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A favor de la democracia

La construcción de una sociedad democrática implica mucho más que la posibilidad de poder elegir representantes de la ciudadanía a través del voto. El fortalecimiento del sistema depende también de que el paso de una gestión gubernamental a otra se lleve a cabo en forma pacífica ya que, como bien señaló el politólogo francés Georges Couffignal, la democracia es el único régimen político que prohíbe la violencia para acceder al poder.

El país atraviesa, es cierto, una difícil coyuntura marcada por el deterioro de la economía y por la apremiante situación que vive un amplio sector de la población. En ese sentido, se debe reconocer que las deudas de la democracia son muchas. Pero sería un error creer que los problemas más serios que afectan a la comunidad se solucionarán con menos participación, o con menos diálogo y más intolerancia. 

Esta semana, con motivo del proceso electoral que vive el país, el politólogo de la Universidad de Harvard y autor del libro "Cómo mueren las democracias", Steven Levitsky, observó que -sin desconocer los graves problemas que debe resolver el país- los argentinos no deberían olvidar que "durante 40 años ininterrumpidos, Argentina ha tenido elecciones libres y justas, transferencias de poder pacíficas, una amplia protección de los derechos civiles y humanos, y lo que es más importante, los militares han sido expulsados de la política".

"La democracia se mejora con más democracia", señala un documento publicado recientemente por el Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento cuyo contenido fue compartido por otras 27 organizaciones no gubernamentales. 

Allí se admite que "la democracia argentina tiene deudas, sin dudas" y por eso se propone construir un "nuevo pacto democrático, el de los próximos 40 años" que siente las bases para el desarrollo y que, además, "promueva prácticas que acerquen las instituciones públicas a la ciudadanía para mejorar la vida de todos". 

Por otra parte, la organización no gubernamental Fudar Políticas lanzó esta semana un video titulado "En democracia todos elegimos lo mismo: seguir viviendo en democracia", que cuenta con la participación de destacadas personalidades de nuestro país que recuerdan que en este sistema la ciudadanía eligió "construir consensos y aprender de quienes no piensan como nosotros". 

"En la democracia elegimos compartir ideas muy diferentes, pero no buscar enemigos para destruir. En democracia existe la libertad de expresión. En democracia elegimos tolerar todo menos la intolerancia. Elegimos el encuentro con el otro, elegimos aprender de las diferencias".

Y en esta tarea de reflexionar sobre la convivencia democrática, vale la pena recordar lo que sostiene la periodista e historiadora estadounidense Anne Applebaum, en su ensayo "El ocaso de la democracia: la seducción del autoritarismo". En ese trabajo explica de manera clara por qué los mensajes simples y radicales tienen suficiente fuerza para convocar a una buena porción del electorado en las democracias occidentales modernas, donde el auge de ciertos mensajes con contenido político debería ser motivo de inquietud. 

Es que la proliferación de información falsa que en tiempos electorales circula a través de las redes sociales, obliga a promover el pensamiento crítico de la ciudadanía para que pueda protegerse de la desinformación y evitar manipulaciones. Como hemos señalado ya en otras oportunidades, la desinformación encuentra terrenos fértiles en los prejuicios y las emociones primarias de las personas. 

No es casual que especialistas en los estudios de opinión pública adviertan que se corre el riesgo de padecer un debilitamiento de la confianza en los principios democráticos si la ciudadanía no se prepara para detectar aquellos intentos que buscan alentar la polarización y la radicalización frente a determinados temas que se instalan en la agenda pública. 

Por eso, en estos tiempos difíciles es necesario superar la confrontación que dificulta la búsqueda de los acuerdos básicos que son fundamentales para la construcción de una sociedad más respetuosa de las diversidades. Algo contra lo que también conspira el doble discurso de quienes se declaran tolerantes pero a la hora de ejercer el poder convierten en enemigos a sus críticos o al simple disenso. Y además, ninguna democracia puede volverse fuerte con políticas que generan atraso social y económico, dos caldos de cultivo ideales para las opciones extremas.

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