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Dar prioridad a la educación

Desde el regreso de la democracia, en 1983, hasta el día de hoy, todos los interesados en ocupar el sillón de Rivadavia para conducir los destinos del país reconocieron y reconocen que la calidad de la educación es un factor fundamental para erradicar la pobreza, reducir la desigualdad y sentar las bases para el desarrollo. Sin embargo, a la luz de los actuales indicadores educativos, es evidente que se necesita mucho más que buenas intenciones para transformar la realidad en las aulas.

Más de un centenar de organizaciones de la sociedad civil, expertos en temas educativos y personalidades de distintos ámbitos que impulsan la Campaña Nacional por la Alfabetización Inicial solicitaron formalmente a los distintos precandidatos que este año compiten para llegar a la presidencia de la República, firmar el Compromiso por la Alfabetización, una iniciativa a través de la cual se comprometen que, en caso de llegar a la Casa Rosada, darán prioridad a las políticas de alfabetización, incluyendo el apoyo técnico a las provincias y la transferencia de recursos, además de la implementación periódica de Pruebas Aprender en tercer grado que evalúen la comprensión lectora.

Es que, según el informe "Lectura y desigualdad. Comparaciones entre Argentina y América Latina", publicado por el Observatorio de Argentinos por la Educación, en nuestro país, "muchos chicos cumplen con los años de escolaridad obligatoria que determina el plexo regulatorio (particularmente la Ley de Educación Nacional 26206 de 2006), pero no adquieren los aprendizajes básicos. Aprendizajes no ya vinculados a un determinado diseño curricular, sino los mínimos para la vida en una sociedad democrática". En las conclusiones de ese trabajo, además, se observa que diferentes evaluaciones han mostrado que una alta proporción de los chicos terminan la primaria e incluso la secundaria con dificultades para comprender textos.

La actual situación del sistema educativo es tan preocupante que sería un error esperar soluciones mágicas. En su libro "La escuela bajo sospecha", Emilio Tenti Fanfani, convoca a los lectores a reflexionar a partir de una serie de interrogantes. "¿Puede pensarse hoy la escuela por fuera de las dinámicas económicas y políticas que perpetúan la desigualdad?", se pregunta el autor, tras observar que la idea de una educación para todos, aquel esfuerzo por abrir las escuelas a cada vez más niños, niñas y adolescentes, no ha logrado disminuir la desigualdad social. "Asediada por demandas excesivas y muchas veces contradictorias, la institución escolar ya no está fuera de toda sospecha, sino que pesa sobre ella una insatisfacción social difusa acerca de lo que hace", sostiene el autor.

Por su parte, Zygmunt Bauman en su libro "Los retos de la educación en la modernidad líquida" también ofrece algunas pistas sobre cómo abordar este complejo problema en la sociedad de consumo del siglo XXI. El sistema educativo actual, plantea el sociólogo, no debería dedicarse solamente al fomento de las habilidades técnicas y a las destrezas centradas en el trabajo. Debería, ante todo, "formar ciudadanos que recuperen el espacio público de diálogo y sus derechos democráticos, pues un ciudadano ignorante de las circunstancias políticas y sociales en las que vive será totalmente incapaz de controlar el futuro de éstas y el suyo propio".

Muchas veces, lamentablemente, cada vez que se debate la cuestión educativa se cae en el error de creer que lo que sucede en las aulas solo incumbe a funcionarios y docentes. Pero la educación es transversal a toda la sociedad: las empresas para funcionar y tener éxito necesitan trabajadores con una buena formación básica y es mayor la calidad de vida en las sociedades en las que todos los ciudadanos conocen sus derechos, sus obligaciones y la importancia del respeto por el otro. La ignorancia, cuando se convierte en un atajo a la hora de abordar los asuntos de interés público, genera muchos daños al conjunto de la comunidad. Ya lo dijo Alejandro Dolina cuando advirtió que la falta general de instrucción o de conocimientos es mucho más rápida que la inteligencia: "La inteligencia se detiene a cada rato a examinar; la ignorancia pasa sobre los accidentes del terreno -que son las nociones- a gran velocidad, y jamás hay nada que le llame la atención. Así llega rápidamente a cualquier parte... especialmente a las conclusiones".

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