Cuentos del tío en modo virtual
Contar una historia creíble para estafar y quedarse con el dinero de las víctimas del engaño. Durante muchos años esa fue la maniobra que llevaron a la práctica inescrupulosos que recorrían las calles y visitaban domicilios para engañar a la gente. Hoy en día, en estos tiempos vertiginosos de internet, con aplicaciones y teléfonos inteligentes, siguen existiendo estas estafas, aunque son un poco más sofisticadas. 
"Tengo un tío que vive en España y me dejó una importante herencia. Debo viajar a Madrid para completar la documentación, pero no tengo el dinero para los pasajes". Así, palabras más palabras menos, comenzaba el relato de algunos estafadores de principios del siglo pasado que, en las ciudades más densamente pobladas, buscaban a los más incautos para pedirles plata adelantada para el supuesto viaje, a cambio de (en un futuro que nunca llegaría) recompensar con generosidad la ayuda. Si bien en la actualidad casi nadie tomaría seriamente una propuesta de ese tipo, el "cuento del tío" sigue vigente, aunque bajo otras modalidades. Es el caso, por ejemplo, de las llamadas que reciben en sus celulares personas a las que un desconocido les dice que pertenece a una cadena de supermercados o a una empresa emisora de tarjetas de crédito y que se comunica para informar que ha ganado un importante premio. Si la víctima continúa el diálogo con el estafador, el paso siguiente consiste en pedirle que descargue en su celular una aplicación, llamada TeamViewer.
Luego, solicita que envíen un código de activación para supuestamente validar la entrega del premio. Lo que ocurre en realidad es que, si accede a ese pedido y descarga la aplicación lo que hace es facilitar el acceso remoto al celular, ya que la mencionada aplicación sirve exactamente para eso. Y una vez que acceden al teléfono móvil de la víctima pueden ingresar a la lista de contactos, billeteras virtuales, fotos y archivos que hay en el dispositivo.
Las transformaciones tecnológicas de los últimos años fueron tan vertiginosas que la gran mayoría de las personas no tuvo tiempo suficiente para adaptarse a las nuevas operaciones que hoy se realizan en forma cotidiana desde una computadora o un teléfono celular. Las billeteras virtuales, por ejemplo, suman miles de usuarios todos los días por la simple razón de que se puede hacer todo, o casi todo, desde el celular, sin tener que ir al banco y sin tener que hacer filas. Y en ese vertiginoso proceso, aparecen los amigos de lo ajeno. Y ahora que existe la posibilidad de engañar mediante fraudes electrónicos, estafas digitales, phishing, aplicaciones maliciosas y varios trucos más, se puede decir que el "trabajo" de los estafadores se ha diversificado. En algunos casos envían mensajes de correo electrónico o mensajes de texto que simulan ser de un banco o empresa conocida y solicitan información personal o financiera de las víctimas. Esta modalidad, conocida como phishing, es una de las más utilizadas por los delincuentes. En este caso es fundamental no hacer clic en enlaces ni abrir archivos adjuntos en mensajes de dudosa procedencia. No hay que actuar apurados. Siempre se debe verificar la autenticidad del remitente.
Otra de las trampas son los sitios web falsos que parecen ser de empresas legítimas para obtener información personal o financiera de la víctima. Para evitar caer en este tipo de estafas, es importante navegar solo por sitios web confiables y verificar la autenticidad del sitio web antes de ingresar información con datos sensibles, ya sea personales o financieros. Otra modalidad es la de los programas maliciosos para computadoras (también conocidos como malware) que los estafadores intentan instalar en el dispositivo que utiliza la víctima para acceder a datos valiosos que pueda tener almacenados allí (contraseñas, información financiera). Para no caer en esta trampa es importante no hacer clic en enlaces ni abrir archivos adjuntos en mensajes inesperados y mantener actualizado el sistema operativo y el antivirus en la computadora. Los delincuentes también crean perfiles falsos en redes sociales que envían mensajes directos, mensajes de texto o de WhatsApp y otras aplicaciones de mensajería, además de correos electrónicos engañosos para obtener datos personales y bancarios.
En conclusión, nunca se debe actuar con apuro. Si se sospecha de algo, entonces lo mejor es dejar todo sin efecto. Hay que pensar antes de actuar, ya que los delincuentes apelan a las emociones y los descuidos, o inventan falsas urgencias para que la víctima facilite sus datos.
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