Yo, ministro
El Chaco se quiere ponderar a sí mismo como la provincia que mayor énfasis hace en la producción agropecuaria y foresto industrial, con miras a darle el agregado de valor, por un lado, como generador de empleo genuino, y por otro, el de exportación, de esos mismos productos a los que se le da cierta elaboración sin dejar de pensar en desafíos como la venta al exterior de cortes de carnes vacuna y sin que aún se haya podido desarrollar la ganadería caprina.
Sin embargo, estamos descuidando aspectos altamente impactantes en el cumplimiento efectivo de estos planes. Y tratamos de remediarlos con fotos y reuniones, pero sin avanzar, de hecho, en esa tarea de una importancia superlativa.

Por qué? Porque de manera sistemática no se quiere pagar el costo político de reconocer que la matriz productiva ha cambiado sustancialmente. Por ello, hablamos de datos y modelos desactualizados.
UNA IMAGEN EN BLANCO Y NEGRO
No es lo mismo el Chaco del 2000 que el de ahora. Ni sus suelos, ni sus sistemas de producción ni los productores.
Hay verdades que no les queremos decir a los pequeños productores y al ocultarle que se conoce de antemano su futuro, se los tiene en un manto de incertidumbre intentando retenerlos con modelos productivos que irán al fracaso y que, por ende, esos pequeños productores tendrán que vender sus pequeñas parcelas de tierras porque no le es rentable lo que hacen, y así, irán a engrosar las periferias de las ciudades como Sáenz Peña, Villa Ángela o Castelli.
LA VERDAD DUELE, PERO ES SANADORA
No he escuchado a ningún funcionario de ningún gobierno de esta provincia decirles a los pequeños productores que no pueden seguir "anotados" como productores de algodón, esperando "el regalo" de la semilla gratis, de algo de gas oil y hasta ahí nomás.
¿Por qué todo tiene que ser regalado?; ¿por la excusa de que es el sector que produce? Pero asistirlo así es hacerles perder el tiempo y no dejar que puedan desarrollarse con otras actividades productivas como la frutihorticultura, o la cri de ganado menor, y darles herramientas para la siembra de cultivos alternativos, más alla de la limitante del agua y de algunos insumos.
Otra de las deudas, es que nadie los haya querido unir, que hayan intentado algún tipo de asociativismo, que uniendo pequeñas parcelas pueden sumar una importante superficie de siembra, compartiendo gastos y ganancias. Ese es otro cantar. Y eso podría ser algún tipo de salida, como lo han hecho las comunidades menonitas en la zona del Chaco Paraguayo, o en la zona de Santa Catarina, Brasil. Un modelo exitoso. Pero claro, acá estamos en la Argentina donde reina el individualismo y la "trampita criolla".
SIN RECONVERSION PRODUCTIVA NO HAY SALIDA
¿Habrá algún ministro que en razón de verdad les diga que no pueden seguir impulsando asi como ahora la siembra de algodón? Y, ¿habrá un Ministerio de la Producción que se ocupe de unir criterios y programas entre el INTA, lo que tenga la Nación y la provincia y se fomente, por regiones, una reconversión productiva?
Hay un importante trabajo hecho por la mesa técnica del grupo Agroperfiles que propone diferenciar al Chaco productivo por zonas. Alli se habla de un plan integral para el desarrollo de la actividad primaria con agregado de valor, dividiendo en regiones el mapa del Chaco.
Habla, en el caso de la zona central, que se caracteriza por ser un 55% agrícola, 35% ganadera y un 10% foresto industrial. El perfil del productor es que proviene de tierras heredas de la familia, con una superficie que va de 100 a 1.000 hectáreas.
El índice de productividad es bajo y el nivel tecnológico también es bajo. El problema principal es la falta de rentabilidad, la poca productividad como consecuencia de los suelos degradados.
Necesariamente, que los productores de esta región sigan haciendo lo mismo que venían haciendo hace 15 años es condenarlos al éxodo rural. Son suelos viejos, degradados, pero es necesario que puedan reconvertirse y en vez de hacer algodón, hagan carne. Son tremendamente capaces de hacer un desarrollo de pasturas y rotación poniendo como énfasis alcanzar a producir de entre 500 a 700 kilos de carne por hectáreas. Aquí aparece una piedra en el zapato, que es el financiamiento.
El Ministerio de la Producción deberá ir de la mano de la cartera de Economía para que el Ejecutivo pueda enlazar las gestiones para que un banco, como el Nación ponga su mirada regional a este segmento de pequeños productores, o por lo consiguiente, a su banca bandera, el Nuevo Banco del Chaco, que determina políticas activas –más allá de las que ya tiene en marcha- para que como fomento, pueda tener una mirada a este sector, tal vez incluyendo en algún proceso que permita el blanqueo de deudas o consolidación de deudas si las hubiera, de moto tal que puedan ser sujetos de crédito.
OTRAS ZONAS
En tanto, es interesante observar que la zona Oeste- Pampa del Infierno, Los Frentones, Rio Muerto-- tiene su mayor superficie destinada a la producción agrícola, luego forestal industrial y se observa un crecimiento de la actividad ganadera. El perfil del productor es un empresario con capacidad de inversión, con explotaciones que van de las 1.000 a las 10.000 hectáreas en promedio. El índice de productividad es alto, y el nivel tecnológico es alto.
En la zona sudoeste, la actividad productiva es el 55 % es agrícola; el 35% es ganadera y el 10% es forestal.
El perfil del productor es familiar con foco empresarial, y van de las 1.000 a las 3.000 hectáreas como superficie de explotación y el índice de tecnológico es alto.
La principal problemática es la falta de infraestructura, con graves problemas de inundaciones, necesidad de mayor cantidad de canales, limpieza de los ya existentes, necesidad de manejo de cuencas de agua interprovinciales, dado que la zona se inunda con agua que proviene de Santiago del Estero.
En la zona Este, la actividad productiva es 90% ganadera y el 8 % agrícola y el 2% forestal. El perfil del productor es familiar con foco en empresario, de 1.000 a 10.000 hectáreas, pero con un índice de productividad bajo, con un nivel tecnológico también bajo, con ganadería extensiva.
El principal problema de esta zona son los bajos índices de productividad por ser zona de campos ganaderos tradicionales, solo a pastura natural, sin mucha reserva de forrajes, que pierden mucha productividad en años de intensa sequía.
Finalmente, la zona nordoeste tiene un 60% de actividad forestal, el 30% ganadero y el 10% agrícola. El perfil del productor es empresario, y la superficie de explotación va de las 1.000 a las 10.000 hectáreas. El índice de productividad es bajo.
Para cada zona dicha mesa técnica tiene una propuesta, que se basa sustancialmente en una organización, fijación de objetivos y cumplimiento gradual de las metas, para lo cual, la interrelación entre el Estado y el sector privado debe ser clave.
LA DEUDA DEL OTBN
Y está demás decir que la actualización del Ordenamiento Territorial de Bosques Nativos sigue siendo otra deuda que parece seguir durmiendo en algún cajón. Mientras esto ocurre, el desmonte ilegal goza de buena salud, pero no son los productores chaqueños que tienen hornitos de carbón o usan la madera para la industria, son empresas de agro que quieren los campos limpios y al menor tiempo posible.
Arrasan todo con topadoras unidas por poderosas cadenas, algunas de más de 100 metros de largo. Y allí no queda nada, y tampoco se puede aprovechar esos restos de madera.
Mientras se demora el OTBN –que seguramente irá a manos de la legislatura provincial-- hay otros decretos que se han firmado en base a recursos financieros de la ley de Bosques y que ha sido duramente objetado por el sector foresto industrial como el de la creación de un registro provincial de reservas naturales privadas.
SUELOS VIEJOS, SUELOS NUEVOS
Un informe técnico de especialistas locales, como es el caso del ingeniero agrónomo Miguel Kolar, que logró determinar la huella de carbono en el cultivo de algodón, sostiene que producir 1 tonelada de algodón o de maíz en un suelo degradado, como los que hay en la zona central chaqueña, produce el doble de contaminación en la huella de carbono, indicando que "no desmontar en forma equilibrada y sustentable, es contaminar en otro lado". Señala que sembrar en suelos pobres se emite el doble de este contaminante y por no querer tocar montes viejos e improductivos, se contamina en otros lados. "Es por una cuestión de ideología no permitir el desmonte de árboles viejos y sin valor maderable, es una onda que viene de países que financian a los que les interesa mantener distraída a la gente con temas como estos, sin sustento científico ni técnico". Indicó Kolar.










