El futuro del mayor pulmón verde
Ambientalistas de todo el mundo reiteraron sus advertencias sobre la severa crisis que atraviesa la Amazonia, esa vasta región de América del Sur que posee una extraordinaria capacidad para absorber toneladas de dióxido de carbono, el gas que liberado en cantidades excesivas contribuye a agravar el calentamiento global.
Según los expertos, el daño provocado al mayor pulmón verde del planeta está muy cerca de llegar a un punto de no retorno. Si se pasa ese límite, las consecuencias se sentirán en todo el mundo.
La situación de la gran selva amazónica llegó a un punto crítico por los daños que provocan los incendios forestales intencionales, el extractivismo ilegal y el avance de la frontera agrícola. Se estima que ya se ha perdido alrededor del 17% de la selva, principalmente por la deforestación sin control.
Si el daño llega al 20%, entonces el que es considerado el pulmón verde más importante del planeta ingresaría en una zona de no retorno, es decir, habrá perdido su capacidad de recuperación. Datos aportados por el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF, por sus siglas en inglés), confirman que la selva amazónica absorbe entre 90.000 y 140.000 millones de toneladas de carbono, lo que lo convierte en una pieza clave para mitigar los efectos del cambio climático.
El proceso de destrucción generó preocupación en los presidentes de países que comparten la extensa selva e integran la Organización del Tratado de Cooperación Amazónica, quienes se reunieron a principios de este mes en Belén do Pará, Brasil, para debatir y acordar políticas comunes que permitan evitar una mayor crisis ambiental.
Al término del encuentro, el presidente de Brasil, Inácio Lula Da Silva reconoció que la tarea de encontrar una solución a la crisis que atraviesa la Amazonia no será sencilla. Y, al parecer, esa sensación es compartida por los otros líderes y representantes de Colombia, Bolivia, Ecuador, Venezuela, Perú, Guyana y Surinam que participaron de la cumbre, quienes firmaron la "Declaración de Belén do Pará", un documento de 113 puntos que deberían convertirse en medidas concretas y acciones a seguir en el corto plazo para hacer frente al extractivismo de materias primas y la deforestación.
En el encuentro también se planteó la necesidad de adoptar medidas para proteger la diversidad cultural de esa región y trazar una hoja de ruta para enfrentar la amenaza del narcotráfico. En ese sentido, el presidente de Colombia, Gustavo Petro, propuso crear una alianza militar, similar al de la Organización del Tratado del Atlántico del Norte (OTAN), para proteger la selva en coordinación con los países que comparten frontera con ese ecosistema y, al mismo tiempo, crear un tribunal para juzgar los crímenes contra el ambiente en la Amazonia.
La propuesta dio lugar a un debate sobre la violencia que padecen en esa región los activistas de organizaciones ambientalistas y de derechos humanos que defienden la selva y advierten que el avance de la deforestación ya impacta en el clima de América Latina y el Caribe, que registra sequías prolongadas, altas temperaturas y lluvias torrenciales.
Además, observan, la selva amazónica tiene una gran influencia en la hidrología de todo el continente y también en el clima a escala global, lo que puede generar consecuencias en los países limítrofes y conectados con grandes cuencas hidrográficas y sistemas climáticos, desde la calidad del aire hasta la dinámica de las cuencas, hasta los rendimientos agrícolas y el comercio.
Por su parte, la colombiana especialista en gestión ambiental, Laura Mantilla, explica que los incendios en la Amazonia tiene graves consecuencias para el planeta, como el incremento del calentamiento global, la pérdida de agua y la extinción de especies. La experta señala que, por ejemplo, la zona afectada por el fuego en 2019 era el hogar de una amplia biodiversidad de flora y fauna.
Según Mantilla, recuperar un ecosistema como el del Amazonas, dañado por el fuego, podría demandar entre 200 y 500 años. Es de esperar que la cumbre de los ocho países de la Organización del Tratado de Cooperación Amazónica celebrada en Brasil sirva para poner en marcha medidas urgentes para detener la deforestación, luchar contra el crimen organizado y trabajar en el desarrollo sostenible en la selva.










