Góndolas sin precios en los supermercados de Sáenz Peña
Ahora la modalidad es indicar a los clientes que se dirijan a la lectora de códigos. Además ya hay límite de compras en productos como leche y aceite.
SÁENZ PEÑA (Agencia). Los precios de las mercaderías cambian diariamente, "o de la mañana a la tarde", lo que impacta hasta en la organización de la góndolas de los supermercados. Estos están optando por no colocar las etiquetas y pedir a sus clientes que ellos mismos consulten "el valor del momento".
Las etiquetas, que en los viejos tiempos se modificaban "cada tanto", actualmente casi desaparecieron de las repisas que exhiben los alimentos de la mesa de los sáenzpeñenses. Los supermercados solamente en algunos productos colocan el cartel indicando el valor de la mercadería, mientras que un aviso grande en la góndola indica al consumidor que "para consultar precio se encuentra el lector", obviamente cerrando el escrito el pedido de "disculpaspor las molestias".
El consumidor, evidemente ya acostumbrado a los meses que se soportan de alto nivel inflacionario, carga en el canasto una determinada mercancía en sus distintas variantes de marca, tamaño y calidad y se traslada hasta la "máquina" para dilucidar la incógnita.

El lector de código, generalmente no más de uno por local comercial, será quien finalmente le entregue el precio que se le cobrará en la caja. Será "la máquina" la que le dirá al consumidor cuál de todos los productos que acarreo hasta el lector está dentro de su diezmado presupuesto.
CAMINAR PARA BUSCAR EL PRECIO
El consejo de la recordada Lita de Lázari, como presidenta de la Liga de Amas de Casa, era que había que caminar para encontrar precios. En el presente del país la frase se traslada dentro mismo del local comercial porque "para saber el costo de un producto, hay que caminar hasta la ubicación del lector".
La devaluación ocurrida el día después de las PASO nacionales aceleró los cambios de números y los vaivenes que ocurren hora tras hora hacen que el valor puesto en la etiqueta de la góndola muchas veces no coincida con el precio ya actualizado en el sistema del mercado y que será el que aparecerá en la línea de cajas. En el intento por evitar los conflictos que se generan por el reclamo del consumidor, al ver que se le cobra otro valor al publicado en la estantería exhibidora, directamente los supermercados obvian "el cartelito".
Al no tener el exhibidor la etiqueta, el comprador deberá ir al lector del código de barras, una máquina que hasta ahora poco era utilizada por el concurrente a los mercados de alimentos.
ARTÍCULOS LIMITADOS
Sin dudas ir al supermercado lejos está de ser placentero. El presupuesto de los hogares cada día está más recortado y el dinero previsto para una compra determinada no alcanza para completar la lista porque los valores a los que se compró ayer tal vez hoy cambiaron, siempre para arriba, nunca hacia abajo. El otro inconveniente con el que se encuentran los consumidores en los supermercados de Sáenz Peña es que se limita la cantidad de productos, especialmente aquellos de consumo masivo. La leche y el aceite son comúnmente los que tienen la advertencia de la limitación, más allá de la disponibilidad de efectivo que se pueda tener para las compras.
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