El calor de las ciudades
Se espera que este verano llegue con días de temperaturas muy altas y que en algunas jornadas se presenten olas de calor.
En nuestra región, las áreas urbanas con escasa vegetación, pocos árboles y reducidos espacios verdes serán las más afectadas por el rigor del clima. De ahí la importancia de hacer que el verde urbano no pierda la batalla frente al cemento.
Por el cambio climático son cada vez más las ciudades que en muchos países de América Latina experimentan el fenómeno denominado "islas de calor urbanas". El Banco Interamericano de Desarrollo tomó nota de esa situación y desarrolló un software de datos libres para que los municipios puedan detectar islas de calor y adoptar medidas que ayuden a mitigar los efectos de las altas temperaturas ocasionados por el cambio climático. Se trata del programa informático bautizado URSA (Urban Reporting based on Satellite Analysis, por sus siglas en inglés), que es un sistema digital de apoyo a la planificación urbana que ofrece datos capturados por el satélite Landsat 8, cuyos sensores permiten estimar la temperatura del suelo. La aplicación brinda acceso gratuito de forma simplificada a la enorme cantidad de información capturada por los sensores satelitales, y se encarga de recopilar, procesar y presentar información útil para el diagnóstico territorial de ciudades. Técnicos del organismo interamericano explican que, entre otras funciones, este software ofrece un visualizador de islas de calor urbanas. Cabe una aclaración: la última versión de este programa informático solo ofrece información de ciudades de América Latina y el Caribe que tengan una población mayor a 100.000 habitantes.
Con el desarrollo de esta herramienta digital se espera que los municipios accedan a información proporcionada por satélites que les permita identificar con mayor precisión las áreas más afectadas por el calor, que son generalmente aquellas donde la escasez de vegetación y áreas verdes impiden la reducción de la temperatura por la evaporación del agua de las plantas y la protección de la sombra de los árboles. Los investigadores del BID advierten que las islas de calor urbanas se transforman en auténticos hornos en días calurosos y durante las olas de calor. Y recuerdan que estos microclimas nocivos implican severas consecuencias para la salud de los habitantes, contribuyendo a enfermedades (e incluso mayor mortalidad) ocasionadas por la exposición a malestar general, dificultades respiratorias y golpes de calor. El informe que acompaña la presentación del software URSA observa, por otra parte, que la combinación de humedad cercana al 100% y un incremento de temperatura global menor a 3° C son una amenaza mortal para la salud y que una mayor exposición a temperaturas por encima de 35° C y a humedad relativa alta reduce considerablemente la capacidad corporal de refrigeración.
"Las ciudades suelen tener temperaturas más elevadas que sus entornos rurales. Este fenómeno se conoce como efecto ‘isla urbana de calor’ y se da por diferentes causas. Una es la falta de vegetación urbana, ya que, entre otros beneficios, las áreas verdes disminuyen la temperatura del aire. El problema es que en lugar de espacios vegetados se colocan grandes superficies impermeables, como concreto y asfalto, que retienen más calor y lo liberan a lo largo del día y la noche", explica Paula Galansino, la joven que en su tesis de grado para la Licenciatura en Ciencias Ambientales de la Facultad de Agronomía de la UBA volcó los datos obtenidos en mediciones realizadas en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires para comprobar si, efectivamente, hay temperaturas más altas en las zonas donde predomina el cemento comparadas con aquellas donde el arbolado y los espacios verdes son más generosos. El trabajo de investigación, que logró registrar temperaturas de 19 °C en el norte de la ciudad y 42 °C en el sur, llegó a la conclusión que esa amplitud térmica entre una zona y otra se explica por el tamaño de los espacios verdes.
Cabe recordar que la Organización Mundial de la Salud aconseja que las ciudades tengan al menos un árbol por cada habitante, ya que el arbolado tiene una estrecha relación con la salud de la población. En conclusión, se deben plantar más árboles en zonas urbanas y promover la creación de nuevos espacios verdes. Si se avanza en esa dirección, las ciudades tendrán más recursos para mitigar el calor haciendo más soportables las jornadas de altas temperaturas.










