Promover el arraigo rural
La falta de oportunidades laborales y de formación, así como la carencia de servicios básicos en zonas rurales explican, en parte, el éxodo de muchos jóvenes desde el campo a las grandes ciudades.
El fenómeno se acentuó en los últimos años, aunque tras la pandemia no son pocas las familias de ciudades que aceptarían realizar el camino inverso, es decir radicarse en los pueblos, si se impulsan políticas públicas que sirvan para promover una nueva ruralidad.
Las causas del éxodo rural en todo el país, y en el Chaco en particular, son complejas. Sería un error simplificar el problema, aunque lo que se observa casi a diario es que quienes abandonan las zonas rurales para radicarse en las áreas más pobladas y con más servicios (la mayoría de las veces con una marcada pérdida en la calidad de vida) son personas jóvenes que están en edad de trabajar.
Se trata, como se dijo, de una problemática compleja. Para comenzar a entenderla se recomienda una lectura detenida del libro "Arraigo rural. Condiciones de vida, políticas y estrategias de las familias productoras en Argentina", publicado por el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA). En el prólogo de esa obra, el coordinador del Programa Desarrollo Regional y Territorial del organismo, Eduardo Cittadini, observa que "el arraigo rural está supeditado a las condiciones de vida que enfrentan las familias productoras, a las opciones que estas tienen para desarrollar estrategias que las mejoren y a las políticas públicas e institucionales que directa o indirectamente impactan en dichas condiciones". "Las personas -y las familias- toman decisiones y actúan en función de múltiples necesidades y objetivos que corresponden a diferentes -pero fuertemente interconectados- ámbitos; la vida productiva no es separable de la vida económica, social o familiar", agrega. La obra citada representa, por cierto, un interesante aporte al debate sobre la cuestión del arraigo en zonas rurales ya que, como bien se señala en ese texto, se pone la lupa sobre "los condicionamientos que presentan las familias rurales y periurbanas de diferentes regiones del país con la finalidad de contribuir a la mejora de su calidad de vida en pos del arraigo". Y abordar las cuestiones que están relacionadas con la posibilidad de echar raíces en un determinado lugar -en este caso, en una zona rural- implica también hablar de la Agricultura Familiar, un sector que merece tener acceso a mejores infraestructuras para, de esa manera, poner fin a un problema que viene desde hace varios años y que es el éxodo de la población rural de menores recursos hacia las grandes ciudades en un proceso que hace que se incremente el número de población urbana en periferias que carecen de la infraestructura necesaria para contener y ofrecer condiciones de vida dignas a muchas familias. Ese proceso es el que hizo que en la actualidad más del 90 por ciento de la población del país se concentre en los centros urbanos, en el marco de un fenómeno que, por supuesto, también está presente en la provincia del Chaco. El éxodo rural tiene impacta tanto en lo demográfico como en el plano económico: la mayoría de los que dejan los pueblos más pequeños son personas jóvenes, en edad de trabajar y formar familia, lo que da lugar a un envejecimiento de la población en zonas rurales, mientras que la merma de la fuerza laboral debilita las economías locales. En este punto, es importante recordar que la agricultura familiar es el verdadero motor del desarrollo en las áreas rurales. Así se reconoció en la reciente presentación del Plan de Acción para el Decenio de la Agricultura Familiar, Campesina e Indígena, que se llevó a cabo en la Cámara de Diputados de la Nación con la participación de representantes del Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA) y de otros organismos internacionales, del gobierno nacional y pequeños productores de todo el país.
Se deben impulsar programas de arraigo en zonas rurales con el objetivo de revertir el éxodo de jóvenes que dejan los campos para buscar nuevas oportunidades, que no siempre llegan, en centros urbanos donde se registra un grave déficit habitacional. No es casualidad que en la actualidad más del 90 por ciento de la población del país esté concentrada en los centros urbanos.










