Nochebuena y la paz
Entendemos por paz al estado de tranquilidad y serenidad del ánimo humano. Algo sumamente deseado por la mayoría de la gente; pero que salvo excepciones, son pocos los que la obtienen. Las aflicciones diarias, definitivamente, le han ganado a la paz. La paz se ha convertido en un estado de ánimo que escasea cada día más y con razón uno se puede preguntar ¿Cómo puedo conseguir la paz?
Dos tipos de paz
Podríamos afirmar que existen por lo menos dos tipos de paz. La que proviene del ser humano, imperfecta; y la que proviene de Dios, perfecta. Analicemos la segunda opción.
Para ello, como siempre, apelamos al texto bíblico recordando el siguiente hecho: tratando Jesús de calmar el ánimo de sus seguidores por lo que sería su temprana ausencia física, después de su muerte y resurrección y antes de su partida al cielo, les dijo: "La paz les dejo, mi paz les doy; yo no la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo". Analizando esta frase del maestro, podemos aprender que la ausencia de paz produce turbación y miedo; y al contrario, confiar en su palabra, asegura obtener descanso y paz.
Pero debido a la escasa o nula lectura de la Biblia por parte de la sociedad, la mayoría de la gente no conoce la palabra de Jesús y muchos de los que la conocen no creen en ella. Ambas cosas, el desconocimiento y la incredulidad, impiden recibir los beneficios de la paz que proviene del cielo.
Vecinos incrédulos
Cuenta el texto bíblico que, cuando los vecinos de Jesús comenzaron a escuchar acerca de los milagros que éste hacía en los alrededores, aparecieron los primeros prejuicios. Ellos dijeron "¿No es éste el hijo de José?", como diciendo, si es el hijo de José, no puede hacer las cosas que la gente dice que hace. Por causa de ese mismo prejuicio nació aquella aseveración que dice: "Nadie es profeta en su propia tierra". El ser humano en general es así. Desacredita a los cercanos, pero fácilmente cae en manos de cuantos desconocidos anden dando vuelta a su alrededor portando mensajes falsos. La incredulidad produce el desconocimiento del poder de Jesús.
Nochebuena
Pero volviendo al terreno de la paz verdadera y perfecta, tal vez lo más parecido a ello sea la Nochebuena. Una noche muy especial. Es un espacio de tiempo aparte del resto del año. Momento en que aún las guerras paran por algunas horas, como ocurrió en diciembre de 1914, cuando la primera guerra mundial tuvo una pausa y los soldados confraternizaron a causa de la Navidad. Es la noche en la cual los recuerdos afloran y las ausencias de familiares y de amigos en la mesa navideña desnudan nuestros sentimientos; y en ocasiones, es casi imposible evitar las lágrimas.
Eso es, o debiera ser Nochebuena: una pausa, un momento ideal para la reflexión personal. Un momento en el que deberíamos comprometernos a colocar nuestros intereses en segundo lugar y tratar de conciliar nuestras diferencias con quienes no piensan igual que nosotros.
Una noche especial que genera el clima propicio para iniciar un nuevo camino, en el cual deberían valer más los intereses de nuestro prójimo que los propios.
Quiera Dios que en esta Nochebuena sea el comienzo de una nueva manera de pensar y de actuar.
Por todo eso sugerimos: si usted quiere encontrarse con la paz de Dios, permita que Jesucristo gobierne su corazón, no solo esta noche sino el resto del año.
Es nuestro deseo que, más allá de la forma en que pensemos, juntos podamos iniciar un camino nuevo, lleno de nuevas esperanzas.
Para usted, querido lector, con todo nuestro afecto: ¡Feliz Nochebuena! ¡Feliz Navidad!
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