Voto joven
¿Qué tienen en común los jóvenes que participaron de procesos electorales que se celebraron recientemente en países tan diferentes como Países Bajos, España, Italia, Francia y ahora Argentina?
Lo que se observa es que, en todas estas naciones (incluida la nuestra) una buena parte de los electores menores de 30 años apoyaron con su voto las propuestas de los partidos de ultraderecha.
Muchas veces creemos que algunos acontecimientos que ocurren en nuestro país son producto de las particularidades de la sociedad argentina. En el tema que nos ocupa hoy, el del comportamiento del electorado joven, en el fondo también existe una creencia generalizada de que la alta adhesión que obtuvo el candidato de La Libertad Avanza, Javier Milei, en el balotaje por parte de los argentinos más jóvenes responde exclusivamente a una cuestión local. Sin embargo, estudiosos de los comportamientos políticos advierten que fenómenos similares ya se registraron en otros países. El caso más reciente es el de Países Bajos, donde el ultraderechista Geert Wilders obtuvo un amplio apoyo en las elecciones generales celebradas la semana pasada. Según las encuestadoras, el polémico candidato que hizo del discurso anti islámico una de sus principales banderas, cosechó más votos entre los menores de 30 años. Lo que llamó la atención es que Países Bajos es considerada una nación con una larga tradición por el respeto a los inmigrantes y a las personas que profesan las más variadas religiones. Eso parece haber cambiado tras el asesinato del cineasta y actor, Theo van Gogh, ocurrido en 2004, y la condena a prisión perpetua que recibió el acusa del crimen, Mohammed Bouyeri, quien declaró que una de las películas rodadas por van Gogh ofendían a los creyentes musulmanes. Pero también hay otros datos de la realidad que podrían explicar la preferencia de los jóvenes por propuestas más radicalizadas: las nuevas generaciones, cuando no sufren el desempleo, perciben ingresos más bajos comparados con los de sus padres y tienen muchas más dificultades a la hora de acceder a una vivienda propia. Algo de esto también ocurre en Francia, donde el 26% de los ciudadanos de entre 18 y 25 años votaron por Marine Le Pen en la primera ronda de las elecciones. En España, en tanto, también se registró una mayor preferencia de los jóvenes por los candidatos de extrema derecha: según recientes sondeos, casi un 14% de los electores que tienen entre 18 y 30 años ven con buenos ojos al partido ultraderechista Vox. En la península ibérica se dice que el contexto de crisis económica e incertidumbre, explica en buena medida la adhesión de votantes jóvenes a candidatos de extrema derecha. Por su parte, una investigación que llevó a cabo la fundación Fondapol, de París, reveló que los electores europeos cuyas edades oscilan entre los 18 y los 24 años "se sitúan a la derecha, más incluso que segmentos de edad conservadores, como son los mayores de 65 años". A su vez, una encuesta que analizó el año pasado al electorado en Francia, realizada por la consultora Ipsos-Sopra Steria, arrojó que el 26 % de las personas entre 18 y 25 años votaron por Marine Le Pen y el 8 % del voto por Eric Zemmour. En las conclusiones de ese sondeo se observa que, actualmente, para muchos jóvenes las propuestas de los partidos de ultraderecha son sinónimo de rebeldía y antisistema. El análisis del periodista e historiador argentino, Pablo Stefanoni, autor del libro "¿La rebeldía se volvió de derecha?", coincide con esa mirada y plantea que hoy "el desafío de la izquierda, en general, es la necesidad de reconectar con las clases trabajadoras". "Una clase que no tiene nada que ver con la del pasado, ahora son mucho más multiculturales, más precarizadas, la mayoría de ellos no participan en ningún sindicato ni organización colectiva laboral", agrega.
El periódico británico The Guardian abordó este asunto en un artículo titulado "¿Por qué los votantes más jóvenes se inclinan hacia la extrema derecha en algunas partes de Europa?". Según ese medio, en el viejo continente muchos jóvenes no son xenófobos pero sus vidas están marcadas por la precariedad y atraviesan una crisis en la que cada vez es más difícil acceder a una vivienda propia o contar con una buena cobertura de salud. Cualquier parecido con la realidad argentina es pura coincidencia.










