Fortalecer el rol de las bibliotecas públicas
Las bibliotecas públicas son espacios vitales para la educación, la cultura, la inclusión y la información. Así lo señala la Unesco que, además, recuerda que son agentes esenciales para la paz y el bienestar de los ciudadanos. En tiempos de internet estos espacios públicos enfrentan el desafío de adaptar sus servicios a las demandas de las nuevas generaciones de lectores y de una sociedad donde la información en formato digital crece en forma exponencial.
Hasta hace poco, solo unos pocos afortunados podían acceder en forma directa a obras universales, como por ejemplo la primera edición de la primera parte del Quijote, de 1605, una de las pocas que hay en todo el mundo. Pero desde la semana pasada, cualquiera con acceso a internet puede hacerlo gracias a la decisión de la Real Academia Española de poner a disposición de lectores e investigadores de todo el mundo un fondo documental de más de 4800 obras digitalizadas, repartidas en 5250 volúmenes. Tal como señala la propia Academia, el acceso a través de www.rae.es/biblioteca-digital permitirá acercarse de primera mano a las obras de autores como Cervantes, Lope de Vega, Rosalía de Castro o Rubén Darío. Cabe recordar que la Real Academia Española inició el proceso de digitalización de su biblioteca en 2021.
Volviendo al rol de las bibliotecas públicas hay que decir que pueden desempeñar un rol clave a la hora de convocar a nuevos lectores o investigadores que, por una razón u otra, prefieren acceder en forma guiada a la creciente información disponible en formato digital.
Según la Unesco, la biblioteca pública debe tener una serie de objetivos, entre los que se pueden mencionar la tarea de crear y consolidar el hábito de la lectura en los niños desde los primeros años; prestar apoyo a la autoeducación y la educación formal de todos los niveles; brindar posibilidades para un desarrollo personal creativo; estimular la imaginación y creatividad de niños y jóvenes; sensibilizar respecto del patrimonio cultural y el aprecio de las artes y las innovaciones y logros científicos; facilitar el acceso a la expresión cultural de todas las artes del espectáculo; prestar apoyo a la tradición oral; garantizar a todos los ciudadanos el acceso a la información comunitaria; prestar servicios adecuados de información a empresas, asociaciones y agrupaciones; prestar apoyo a las actividades y programas de alfabetización destinadas a todos los grupos de edad, participar en ellas y, de ser necesario, iniciarlas y fomentar el diálogo intercultural y favorecer la diversidad cultural. Esto último es muy importante en estos tiempos de redes sociales donde predomina la intolerancia y el pensamiento dogmático. Basta leer algunos de los comentarios de los usuarios de esas redes para comprobar la seriedad del problema. El personal de las bibliotecas puede facilitar el acceso a fuentes de información de calidad para, por ejemplo, detectar aquella información que no es veraz ni confiable.
Y hablar de bibliotecas implica hablar también de la lectura. Y se sabe que inculcar el hábito de leer es una tarea que demanda en estos días un esfuerzo mayor, ya que el libro en formato tradicional enfrenta varios competidores que se disputan el tiempo de los más jóvenes. Internet, los videojuegos, las redes sociales, las plataformas de video y las pantallas en general son, en la actualidad, protagonistas centrales en la vida de las personas. Pero esto, no quiere decir que estas nuevas tecnologías sean incompatibles con el hábito de la lectura. De hecho, un recorrido por algunas páginas de Facebook –no muchas, por cierto- permite observar algunos párrafos de obras literarias que transcriben los usuarios y que son toda una invitación a continuar con la lectura de la obra original. También en la red X (antes Twitter) hay usuarios que comentan los contenidos de libros y despiertan el interés de muchos seguidores por las distintas temáticas que abordan.
Por último, es importante señalar que el Manifiesto de la Unesco a favor de las bibliotecas públicas recuerda lo importante que son y seguirán siendo estos espacios públicos para la sociedad, en tanto y en cuanto trabajan para garantizar el ejercicio de los derechos de los ciudadanos, entre ellos, los derechos a acceder a la educación y la cultura.










