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Comprender el presente

Los historiadores aseguran que para comprender mejor el presente es necesario estudiar el pasado.

Aunque razón no les falta, la tarea de interpretar la realidad actual se vuelve más compleja si lo que sucede es que la sociedad comienza a dejar atrás un momento histórico y empieza a transitar otro distinto.

¿Vivimos un cambio de época? La pregunta aparece una y otra vez cada vez que se intentan analizar los resultados de los comicios celebrados en distintos distritos del país. El mismo interrogante, claro, estuvo presente a la hora de buscar explicaciones al triunfo de Leandro Zdero, en primera vuelta, frente a Jorge Capitanich que iba por la reelección. Algunos veteranos con experiencia en la arena política observan que buena parte de la dirigencia partidaria tiene dificultades para interpretar señales que, hace tiempo, vienen dando ciertos sectores de la sociedad. Por ejemplo, que en las redes sociales los más jóvenes cada vez que hacen comentarios sobre los robos en la vía pública y la intervención de vecinos que detienen al ladrón, se muestran de acuerdo con esa acción, a la que denominan "justicia social". Es decir, con lo que antes se conocía como "justicia por mano propia". La misma observación la hizo, mucho antes (más precisamente en febrero de este año), el periodista Iván Schargrodsky cuando sostuvo que "el justicialismo habla hoy con un lenguaje que una porción significativa de la población no entiende". "No es que no acuerda, simplemente no lo comprende. Hay un ejemplo que se explica solo: un dirigente bonaerense encargó un focus group entre jóvenes de clase baja del primer cordón del conurbano. Una de las preguntas fue qué pensaban de la justicia social. A todos les parecía bien. Estaban de acuerdo ‘porque si uno te roba el teléfono tenés que ir y matarlo a piñas’. Para estos chicos, justicia social era justicia por mano propia. Para un sector de la sociedad, uno de los postulados históricos del justicialismo ni siquiera existe", escribió Schargrodsky.

En esta misma columna, el domingo pasado, se planteaba la idea de preguntar a los jóvenes que ingresan al mercado laboral como repartidores a través de aplicaciones y plataformas digitales qué similitudes encuentran entre esas ocupaciones e ingresos y los que tenían sus padres o abuelos, o qué opinan de las posibilidades que actualmente tienen ellos, en tanto trabajadores, de acceso a una vivienda propia. ¿La dirigencia política alcanza a comprender cuáles son las aspiraciones de las nuevas generaciones? ¿Qué tan grande es la brecha que existe entre representantes y representados? Hay quienes aseguran que muchos de los elegidos para impulsar políticas públicas en favor del bienestar general, cuando miran a la sociedad ven una foto de otra época y no alcanzan a darse cuenta que la creciente pobreza y la desigualdad extrema, además de provocar daños enormes en el tejido social, modifican las actitudes y creencias en todos los sectores de la comunidad. La historia humana está llena de ejemplos de silenciosas y lentas transformaciones que fueron capaces de mover cimientos de estructuras que, a simple vista, parecían eternas. Son cambios que no siempre se perciben de inmediato. Por lo general tomamos nota de su existencia con los hechos consumados y con el paso del tiempo. Así, por ejemplo, es probable que Gutenberg no haya comprendido de inmediato que la imprenta que inventó, después de muchos años de ensayos y errores, sería el sistema que transformaría la difusión del saber primero en el Viejo Continente y luego en el resto del mundo. Lo mismo podría decirse de quienes hoy utilizan la red internet sin poder dimensionar el verdadero alcance de esa tecnología, mientras al mismo tiempo se multiplican las aplicaciones de inteligencia artificial a una velocidad tan vertiginosa que dificulta aún más la comprensión de este complejo presente. Tal vez fue el gobernador de la provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof, uno de los que dio en la tecla cuando hace pocos días dijo que la fuerza política que integra debía "componer" una nueva melodía para llegar al público y dejar de "tocar viejos éxitos" como lo hacen esas bandas que rinden tributo a míticas figuras del rock. También el polémico diputado libertario y candidato a presidente de la Nación, Javier Milei, dio muestras de tener un buen olfato para encontrar palabras que conecten con esa porción del electorado que espera respuestas a sus problemas más urgentes. El secreto está, al parecer, en saber comprender el presente.

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