El rumbo perdido
Para algunos historiadores de la economía argentina, hace casi medio siglo que el país intenta, una y otra vez, encontrar un camino que lleve al crecimiento.
En esa búsqueda, en distintas décadas se hicieron ensayos con medidas opuestas entre sí (apertura y cierre de la economía, privatizaciones y estatizaciones) que no arrojaron -cada una de ellas en su tiempo- los resultados que se esperaban para una mejora sustancial del conjunto de la sociedad que sea sostenible en el tiempo.
Los más memoriosos recuerdan la anécdota que tuvo como protagonista al ministro de Economía de la Nación del gobierno militar de Juan Carlos Onganía. Se trata de Adalbert Krieger Vasena, quien al poco de asumir el cargo anunció la puesta en marcha de un plan de corte liberal y una devaluación del 50% de la moneda, asegurando que esa sería la última depreciación que afectaría al peso argentino. Dos años y cinco meses después de esa afirmación el funcionario ya no estaba en el cargo. Ejemplos de economistas que llegan con la Gran Receta bajo el brazo y que luego chocan contra la compleja realidad abundan en la historia del país. En 1983, el ingeniero Marcelo Diamand escribió un artículo titulado "El péndulo argentino. ¿Hasta cuándo?", en el que advierte que "en las últimas dos décadas se han caracterizado por cambios muy bruscos y muy frecuentes de la política económica que muestran una oscilación pendular entre dos corrientes antagónicas: la corriente expansionista o popular y la ortodoxia o el liberalismo económico".
La corriente popular, observa Diamand, "refleja las aspiraciones de las grandes masas de la población". "Sus ideas en materia económica reconocen la influencia del modelo keynesiano y del nacionalismo económico. Sus principales objetivos son la distribución progresiva del ingreso y el pleno empleo. El primer objetivo se instrumenta mediante mayores beneficios sociales, aumentos nominales de salarios y a menudo controles de precios. También se recurre al manejo de los grandes instrumentos de política económica -fundamentalmente del tipo de cambio y de las tarifas de los servicios públicos- en función del objetivo prioritario de evitar que aumente el costo de vida. El segundo objetivo se logra asegurando un alto nivel de demanda", agrega.
Diamand advierte que los ciclos expansionistas "suelen comenzar con el aumento de los salarios reales, el crédito barato, el incremento de la actividad económica y una euforia en el sector industrial y comercial. Sin embargo, en la mayoría de las veces esta etapa no dura mucho. El déficit del presupuesto crece, la balanza comercial se desequilibra, aparece el desborde sindical, surge el desabastecimiento y se acelera la inflación. El proceso culmina en el agotamiento de reservas en el Banco Central y en una crisis de balanza de pagos. La expansión se detiene y sobreviene una situación económica caótica". Más adelante, explica que el fracaso de esas políticas económicas da lugar a "un brusco vuelco hacia la ortodoxia económica basada en la teoría neoclásica de la economía, tal como ésta se enseña en las universidades del mundo occidental. El acento se ve puesto sobre el orden, la disciplina, la eficiencia, el equilibrio del presupuesto, el ahorro, la confianza y la atracción de los capitales del exterior y las virtudes del sacrificio popular". Pero como los problemas de fondo no se resuelven, entonces -dice Diamand- la reacción de la ortodoxia frente a su falta de éxito ha sido siempre similar a la de la corriente popular.
En la búsqueda de textos que aporten luz sobre los vaivenes de la economía se pueden encontrar obras como "La hegemonía imposible: veinte años de disputas políticas en el país del empate. Del 2001 a Alberto Fernández", de Fernando Rosso, publicado el año pasado. "Si algo nos define a los argentinos es la persistencia de la crisis, que lejos de ser un problema patológico es el resultado de la irresolución de conflictos entre fuerzas que vienen protagonizando un largo empate", sostiene el autor. También resulta interesante lo que plantean el historiador Roy Hora y el economista Pablo Gernuchoff en "La moneda en el aire. Conversaciones sobre la Argentina y su historia de futuros imprevisibles". En este texto se observa que desde mediados de los años setenta, la economía argentina no encuentra el camino que le permita crecer.
Todo parece indicar que, una vez más, la sociedad argentina intenta encontrar el rumbo perdido. El tiempo dirá si las decisiones tomadas servirán para abrir las puertas a un período de crecimiento que beneficie a todos.










