Aumentan los casos de cáncer colorrectal en personas menores de 50 años
Hay factores de riesgo que influyen pero que no son determinantes. Por eso, los controles preventivos son fundamentales.
En todo el mundo, aumentan las tasas de cáncer colorrectal entre las personas menores de 50 años. El doctor Jeremy Jones, oncólogo de Mayo Clinic en Jacksonville (Florida, Estados Unidos), describe los factores de riesgo que deben evitarse y las señales de advertencia que hay que tomar con seriedad a toda edad.

FACTORES DE RIESGO
Varias decisiones personales aumentan el riesgo de padecer cáncer de colon o del recto, como es beber mucho alcohol, consumir una alimentación alta en grasa y baja en fibra o no hacer ejercicio, dice el doctor Jones.
Hay que dejar en claro que, de todos modos, tomar medidas para evitar el cáncer colorrectal no significa dejar completamente de comer carne, cuando es algo que uno disfruta. Al respecto, el médico añade lo siguiente: "Mucho de todo esto depende de la moderación, ya que es muy importante moderarse para prevenir un cáncer de colon", marca el especialista.
Existen también otros factores de riesgo que están más allá del control de una persona, puesto que hay afecciones genéticas (enfermedades heredadas), como el síndrome de Lynch y la poliposis adenomatosa familiar, que pueden llevar a que los miembros de una familia tengan cáncer colorrectal en la juventud.
"Por suerte, son relativamente infrecuentes; pero cuando están presentes, elevan el riesgo para cáncer de colon", señala Jones.
SIGNOS DE ALERTA
Los expertos remarcan que este tipo de cáncer siempre acecha y que someterse con regularidad a las pruebas y análisis de detención para cáncer colorrectal ayuda a evitarlo, puesto que permite identificar pólipos y extraerlos antes de que se conviertan en cáncer.
Aunque las pautas de detección varían en el mundo, de manera general, la Organización Panamericana de la Salud recomienda detecciones a partir de los 50 años en las personas que tienen riesgo promedio. Dado el reconocimiento en los Estados Unidos del aumento en el cáncer colorrectal entre la gente joven, las pautas recomiendan detectarlo a partir de los 45 años en las personas con riesgo promedio.
En las personas con alto riesgo, como aquellos que tienen antecedentes familiares de cáncer colorrectal, se recomienda comenzar los estudios preventivos a edad más temprana.
Además, es importante percatarse de las señales de advertencia, entre ellas, molestias abdominales constantes (como gases o dolor), diarrea o estreñimiento constante, pérdida inexplicable de peso, debilidad, fatiga y sangrado rectal o sangre en las heces.
ERROR QUE PUEDE SER FATAL
Jones apunta que, por desgracia, en ocasiones se cree erróneamente que el cáncer colorrectal solo se presenta en la gente mayor y eso puede llevar a que los médicos especulen si los síntomas obedecen a otras causas más frecuentes y, por ejemplo, desestimen un sangrado rectal como una consecuencia probable de las hemorroides, sin considerar todas las causas posibles.
"Cuando alguien presenta estos síntomas, pero debido a la costumbre se cree que es muy joven para tener cáncer de colon, ahora se sabe que hay que cambiar esa mentalidad. Desgraciadamente, no se puede decir que no sea cáncer de colon a ninguna edad", advierte el médico.
SU PREVALENCIA
En Argentina, durante el año 2021, se registraron 7.357 defunciones por cáncer colorrectal. La tasa de mortalidad específica aumenta con la edad, tanto para hombres como para mujeres. En varones, se observó una tendencia ascendente hasta 2006, luego disminuyó y en los últimos cinco años, hubo un descenso significativo. En mujeres, la tendencia fue descendente constante. A nivel mundial, el cáncer colorrectal representa aproximadamente el 10% de todos los casos de cáncer y es la segunda causa de muerte relacionada con esta enfermedad.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) proyecta que la carga del cáncer colorrectal aumentará a 3,2 millones de casos nuevos por año y 1,6 millones de muertes hacia 2040.
Síntomas que nos deben poner en alerta para evitar una detección tardía
Los síntomas del cáncer colorrectal pueden variar, pero es importante estar alerta a algunas señales. Una de ellas son los cambios en los hábitos intestinales: esto incluye diarrea persistente o estreñimiento inexplicables, o un cambio en la consistencia de las heces.

También puede haber sangrado rectal o sangre en las heces. Otro síntoma es el dolor persistente en el abdomen, especialmente si es nuevo o diferente, así como sentirse cansado sin razón aparente o nota una pérdida de peso sin que haya un cambio de hábitos alimentarios o actividad física de por medio.
Estos síntomas no determinan la existencia de cáncer, pero ante cualquiera de ellos es conveniente hacer una consulta médica, ya que la detección temprana es importante ante cualquier tipo de tumor.
Los alimentos que nos protegen y aquellos que nos ponen en peligro
La prevención y el manejo del cáncer colorrectal están estrechamente relacionados con la alimentación. Entre los aliados están la fibra de cereales integrales, frutos secos y legumbres. Consumir al menos 30 gramos de fibra al día puede ayudar a reducir el riesgo de cáncer colorrectal. Incluye alimentos como arvejas, lentejas, garbanzos, arroz integral y salvado de arroz.
También ayudan las frutas y verduras sin procesar. Debemos tratar de comer al menos cinco porciones al día.
Por el lado de los alimentos que incrementan los riesgos, conviene reducir el consumo de carne roja y evitar las carnes procesadas, como por ejemplo las hamburguesas. Conviene además evitar el alcohol, porque ha demostrado que aumenta el riesgo de cáncer colorrectal. También es mejor limitar las bebidas azucaradas y reemplazarlas por agua, limonada o jugos naturales.
Después de una cirugía, lo mejor es seguir una dieta "bajo residuo" que minimiza el trabajo del colon y recto. Evitar alimentos como verduras crudas, frutos secos, semillas, productos integrales, legumbres y carnes fritas.
Hay que recordar que cada persona es diferente, y es importante consultar con un profesional médico o un nutricionista registrado para adaptar la alimentación según nuestras necesidades específicas. Además, durante el tratamiento, es fundamental asegurarse de ingerir los nutrientes adecuados y combatir la pérdida de peso no deseada.
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