El agua como fuente de vida y progreso
El Papa Francisco volvió a remarcar la importancia del cuidado del agua y de garantizar que este vital elemento llegue a todos en el planeta.
Así lo señaló en un mensaje que envió al director general de la FAO, Qu Dongyu, en el que planteó, además, que "enormes recursos financieros y tecnologías innovadoras podrían emplearse para hacer del agua una fuente de vida y de progreso."
En su mensaje al director general de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), Qu Dongyu, con motivo del Día Mundial de la Alimentación, que se celebró ayer, el pontífice subrayó el valor del agua para todos los seres vivos de nuestro planeta y pidió que se impulsen medidas para garantizar a todos el acceso a este vital elemento. También planteó la necesidad de sumar los esfuerzos de distintos sectores de la comunidad internacional (gobiernos, organizaciones no gubernamentales, empresas, universidades y centros de investigación) para lograr que el agua no falte a ninguna comunidad en el planeta. En ese sentido, recordó que se trata de un recurso que es vital para todos los seres vivos de la Tierra y, por ese motivo, propuso lograr acuerdos en la comunidad mundial para "que nadie quede excluido" de los beneficios que aporta este líquido vital. También dedicó un párrafo de la carta para expresar su preocupación por el hambre y la desnutrición que afectan a muchos seres humanos y observó que esa situación es el resultado de una acumulación injusta de desigualdades e injusticias, que dejan a muchos al margen.
En rigor, son múltiples las voces que advierten sobre este problema. El economista francés Thomas Piketty señala que la falta de equidad creció en el mundo hasta niveles que son comparables con sociedades de hace más de 200 años, cuando la riqueza y la posición social heredadas predominaban por encima de las oportunidades universales. Dice, además, que hoy el mundo se caracteriza por haber logrado un progreso material como nunca antes visto en la historia de la humanidad, pero donde sólo el uno por ciento de la población global disfruta de las mejores viviendas, la mejor educación, la mejor atención en servicios de salud y el mejor nivel de vida.
También la OCDE alertó del problema en 2018. Ese año publicó el documento "¿Un ascensor social descompuesto? Cómo promover la movilidad social", que fue presentado en el Foro Económico Mundial. El estudio analizó distintas variables relacionadas con los ingresos, la posibilidad de acceso a una vivienda digna y a servicios de salud, entre otros factores considerados indispensables para garantizar cierto grado de movilidad social ascendente. El análisis, que se llevó a cabo en 36 países, entre ellos la Argentina, llegó a la conclusión que en la mayoría de las naciones la movilidad social entre generaciones prácticamente no existe desde la década del 90.
En la carta dirigida al director general de la FAO, el Papa aborda el problema del agua y lo enmarca en una situación global de desigualdad que, según el pontífice, "va más allá de la alimentación y alcanza a todos los recursos básicos, haciendo que su inaccesibilidad para muchos sea una afrenta directa a la dignidad que Dios les ha inculcado". "Es sin duda una afrenta, que debería avergonzar a toda la humanidad e impulsar a la comunidad internacional a actuar", sostiene el jefe de la Iglesia Católica.
El acceso universal al agua potable y al saneamiento son derechos humanos reconocidos por la comunidad internacional, derivados del derecho a tener un nivel de vida adecuado. Así lo establece el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales en uno de sus artículos, que obliga a los Estados a adoptar medidas para garantizar el acceso universal al agua potable y al saneamiento para todos. En el año 2010, la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó una resolución que reconoce "el derecho al agua potable y al saneamiento como un derecho humano esencial para el pleno disfrute de la vida y de todos los derechos humanos".
Se estima que, actualmente, cerca del 40 por ciento de la población del planeta padece escasez de agua apta para consumo humano. Según la FAO, en América Latina la disponibilidad de agua por habitante ha disminuido en un 22 por ciento en las últimas dos décadas. Frente a este escenario, es necesario adoptar medidas para garantizar el acceso de todos al agua potable y asegurar que el recurso sea gestionado de manera sostenible.










