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Aprender y estudiar en la edad adulta

La educación para adultos ofrece, en primer lugar, una nueva oportunidad a quienes no lograron completar estudios formales en los tiempos establecidos por el sistema educativo.

Pero brinda, además, la posibilidad de actualizar conocimientos y mejorar capacidades que son de gran utilidad tanto en la vida cotidiana como en el trabajo a un sector más amplio de la población.   

La irrupción de nuevas tecnologías de la comunicación y la información revolucionó el concepto de educación a distancia y permitió llegar con nuevos contenidos a un número cada vez mayor de personas interesadas en acceder a propuestas de formación menos rígidas. En ese sentido, la flexibilidad para estudiar que ofrecen las distintas plataformas de educación no presencial es uno de los aspectos que más valoran quienes eligieron retomar o iniciar estudios superiores.

Sondeos realizados por distintas consultoras revelaron que el grupo más numeroso de personas que eligen esta modalidad son mayores de 30 años que, de una u otra manera, están incorporados al mundo laboral. Hasta hace poco, el incremento de ofertas de formación a distancia tuvo directa relación con el uso masivo de internet, sumado al aumento de la velocidad de conexión de banda ancha en cada vez más hogares de ingresos medios y el acceso a computadoras con mayor velocidad de procesamiento. Con la situación económica actual es probable que muchas personas tengan dificultades para renovar sus equipos, pero según los expertos, más allá de esa coyuntura, el fenómeno de internet representó un salto cualitativo que permitió una mayor democratización del conocimiento. Vale recordar que uno de los objetivos de desarrollo sostenible de la Organización de las Naciones Unidas remarca la importancia de que los Estados miembros garanticen "una educación inclusiva, equitativa y de calidad" y promuevan "oportunidades de aprendizaje permanente para todos". En ese sentido, la modalidad educativa a distancia, en este caso digital, es un factor indispensable para la democratización del saber, reducir desigualdades estructurales, integrar a las personas y mejorar su calidad de vida.

La Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), designa a la educación para adultos como "el conjunto de todos los procesos educativos, formales, no formales e informales, gracias a los cuales personas consideradas adultas por la sociedad a la que pertenecen desarrollan y enriquecen sus capacidades para la vida y el trabajo, tanto en provecho propio como en el de sus comunidades, organizaciones y sociedades". Cabe recordar, por otra parte, que un estudio realizado por el Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina reveló que los argentinos mayores de 60 años siguen interesados en formarse, estudiar o aprender. Según este sondeo, cerca de 1.800.000 adultos tienen interés en nuevos aprendizajes, pero por diversos motivos, todavía muy pocos tienen acceso a un programa de capacitación formal. Los resultados del trabajo de investigación desarrollado por el Barómetro de la Deuda Social con las Personas Mayores, fueron volcados en el documento titulado "La capacidad de aprender en las personas mayores". Los autores de este trabajo recuerdan que en nuestro país está vigente la ley 27.360, que aprueba la Convención Interamericana sobre la Protección de los Derechos Humanos de las Personas Mayores. Cabe recordar que esa Convención insta a los Estados a "promover, proteger y asegurar el reconocimiento y el pleno goce y ejercicio, en condiciones de igualdad, de todos los derechos humanos y libertades fundamentales de la persona mayor, a fin de contribuir a su plena inclusión, integración y participación en la sociedad". Y el derecho a la educación es uno de los derechos fundamentales de los ciudadanos mayores de 60 años, por lo que es necesario que pueda ser ejercido en igualdad de condiciones con otros sectores de la población y sin discriminación.

Frente a este desafío cabe preguntarse si la calidad de la educación es algo que está ligado a la presencialidad. Eso es lo que planteó el educador español, Lorenzo García Aretio, quien llegó a la conclusión que la calidad depende en gran medida de las instituciones y los docentes que participan de la experiencia educativa. El debate sobre este interesante asunto sigue abierto. Por eso mismo, es de esperar que se sumen nuevos esfuerzos para lograr que la democratización del conocimiento llegue a todos los sectores de la sociedad. 

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