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Agricultura familiary cambio climático

La crisis climática afecta a millones de agricultores familiares en todo el mundo. Las frecuentes e intensas sequías, inundaciones, tormentas y olas de calor, entre otros fenómenos, están destruyendo medios de vida y comunidades, y poniendo en serio riesgo la sostenibilidad de los sistemas alimentarios. Así lo advierte un documento preparado por integrantes del Foro Rural Mundial que fue presentado en la Cumbre Climática de Dubai.

Laura Lorenzo, directora del Foro Rural Mundial, una red de organizaciones de todo el
mundo que representan a 35 millones de agricultores, pescadores artesanales e indígenas
que promueven la agricultura familiar, explicó que el 70 por ciento de los alimentos
que se consumen en el mundo son producidos por la agricultura familiar, lo que confirma
la enorme importancia que tiene el sector, tanto a nivel global como en cada uno de
los países. También observó que en distintas regiones del planeta la calidad de los suelos
está disminuyendo y que aparecieron enfermedades nuevas que estarían relacionadas
con la crisis climática.

Por su parte, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura
(FAO) también destacar la importancia de la agricultura familiar como alternativa
sostenible de los países y como pilar fundamental para mejorar la producción de alimentos,
sin afectar los ecosistemas, evitando la erosión de los suelos y protegiendo las
reservas de agua. En nuestro país, en tanto, las pequeñas unidades de agricultura familiar,
dedicadas principalmente a la producción de alimentos también enfrentan desafíos
para acceder a las nuevas tecnologías aplicadas a la actividad rural y las dificultades que
generan los altos costos de los fletes.

Está también el problema que plantea la falta de oportunidades laborales y de formación
superior, así como la carencia de servicios básicos en las zonas rurales más alejadas
de los grandes centros urbanos. Esas son, según algunos especialistas, algunas de las
variables que –en nuestro país– explican el éxodo de muchos jóvenes desde el campo a
las grandes ciudades. El fenómeno, lamentablemente, se acentuó en los últimos años,
aunque tras la pandemia no son pocas las familias de ciudades que aceptarían realizar el
camino inverso, es decir radicarse en los pueblos, si se impulsan políticas públicas que
sirvan para promover una nueva ruralidad.

Como hemos señalado ya en otras oportunidades, las causas del éxodo rural son complejas
y, por lo tanto, no se debe simplificar el problema. Sin embargo, lo que se observa
es que quienes abandonan las zonas rurales para radicarse en las áreas más pobladas y
con más servicios son personas que están en edad de trabajar. En ese sentido, el libro
"Arraigo rural. Condiciones de vida, políticas y estrategias de las familias productoras
en Argentina", publicado por el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA),
aporta datos y reflexiones que pueden ayudar a entender mejor el fenómeno.

En el prólogo de esa obra, el coordinador del Programa Desarrollo Regional y Territorial
del organismo, Eduardo Cittadini, observa que "el arraigo rural está supeditado a las condiciones
de vida que enfrentan las familias productoras, a las opciones que estas tienen
para desarrollar estrategias que las mejoren y a las políticas públicas e institucionales
que directa o indirectamente impactan en dichas condiciones". "Las personas –y las familias–
toman decisiones y actúan en función de múltiples necesidades y objetivos que
corresponden a diferentes ámbitos; la vida productiva no es separable de la vida económica,
social o familiar", agrega.

La obra citada representa, por cierto, un interesante aporte al debate sobre la cuestión
del arraigo en zonas rurales ya que, como bien se señala en ese texto, se pone la lupa
sobre "los condicionamientos que presentan las familias rurales y periurbanas de diferentes
regiones del país con la finalidad de contribuir a la mejora de su calidad de vida
en pos del arraigo".

Y abordar las cuestiones que están relacionadas con la posibilidad de echar raíces en
un determinado lugar –en este caso, en una zona rural– implica también hablar de la
Agricultura Familiar, un sector que merece tener acceso a mejores infraestructuras para
poner fin a un problema que viene desde hace varios años y que es el éxodo de la población
rural de menores recursos hacia las grandes ciudades en un proceso que hace que se
incremente el número de población urbana en periferias que carecen de la infraestructura
necesaria para contener y ofrecer condiciones de vida dignas a muchas familias.

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