El debate democrático
En los años que siguieron al uso masivo de Internet se afianzó la idea de que la libre circulación de información a través de la gran red podía enriquecer el intercambio de opiniones y fortalecer el debate democrático. Sin embargo, con la llegada de las redes sociales y la preferencia de un número cada vez más grande de usuarios por esas plataformas quedó en evidencia que la mayoría prefiere la información que refuerza sus propias creencias y opiniones políticas, lo que da lugar a una creciente polarización en la discusión de los asuntos públicos.
Muchos bienintencionados creyeron que, en los albores de Internet, la gran red podía realizar un enorme aporte a la construcción de sociedades más democráticas. El razonamiento era simple: la sola posibilidad de escuchar más voces abría las puertas a comunidades más respetuosas de la pluralidad de ideas. Pero la realidad mostró que, si bien eso es posible en ciertos grupos en los que hay un acuerdo previo de no agresión y de respeto por las ideas de los otros, en la mayoría de los casos se impuso la búsqueda de información en las redes sociales. ¿Y cuál es el problema de informarse casi de manera exclusiva por las redes sociales? Una de las especialistas en estos temas que mejor responde a este interrogante es la doctora en Comunicación, Roxana Morduchowicz, autora del libro "Ruidos en la web. Cómo se informan los adolescentes en la era digital". Según la especialista, el gran problema es que la información que se publica en las redes sociales es parcial. En ese sentido, advierte que el usuario que prefiere informarse a través de esos canales solo depende de sus gustos o de los gustos de sus contactos. Además, sostiene, la gran mayoría de la información publicada en esas plataformas está descontextualizada porque no está disponible como en un diario tradicional, con distintas notas que permiten abordar mejor los temas y entender los problemas. Se trata, dice la experta, de información descontextualizada y fragmentada. También observa que distintos estudios realizados para comprender la relación entre la información y los usuarios revelaron que estos terminan recordando más al contacto que se los envió que al origen de la información, lo que predispone a muchas personas a viralizar ese contenido sin estar seguras de la veracidad de lo que informa. Y en el caso de los adolescentes, advierte la especialista, el hecho de no chequear la procedencia y la fuente de información hace que los chicos consuman y compartan información que es poco confiable y de procedencia dudosa.
La autora de "Ruidos en la web" se enfoca en ese libro en cómo interactúan los adolescentes en el mundo digital y señala que buscar información en la red es la segunda actividad más importante que realizan cuando navegan en Internet. La primera actividad es el uso de las redes sociales. El problema es que cuando realizan sus búsquedas de información en la web, ya sea para cumplir con la tarea escolar o para indagar sobre temas que les interesan en forma personal, lo más frecuente es que utilicen el primer enlace que les aparece entre los resultados del buscador. "No chequean, no comparan, y no buscan segundos y terceros sitios web", advierte Morduchowicz. Pero eso no es todo. El otro problema, asegura la especialista, es que no distinguen entre contenidos informativos y publicidad, por lo que corren el riesgo de utilizar la publicidad como si tratara de una información.
Como se dijo, el funcionamiento del sistema democrático depende, en gran medida, de la diversidad de voces que se expresan y del diálogo respetuoso que exista entre los distintos sectores de la comunidad. Sin embargo, la proliferación de información falsa que circula actualmente a través de la mayoría de las redes sociales obliga a promover el pensamiento crítico entre los jóvenes -y también entre los adultos- para que puedan de esa manera aprender a protegerse de la desinformación, que no es poca, y evitar manipulaciones, que nunca faltan. Esto no es un dato menor este año, en el que la ciudadanía habilitada para votar será convocada a concurrir a las urnas en más de una oportunidad. Una vez más, entonces, debemos rescatar la importancia que tiene para la salud de la democracia el debate respetuoso de los asuntos públicos.










