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La autonomía de las mujeres

Factores relacionados con la economía, la sociedad y la política se entrecruzan para dar como resultado un mayor o menor grado de autonomía de las mujeres, tanto en lo formal como en lo real. Así lo advierte un documento elaborado por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe que destaca la necesidad de que las mujeres puedan planificar el uso del tiempo y tengan acceso a oportunidades económicas sin que se vulneren otros derechos.

Se trata del informe "Las desigualdades de género desde una perspectiva territorial en la Argentina" publicado por el mencionado organismo que depende de la Organización de las Naciones Unidas. En esa obra se explica, entre otras cosas, que la autonomía económica se refiere a la posibilidad de controlar activos y recursos y de generar ingresos propios. La autonomía económica, agrega el documento, se fortalece en la medida en que las mujeres puedan gozar del derecho a vivir una vida libre de violencia. La autonomía política, en tanto, implica una representación paritaria en los espacios de representación, toma de decisiones y puestos jerárquicos, en el sector público, privado y sindical.

En los últimos años, tanto en nuestro país como en resto de América Latina, la agenda de derechos de las mujeres incorporó diversos temas al debate público. Los problemas relacionados al trabajo doméstico y a las tareas de cuidado son algunos de ellos. Labores que demandan tiempo y dedicación permanente, como la limpieza en el hogar, la alimentación de la familia o el cuidado de los niños y de las personas adultas mayores que viven bajo un mismo techo, en la gran mayoría de los casos quedan en manos de mujeres. Y por lo general, ninguna de estas actividades es reconocida socialmente y, menos aún, remuneradas. En el mejor de los casos, cuando existe una retribución monetaria, lo que percibe la trabajadora contribuye muy poco a su autonomía económica y desarrollo personal. No es casual que un alto porcentaje de las mujeres de nuestro país (algunos estudios estiman que ese porcentaje llega casi al 90%) llegue a la edad jubilatoria sin los 30 años de aportes necesarios para acceder a una jubilación. ¿A qué se debe esa situación? Si se observa con detenimiento el funcionamiento de la sociedad se podrá apreciar que las tareas relacionadas con la limpieza, la cocina, el cuidado de hijos e hijas o personas mayores o con discapacidad son actividades que, en la gran mayoría de los hogares, recaen sobre mujeres. Se trata de trabajos muchas veces invisibilizados, es decir, que no son considerados como tales. Y cuando sí se los reconoce, las labores se llevan a cabo en un contexto de alta informalidad y remuneraciones que no alcanzan para cubrir las necesidades más básicas. Como resultado de ello, se tiene un alto número de trabajadoras con muy pocos aportes al sistema previsional. Y en el actual contexto de ajuste de cinturones en los hogares, lo más probable es que el escenario sea aún más desalentador.

Y para reflexionar sobre la autonomía de las mujeres, se recomienda la lectura del libro "¿Quién le hacía la cena a Adam Smith? Una historia de las mujeres y la economía", de la periodista sueca, especializada en política financiera internacional, Katrine Marçal. En esa obra, la autora plantea que en todo el mundo existe una marcada tendencia a ignorar el trabajo no remunerado de las mujeres en los hogares. Y recuerda que el fenómeno no es nuevo, sino que viene desde tiempos inmemoriales. En ese sentido, cita como ejemplo la vida personal de Adam Smith, quien es considerado el padre de la economía moderna. Es que, para el economista y filósofo de la Ilustración escocesa, el ánimo de lucro es la rueda que mueve al mundo. Por eso afirmó que una persona puede cenar cada noche no por la bondad del que vende los alimentos, sino porque la intención de éste es obtener una utilidad o beneficio. Sin embargo, advierte Marçal, Adam Smith no tuvo en cuenta que existen fuerzas que intervienen en la economía que no necesariamente se guían por el interés propio. Y un ejemplo de ello es el trabajo de su madre, que le preparaba la comida diaria sin recibir ni un centavo por esa tarea; es decir, no lo hacía por egoísmo, sino por amor.

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