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Altavista, el buscador que pudo ser Google

Los que ya tienen unos años deambulando por Internet saben que el omnipresente Google no siempre existió. - Por Ricardo Ambrosig

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Así lucía el buscador Altavista hacia el final de sus días. Sus dueños habían dejado pasar la oportunidad de ser Google.

En la década del ´90, entre los buscadores que dominaban el mercado estaba Altavista, uno de los sitios más antiguos en la web. Fue lanzado en los primeros meses de 1995 y, en su momento, llegó a ocupar el primer lugar como índice de navegación. 

Altavista no era el clásico hallazgo de un estudiante, sino la inversión de un grupo empresario que vio los negocios que podían hacerse con Internet. Fue propiedad de la empresa Overture Service Inc., que a su vez fue comprada por Yahoo! Su sede se encontraba en California y se llegaron a realizar poco más de 1.000.000 de búsquedas cada día. 


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Larry Page y Serguei Brin en su época de estudiantes, cuando le ofrecieron a Altavista su motor de búsqueda. Se conformaban con un millón de dólares, pero los rechazaron.

La cena de los idiotas

En marzo de 1998, como en la obra de teatro, Paul Flaherty, doctor por Stanford y padre de Altavista, accedió de mala gana a cenar en el restaurante Mandarin Gourmet de Palo Alto con dos jovencitos que insistieron en reunirse con él para proponerle un negocio. Básicamente, Flaherty confesó más tarde que esperaba reírse de los chicos, abrumándolos con el poderío que estaba bajo su control, tanto financiera como tecnológicamente.

Los estudiantes eran Larry Page y Serguei Brin, que tenían desarrollado un sistema de clasificación de páginas web al que llamaban Page Rank, y que se les había ocurrido para su tesis. Ese sistema -insistieron- mejoraría los resultados de búsqueda de cualquier buscador. Y dado que Altavista era el buscador más poderoso, a lo mejor le interesaba pagar… ¿un millón de dólares, quizá? Con esa "enorme" cantidad de dinero, Brin y Page tenían pensado regresar a Stanford a terminar sus estudios con alguna otra tesis.

Flaherty los escuchó, condescendiente, y explicó que la base de datos de Altavista era tan gigantesca que formaría una pila de papel de unos 100 km de altura, y que su motor de búsqueda era tan potente que podría sacar cualquier palabrita en medio segundo.

Brin y Page quedaron impresionados, pero no se achicaron Insistieron en que el sistema de clasificación Page Rank se basaba en dar importancia a los enlaces, jerarquizándolos. Es decir, si a una página web apuntaban muchos enlaces, como por ejemplo la de la Universidad de Harvard, significaba que la gente estaba muy interesada en esa búsqueda por algún motivo, por lo tanto su buscador la pondría en primer lugar de los resultados. 


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Así lucía AltaVista en sus inicios. Después mudaría a una web cacofónica llena de enlaces, la mayoría comerciales.

No está mal, pero...

Flaherty reconoció que la idea era brillante, pero no resolvía otros tropiezos, como evitar que los expertos entraran a manipular las entrañas del sistema nuevo. A esto, Brin y Page, que solo buscaban dinero para seguir en lo suyo, respondieron: "Eso no nos preocupa. Estamos dispuesto a compartir nuestra tecnología con cualquiera".

Pasaron las semanas, Flaherty lo consultó con Digital Equipment, dueña de Altavista, y su respuesta fue: "Los de ingeniería no están muy abiertos a la tecnología que provenga de afuera de la empresa. Tienen una actitud muy negativa hacia lo "no inventado aquí"".

Además, los dueños de Altavista pensaban que su propio buscador no era lo mejor que tenían: podían usar esa tecnología para dar noticias, para comprar, como correos electrónicos, en fin.

Brin y Page trataron de vender su buscador, convencidos de su sistema, y fueron a más empresas. A Excite, a Yahoo, y a una docena de inversores de Silicon Valley, pero siempre volvían con los halagos de su logro y la negativa a firmar el cheque.


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Las oficinas de Google. La compañía estaba valuada, hasta el año pasado, en u$s 820.000 millones. Altavista no quiso pagarle 1 millón a sus creadores.

Al final, los dos estudiantes que seguían mejorando y probando su sistema de búsquedas jerarquizadas, decidieron encarar el proyecto del nuevo buscador por su cuenta. Lo registraron el 4 de septiembre de 1998; el buscador se puso en línea el 27 de septiembre. 

Page y Brin consiguieron dinero de un inversor, un tiburón de esos que ponen dinero en toda clase de proyectos, esperando que alguno cubriera las pérdidas de los fracasos y le dejaran un margen de ganancias.

El primer hardware que compraron fueron unos 80 procesadores y dos routers HP. Rápidamente, este motor de búsqueda superó al más popular de la época, AltaVista.

En medio del éxito, Page y Brin decidieron rebautizar su creación, mientras Flaherty volvía a la carga con un camión de dólares, reconociendo que había fallado al menospreciar a los chicos. Pero no consiguió lo que esperaba. Google había despegado, y ya nada lo detendría.

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