Los frutos de la ciencia
Cada época tiene sus modas. Sembrar dudas o mofarse del valioso trabajo de científicos argentinos que se desempeñan en áreas relacionadas con la investigación básica parece ser una de ellas en estos tiempos de fuerte ajuste del gasto público. Si bien es cierto que la investigación aplicada puede ofrecer en el corto plazo una rentabilidad que atrae y justifica inversiones, la experiencia demuestra que la utilidad de la ciencia va mucho más allá de lo que en cada momento de la historia demandan los mercados.
El caso que inspira esta columna es la de un equipo conformado por investigadores del Conicet y de la Universidad Nacional de La Plata que se abocó al estudio de la doble capa de piel que distingue a un extraño tipo de armadillo conocido con el nombre de Pichiciego menor, que habita en el centro de nuestro país. Se trata de un animalito que desarrolló una característica (la doble capa de piel) que no se conoce en ningún otro mamífero que habita el planeta. Todo indica que una serie de rasgos particulares (una doble capa de piel y la flexibilidad de casi todo su caparazón, además de otras capacidades biomecánicas) le sirvió al animalito para adaptarse mejor a su entorno. Según explicó el Conicet a través de un comunicado, el estudio en cuestión ofrece información útil para la conservación de este mamífero endémico de Argentina que cumple un papel relevante en el equilibrio de los ecosistemas que habita. El trabajo mencionado fue publicado en Journal of Zoology, una de las revistas científicas más antiguas y prestigiosas del mundo que se caracteriza por dar a conocer solo aquellos artículos de investigación que son de alta calidad.
Lo sorprendente es que aquí, en nuestro país, algunas personas se burlaron de esa investigación y del equipo que la llevó adelante, con la excusa de que a nadie podía interesar un trabajo sobre la piel de un armadillo. El argumento es bastante infantil, por cierto. Con ese criterio tampoco se tendría que haber dado crédito a otras investigaciones como, por ejemplo, el estudio de las relaciones sociales entre deportistas, que llevó a cabo entre los años 1970 y 1972 el sociólogo Wayne W. Zachary mientras estudiaba la estructura social de un club de karate en una universidad estadounidense, lo que dio lugar al nacimiento a la ciencia de redes que, a su vez, puso la lupa sobre fenómenos como la dinámica de grupo, la identificación de comunidades y subgrupos, la centralidad y la importancia de los nodos, entre otras variables que hoy emplean gigantes tecnológicos como Facebook (y también otras redes sociales), con algoritmos que reconocen esos patrones y que sirvieron para que esa compañía facture anualmente cerca de 110.000 millones de dólares.
La investigación básica tiene como objetivo principal generar conocimiento que contribuya a comprender y describir fenómenos. Mofarse en público de científicos argentinos que trabajan en líneas de investigación que no generan dinero en lo inmediato, dando a entender que son empleados deshonestos del Estado, revela una gran ignorancia en quienes adoptan esa postura.
Hace 30 años, el investigador cordobés, Gabriel Rabinovich, comenzó a trabajar en una investigación que derivó en el descubrimiento de la Galectina 1, una proteína que puede servir para combatir distintos tipos de cáncer y otras enfermedades autoinmunes. Si se analizaba ese trabajo desde una perspectiva estrictamente utilitaria, entonces, como bien señala el propio Rabinovich "los miles de experimentos, las hipótesis comprobadas una y otra vez que nos hicieron estar un paso más cerca de convertir las ideas en tratamientos y que fueron financiados por el Estado argentino y organizaciones sin fines de lucro, hubieran sido tomadas como pérdidas de tiempo".
Es lamentable que se quiera instalar un discurso contra la ciencia básica como si fuera una pérdida de tiempo y de recursos. Los frutos de las investigaciones científicas no siempre son inmediatos. En el caso del descubrimiento del científico de Córdoba, su trabajo permitió que actualmente 60 laboratorios de diferentes países realicen investigaciones a partir de su hallazgo. El propio Rabinovich reconoce que cuando detectó la Galectina 1, nadie sabía para qué servía. Pero su empeño ayudó a describir un nuevo mecanismo que permite a los tumores evadir el ataque del sistema inmune.
Tal vez sea necesario recordar lo que dijo Bernardo Houssey: "Los países ricos lo son porque dedican dinero al desarrollo científico tecnológico. Y los países pobres lo seguirán siendo si no lo hacen. La ciencia no es cara. Cara es la ignorancia".










