"Nací dibujando y es lo que quiero hacer mientras tenga vida"
Pisando las nueve décadas, este chaqueño de Gancedo afincado en Resistencia y con una intensa biografía ha seguido su vocación pese al grave accidente que lo dejó sin manos a los 24 años.
Es una mañana soleada y el barrio alejado del centro de la ciudad contagia tranquilidad. Uno llega a la casa y Ramón, un vecino, corre el portón para dejarlo pasar. Los perros empezaron a ladrar, pero enseguida delataron su carácter amistoso. Casi en el umbral de la puerta de entrada, don Manuel Chamorro y su compañera esperan. Después de los saludos, los visitantes se acomodan y van girando para mirar lo que les indican desde el primer momento las manos que se adivinan en el aire por la fuerza del gesto, por la amplitud de lo que abarcan en su vuelo imaginario pese a que desde hace décadas solo queda su memoria en el corte abrupto de las muñecas. Uno ve en la silla de ruedas a un hombre cuyas facciones dan fe de que ha vivido, y de que todavía le queda energía para seguir un rato largo. Y uno adivina desde esos primeros instantes en la pequeña sala atiborrada de cuadernos y diplomas que se ha encontrado con la simpleza de lo contundente. Solo queda escuchar y dejar que el fotógrafo plasme en imágenes esa misma intuición repentina.

"Ayer fue mi cumpleaños. 8 de octubre. Nunca lo festejo, pero es una ocasión que te hace recordar. Mucha gente me saludó. Es bueno que se acuerden. Ya van 89 años, esperemos que sean varios más", cuenta don Manuel.

Como hay que cumplir la formalidad del cuestionario, la pregunta por sus obras y su hacer es la primera. "Nací dibujando. Es lo que más me gusta. Lo hice primero como todos, con esa ingenuidad que hace feliz. Cuando ya me lo quise tomar más en serio estudié. Me sirvió para adquirir técnica, pero siempre me ha movilizado el sentir. Dar forma a algo que imagino o veo. Me gusta trabajar con birome sobre papel. Birome negra o azul. Primero hago una marcación livianita con lápiz y después voy perfeccionando los trazos con la birome", explica.
A veces incomoda tener que fijar una cronología, pero hay que ordenar una historia tan vasta. Esta es la prosaica preocupación del redactor. Pero al hombre que narra lo que le sucedió poco le importa. Lo esencial es la fuerza de la convicción que dejaron los hechos. Y uno intuye que, probablemente, solo la sabiduría que dan los años desvela que todo momento es parte de la misma eternidad.
"Nací en el lugar donde sucedió la lluvia de meteoritos, Campo del Cielo. Más precisamente en Gancedo. Aún hay familiares que viven allí. Ya era muy inquieto desde chico y siempre sentí curiosidad por conocer. Fui músico militar y estudié para telegrafista, y así como conseguí un puesto en el ferrocarril. A los 24 años tuve un grave accidente con un vagón mientras trabajaba y perdí las manos, al punto de que no tienen impresiones digitales. Me han hecho un trasplante de masa muscular de las piernas y me han colocado alambres de titanio. Tengo una pinza palmo-digital con la cual me manejo. El ferrocarril me dio la oportunidad para que me adapte a mis condiciones físicas, y así trabajé diez años en la parte administrativa. Una vez que me retiré me dediqué al dibujo en todo el tiempo disponible".
"Hace 50 años me mudé a San Juan. Allí me fue muy bien, desarrollé mucho tanto mi faceta artística como la laboral y sindical. En San Juan fui secretario de Cultura ocho años. Me moví por todo Cuyo. En 1995 el Rotary de Rawson me concedió el Premio Servir en mi Ocupación. Ayudé a mucha gente a tramitar sus pensiones, en temas de discapacidad. Me distinguió PAMI también por esa tarea. Y en 2012 me concedió un reconocimiento la Cámara de Diputados de la Provincia del Chaco. Hace siete años resido aquí en Resistencia. Aparte de mi propia situación, siempre me preocupé por el prójimo. Creo que si todos nos preocupáramos por quien pasa a nuestro lado se viviría mejor y habría menos malentendidos".
"Participé en muestras hasta en Asunción del Paraguay. También en Formosa, Corrientes, Misiones, Entre Ríos, Santa Fe, Rosario, Mar del Plata, Buenos Aires, Córdoba. Perdí la cuenta de la cantidad de cuadros que he vendido. Lo que más le gusta a la gente y de los que vendí muchos fueron los de Evita, la Madre Teresa y Rodrigo. Ahora me duelen un poco los brazos, pero en cuanto me recupere seguiré dibujando, como siempre".
"EL DÍA QUE CONOCÍ A UN GIGANTE"
"¿Ves este dibujo?", pregunta don Manuel al visitante. "Es un gigante que conocí en San Juan. Era de un pueblo llamado Rodeo. Impresionaba, ya que medía como dos metros y medio. Lo primero que pensé fue en sacarle una foto, pero me dijeron que no lo hiciera. "Te va a castigar" me advirtieron. Así que no me quedó otra que dibujarlo. Lo tenían enjaulado. Daba pena verlo así. "¿Cómo te llamás?", le pregunté. "Cuta", me respondió. Siempre recuerdo su figura. Unos meses después lo llevaron a Buenos Aires y murió al poco tiempo. Yo creo que habrá sido por la tristeza".

La anécdota se cuela como muchas otras, pero la imagen del gigante se asoma desde una de las páginas de un viejo cuaderno. En ese momento y para cerrar la nota, al redactor se le ocurre una última pregunta: "Si tuviera que dar un solo consejo, ¿cuál sería?". Don Manuel piensa unos segundos y contesta: "Mi consejo es que la gente siga adelante. Hay personas que dibujan con la boca o con los pies. El arte se puede hacer de cualquier forma, siempre y cuando uno ponga su buena voluntad".










