Un mundo basado en combustibles fósiles
El mundo, tal como lo conocemos hoy, es lo que es por el uso a grandes escalas de petróleo, gas y carbón para generar energía. Pero ayer, en la Conferencia del Clima COP28 que concluyó en Dubái los países participantes firmaron un acuerdo sin precedentes: proponen comenzar a dejar atrás esos combustibles fósiles para llegar a 2050 con cero emisiones netas de gases de efecto invernadero.
Lo llamativo en el documento final de la cumbre climática celebrada en Dubái es que por primera vez se utiliza el concepto de "combustibles fósiles", literalmente, en un texto de esta importancia. Por eso, algunos especialistas en la materia sostienen que esto significa algo así como poner fecha de vencimiento al uso de estas fuentes de energía no renovables y, al mismo tiempo, se consolida la idea de fortalecer el desarrollo de las renovables para poder garantizar que el calentamiento del planeta no sea superior a 1,5° C.
El acuerdo global propone que los países tripliquen el uso de energías renovables y dupliquen la eficiencia energética para asegurar que se reduzcan las emisiones de gases de efecto invernadero. Lo que también llamó la atención fue el hecho de que esta cumbre climática fue presidida por Emiratos Árabes Unidos, es decir por un país cuya riqueza se cimentó en el petróleo y el gas. Algunos de los participantes hicieron notar también que fueron necesarios casi tres décadas de debates sobre el clima para reconocer por primera vez que es necesario abandonar los combustibles fósiles.
Según estimaciones del Consejo Mundial de Energía, solo quedan poco más de cuatro décadas de gas, petróleo y carbón para cubrir la creciente demanda de combustibles fósiles en el mundo. Si bien es cierto que la tensión generada en los mercados energéticos por la guerra en Europa del Este volvió a poner en la agenda internacional la cuestión de la transición de no renovables a renovables, lo que se tiene hoy es que los combustibles fósiles siguen siendo la principal fuerza motriz de las sociedades industrializadas.
En este contexto global, Argentina tiene por delante el desafío de aprovechar las posibilidades que ofrecen los combustibles fósiles antes que las renovables los desplacen a un segundo plano, en un mundo que cada vez más padece los efectos nocivos de la quema de fósiles, que es la causa del 56% de las emisiones de gases de efecto invernadero. El año pasado, la secretaria de Energía de EEUU, Jennifer Granholm, dijo que la invasión de Rusia a Ucrania impactó con dureza en el mercado del petróleo.
"Estamos en una transición, pero sabemos que el cambio (de los combustibles fósiles a una energía limpia) no sucederá de la noche a la mañana", sostuvo la funcionaria estadounidense en el discurso que ofreció en Houston, en el marco de la cumbre mundial -una especie de Davos de la energía- que se llevó a cabo en esa ciudad. Es la misma funcionaria norteamericana que llegó la semana pasada a nuestro país para participar de la asunción de Javier Milei como presidente de la Nación.
Tras el acuerdo firmado por más de doscientos países en la COP28 de Dubái, la necesidad de avanzar hacia el uso de energías limpias y renovables vuelve a ocupar un lugar central en la agenda internacional. Pero la realidad de la mayoría de los países revela que la marcha hacia el nuevo paradigma energético sigue siendo lenta. Argentina, por ejemplo, logró que el 16% de la energía eléctrica sea producida por fuentes renovables, pero, como ocurre en el resto del planeta, aquí también el petróleo sigue siendo un recurso estratégico.
Un artículo publicado por el Banco de Desarrollo de América Latina nos recuerda que los combustibles fósiles son como el azúcar: todos sabemos que su consumo en exceso es perjudicial para la salud, pero es muy difícil vivir sin ese producto. "Lo mismo ocurre con la transición energética por la sostenibilidad del planeta. Con el agravante de que en América Latina y el Caribe los combustibles fósiles también aportan gran cantidad de ingresos a través de las exportaciones para financiar programas sociales", agrega la nota.
Dicho de otro modo, en teoría, habría que abandonar hoy mismo el gas y el petróleo para lograr un sistema productivo alimentado por fuentes energéticas bajas en emisiones de gases efecto invernadero; pero la realidad muestra que el camino podría resultar más largo de lo esperado.












