Proteger la biodiversidad
La contaminación ambiental, el deterioro de los hábitats y las especies exóticas invasoras son algunas de las causas que ponen en peligro la biodiversidad del planeta.
Un informe publicado esta semana por expertos de 49 países advierte sobre el creciente problema de las especies que son trasladadas por humanos fuera de sus áreas naturales. Estiman que cerca de 3.500 especies de este tipo causan extinciones y pérdidas en distintas regiones del mundo por 423.000 millones de dólares.
¿Qué son las especies exóticas invasoras? Se denomina así a animales, plantas, hongos y microorganismos que son introducidos por los seres humanos en zonas ajenas a sus hábitats naturales. Aunque no todos los traslados se realizan de manera voluntaria, los especialistas observan que incluso en los casos en los que el hecho se produce en forma accidental, existe una alta probabilidad de que generen un fuerte impacto sobre la biodiversidad del lugar al que llegan. En nuestro país existen al menos una docena de especies de este tipo, entre los que se encuentran el castor, la ardilla de vientre rojo, el caracol africano gigante y el jabalí. En el caso del castor y a modo de ejemplo se puede citar el impacto que tuvo su introducción en Tierra del Fuego a mediados de la década del 40. Aunque inicialmente llegaron al país diez parejas de ese roedor que fueron traídas de América del Norte, se estima que actualmente su población llega a los 100 mil ejemplares que, en forma periódica, atacan a árboles para construir diques y madrigueras. Este comportamiento del animal se tradujo en una alteración del ecosistema boscoso y de los cursos de agua en esa zona del sur del país.
El informe internacional al que se hace referencia al inicio de esta columna es el que se publicó el sábado pasado en Alemania y que lleva por título "Evaluación sobre especies exóticas invasoras y su control". El mismo fue preparado por 80 expertos de 140 países que integran la Plataforma Intergubernamental sobre Diversidad Biológica y Servicios Ecosistémicos (IPBES, por sus siglas en inglés). El trabajo de investigación demandó cuatro largos años.
Como se dijo, la contaminación ambiental y el deterioro de los hábitats naturales también impactan en forma negativa en la biodiversidad. En abril pasado, el Programa para el Medio Ambiente de la ONU advirtió que el uso excesivo de sustancias químicas para el control de plagas generó un drástico descenso en la población de insectos en distintas regiones del planeta. Algunas estimaciones realizadas por investigadores del organismo señalan una disminución del 75% en los últimos 50 años. Según los entomólogos, la reducción de insectos afecta a procesos que son fundamentales para la biodiversidad, los ecosistemas y para la supervivencia humana. Esta agencia de la ONU fue una de las primeras organizaciones internacionales en plantear el problema de la reducción de insectos, al señalar que son uno de los pilares de los ecosistemas ya que desempeñan roles clave en la polinización, el ciclo de nutrientes y las cadenas alimenticias de aves. También la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, más conocida como FAO, advirtió que en algunas regiones del planeta comienza a observarse una preocupante reducción en la población de abejas debido a la falta de hábitats adecuados para ellas. En ese sentido, el organismo recordó que los servicios de polinización que brindan estos insectos son esenciales: más del 75% de los cultivos de alimentos del mundo dependen de la polinización. Sin abejas, advierte la FAO, muchos de los alimentos nutritivos que llegan a las mesas de miles de millones de hogares en todo el planeta no existirían. Por eso, lanzó un llamado para generar conciencia sobre el uso excesivo de insecticidas y para convocar a la población a cultivar plantas con flores, evitando el uso de sustancias químicas que puedan dañar a estos insectos. Los ambientalistas, por su parte, observan que el tráfico ilegal junto con el cambio climático, también contribuyen a la pérdida de biodiversidad. En ese sentido, explican que la naturaleza actúa como un escudo entre los humanos y las enfermedades y que está demostrado que algunas prácticas como la deforestación en los bosques tropicales del Amazonas, por ejemplo, aumentaron los casos de malaria en los asentamientos humanos que viven cerca de las zonas afectadas por los desmontes. Se deben escuchar estas voces que alertan sobre la necesidad de adoptar medidas para proteger la biodiversidad.










