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Google le pincha la nube a los que confiaron

Algunos pocos lo decíamos, confiar en "la nube" para guardar nuestros más preciados recuerdos o trabajos importantes es una temeridad.

En realidad lo que se decía en los foros es que "la nube" estaba sujeta a catástrofes como una llamarada solar o pulsos electromagnéticos, como el caso de los artefactos nucleares, y que era más seguro invertir en almacenamiento doméstico que pagar por algo que se atomiza en miles de servidores.


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Google cierra su servicio de hosting en la nube con un aviso de apenas 3 meses. A los grandes clientes, apenas les dió una semana.

Pasaron los años y Google acaba de mostrar que no hizo falta un apocalipsis eléctrico para que se pinche la nube.

Durante mucho tiempo, uno de los servicios de nube ofrecidos de Google era ilimitado, aunque no eran baratos porque apuntaba a los clientes de cuentas corporativas, pero era una opción para la gente (o las empresas) que estaban dispuestas a pagar mucho dinero a cambio de olvidarse de limitaciones.

Ahora se supo que Google lleva casi un año eliminando este plan de forma gradual, lo cual ya es frustrante de por sí. De haber sabido que no tendría continuidad, quizás muchos hubiesen buscado una alternativa para no tener que enfrentarse a un dolor de cabeza tan grande como el de relocalizar sus archivos.

Se pone peor


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Tim Burke el periodista que tiene 250 Terabytes de espacio en Google Cloud y al que no le alcanzaria el tiempo estipulado por la empresa para mudarlos a otra nube.

Pero el problema no es solo el almacenamiento de gran cantidad de datos. Se pone peor. Según Tim Burke, un periodista estadounidense independiente,  él tenía una de estas cuentas para poder alojar su gran cantidad de archivos de vídeo.

En julio de este año, Google le envió el correo en el que le comunicaba que su espacio ocupado superaba el nuevo límite de almacenamiento, pero que tenía un período de gracia de dos meses. Tras ese momento, su cuenta entraría en modo lectura: podría seguir accediendo a sus datos, pero no cargar nuevos archivos hasta que no redujese el espacio usado.

Tres meses parecía razonable, es mucho trabajo seleccionar y esperar que las cosas se muden de un sitio a otro, pero se volvió un problema importante cuando a comienzos de diciembre mes le llegó otro correo de Google: "Tiene siete días para llevarse todos sus archivos antes de que su cuenta sea cancelada y elimine sus archivos sin posibilidad de recuperarlos".

Burke cuenta que tiene casi 250 TB de espacio por el que pagaba todos los meses.  En siete días tiene que encontrar, y comprar, suficientes dispositivos de almacenamiento en los que le quepa todo, pero también tiene que descargar esos 250 TB, lo que posiblemente lleve más de esos siete días; teniendo en cuenta que esto conlleva un proceso manual de ir conectando y desconectando unidades de almacenamiento, e ir arrastrando a ellas los archivos que se van descargando.

La seguridad insegura

Algún avispado observará que Burke debería tener alguna copia de respaldo. Sí, la tiene,  pero están en poder del FBI a raíz de una investigación que tocó áreas sensibles de un gobierno que no es tan amistoso con quien pregunta más allá de lo que quiere responder.

El caso de Burke con el FBI llevándose sus dispositivos es un caso extremo, pero es fácilmente intercambiable para quienes no estamos expuestos a ese tipo de problemas: basta un incendio, un mal golpe o un simple extravío para que nos quedemos sin ellos y tengamos que encomendarnos a las copias que tenemos en la nube…quien las tenga.

Entonces, queda claro que encomendarse únicamente a la nube es una temeridad, y no solo es culpa de los usuarios. El movimiento de Google no parece lógico. ¿Por qué prometer un almacenamiento ilimitado para luego cercenarlo y además dejar en una situación comprometida a quien difícilmente podrá salvar todo?

Es tan lógico que un servicio de almacenamiento en la nube quiera cobrar por su producto como ilógico que una empresa plantease algo así gratuito de forma indefinida para luego dar un dolor de cabeza a millones de usuarios.


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Como Google el servicio de la nube de Amazon tuvo que ser levantado porque no cerraban los números. Al menos le dio un año de aviso a sus usuarios.

Similar también, aunque en este caso es distinto, a lo que lo que ocurrió con Amazon Drive. Claro que en este caso Amazon no cambió de idea sobre la monetización y simplemente decidió abandonar el servicio. Y avisando con año y medio de antelación.

Eso evitó que le lluevan demandas a la empresa de Bezos.

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