sino por las malas administraciones, por la corrupción política y por la perversidad de los dueños de las corporaciones económicas internacionales. Por el egoísmo humano.

 El almanaque mundial del año 2002 traía la siguiente información: decía que actualmente (2002) en el mundo hay 6.045.704.000 habitantes; que en el año 2010 habrá 6.917.775.000 habitantes; y en el año 2025 habrá como mínimo 8.378.500.000 habitantes. 

Es decir que la población mundial sigue creciendo y continentes como África, América Central, Caribe y América del Sur, que son los de mayor crecimiento poblacional, caen año a año en su producción y crecen en el endeudamiento externo, coartando toda posibilidad de respuestas al problema del hambre.

 En treinta a cuarenta años se agotarán las reservas conocidas de petróleo y los países centrales acapararan el petróleo mientras buscan nuevas fuentes de energía. 

Habrá graves problemas por el agua potable, por el crecimiento de la población y habrá gravísimos problemas por la falta de alimentos en todo el planeta.

 En diez o veinticinco años al paso que vamos (marcha atrás), la Pampa Húmeda y la Patagonia Argentina serán las reservas más codiciadas del mundo por el espacio geográfico y la capacidad de producir alimentos.

 Si hoy no tomamos decisiones acertadas administrando lo que tenemos, otros en el futuro tomarán decisiones por la fuerza, como ya lo hemos visto a principios de nuestra independencia, que Chile pretendía la Patagonia, los ingleses ocuparon Malvinas y muchos piratas y corsarios pretendieron adueñarse de zonas de nuestro sur argentino.

"Cuando me entero de que si todos los hambrientos y desventurados pudieran desfilar alrededor del mundo, su cortejo daría veinte veces la vuelta a la Tierra y no me espanto y hago algo, entonces Caín soy yo".  (Raoul Follereau). 

Dijo Juan XXIII: "Todos nosotros somos solidariamente responsables de las poblaciones subalimentadas". Y Juan XXIII llamó "Pecado de omisión" a la falta de definiciones claras y comprometidas, un testimonio personal que haga del propio vivir un "hacer" y no solo 

anunciar" la solidaridad evangélica. "Hay que realizar el evangelio, la buena noticia, además de anunciarlo".

Dijo Juan Pablo II, en Roma en 1979 ante los delegados de 149 países en una reunión de la FAO (Organización Internacional de Lucha contra el Hambre): "Hay necesidad de soluciones globales, la lucha contra el hambre no se puede librar ya con sentimientos solamente, o estallidos de indignación esporádicos e inefectivos". Pasaron veintiséis años y nada ha cambiado.

En América Latina doscientos millones de personas viven en estado de indigencia, y millones son niños, y todos los días deben sobrevivir en los límites de la resistencia física y psíquica. ¿Y nosotros qué hacemos?

"El porvenir está en las manos de aquellos que sepan dar a las generaciones del mañana razones para vivir y esperar". (Concilio Vaticano II).   

JORGE ANTONIO GAIT

RESISTENCIA

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