Resistencia23°Min. 20° • Max. 31°

Leyendo a Han

Un resumen del libro "La sociedad del cansancio", del filósofo Byung-Chul Han.- Por Diego Marín*

Leyendo-a-Han2.jpg

Este reconocido pensador surcoreano nació en Seúl, en 1959, y se doctoró en Filosofía en Alemania, en la Facultad de Friburgo. Actualmente se desempeña como profesor en la Universidad de Artes de Berlín y se ha destacado por sus análisis críticos de la sociedad contemporánea, especialmente del capitalismo neoliberal, la sociedad del trabajo y el exceso tecnológico.

Es autor de dieciséis libros, pero probablemente el más relevante sea el ensayo "La sociedad del cansancio", que consta de un prólogo del propio autor y siete capítulos. Aborda temas tales como la depresión, la hiperactividad y el agotamiento (burnout) de la sociedad actual, derivadas de la sobre-exigencia de rendimiento y productividad. 

El prólogo, que se denomina "El Prometeo cansado", contiene una alegoría: Han sostiene que el sujeto del rendimiento, que se cree en libertad, se encuentra tan encadenado como Prometeo, al que considera como la figura originaria de la sociedad del cansancio. Entiende que este mito puede ser reinterpretado como una escena del aparato psíquico del sujeto del rendimiento contemporáneo, quien se violenta y libra una guerra interna contra sí mismo. Por último, Han deja establecido que el propósito del ensayo es generar una reflexión sobre el cansancio curativo, buscando un amable desarme del yo.

I

En el primer capítulo, "La violencia neuronal", sostiene que el comienzo del siglo XXI, desde el punto de vista patológico, no sería bacterial ni viral, sino neuronal: enfermedades como la depresión, el trastorno por déficit de atención con hiperactividad, el trastorno de límite de personalidad, o el síndrome de desgaste ocupacional (burnout) definen el panorama patológico de este tiempo. No están ocasionados por algo inmunológico, negativo, sino por la positividad, por lo cual no pueden ser repelidas por los mismos métodos, ya que no son agentes extraños: no puede aplicarse la lógica ataque-defensa o amigo-enemigo que determinan el procedimiento inmunológico que repele lo extraño.

Afirma que se está produciendo un cambio de paradigma en todos los ámbitos de la vida, desapareciendo la otredad y la extrañeza, que es una categoría fundamental de la inmunología: la dialéctica de la negatividad. Actualmente, según su criterio, los estados patológicos son atribuibles a un exceso de positividad, de lo idéntico, que no conduce a la formación de anticuerpos; y en un sistema dominado por lo idéntico, no tiene sentido fortalecer las defensas del organismo.

Ese exceso de positividad, desde el punto de vista neuronal, es violento, causado la superproducción, el superrendimiento o la supercomunicación, y se traduce en fatiga, agotamiento y asfixia ante la sobreabundancia.

La violencia de la positividad no presupone ninguna enemistad, en el sentido de enemigo externo, como lo concebía Baudrillard, sino que se despliega en una sociedad permisiva y pacífica. Es, por eso, menos visible que la violencia viral, ya que no se produce la polarización amigo-enemigo, adentro-afuera o propio-extraño.

Señala que la positivización del mundo permite la formación de nuevas violencias, inmanentes al sistema mismo y, por ello, no suscitan resistencia inmunológica. La violencia no es privativa, sino que satura; no es exclusiva, sino exhaustiva; por lo tanto, inaccesible a una percepción inmediata. No parte de una negatividad extraña al sistema, sino que es sistémica. Tanto la depresión como las otras dolencias indican un exceso de positividad, un colapso del yo, que tiene su origen en la sobreabundancia de lo idéntico. En la masificación de la positividad.

II

El segundo capítulo, "Mas allá de la sociedad disciplinaria", deja sentada su convicción de que la sociedad disciplinaria que describió Foucault, de hospitales, cárceles, psiquiátricos, cuarteles y fábricas, ya no se corresponde con la sociedad actual, invadida de gimnasios, torres de oficinas, bancos, aviones, centros comerciales y laboratorios genéticos. La sociedad del siglo XXI ya no es disciplinaria, sino una sociedad de rendimiento. Los sujetos son emprendedores de sí mismos.

La sociedad disciplinaria es una sociedad de la negatividad, definida por la prohibición, mientras que la de rendimiento es de la positividad, donde los proyectos, iniciativas y motivación reemplazan las prohibiciones, el mandato y la ley. Para Han, la negatividad genera locos y criminales, y la positividad, depresivos y fracasados.

A pesar del cambio, el inconsciente social se mantiene en torno al afán de maximizar la producción, pero la técnica disciplinaria ya no basta, tiene un límite, entonces se da paso al paradigma del rendimiento. Se pasa del deber al poder, pero sin anular la conciencia del deber. Se produce una continuidad en un nivel determinado. El sujeto de rendimiento es más efectivo, más rápido que el de la obediencia. El poder eleva su productividad, pero obtenida con la técnica disciplinaria del imperativo del deber.

Según Han, lo que provoca la depresión por agotamiento es la presión por el rendimiento. El hombre depresivo es un animal laboral que se explota a sí mismo, voluntariamente, sin coacción externa. Es verdugo y víctima, se encuentra en guerra consigo mismo. La depresión es la enfermedad de una sociedad que sufre por el exceso de positividad. El sujeto de rendimiento está libre de un dominio externo que lo obligue a trabajar o que lo explote. La explotación por sí mismo es más eficaz (para el poder) que la explotación por otro, porque va acompañada de un ilusorio sentimiento de libertad.

Las enfermedades psíquicas de la sociedad de rendimiento constituyen las manifestaciones psicológicas de esa libertad paradójica.

III

En el tercer capítulo, "El aburrimiento profundo", afirma que el exceso de positividad se manifiesta como un exceso de estímulos, informaciones e impulsos que modifican la estructura y la economía de la atención. El aumento de la carga de trabajo requiere una particular técnica de administración del tiempo y la atención, que repercute en la estructura de la última, lo que constituye una regresión a un estado salvaje, donde las acciones de supervivencia son las prioritarias. La preocupación por una buena vida, que también implica una convivencia exitosa, cede progresivamente a la preocupación por la supervivencia.

Por otro lado, sostiene que los logros culturales de la Humanidad, a los que pertenece la Filosofía, se debieron a una atención profunda y contemplativa del hombre, que es la que queda de lado en estas condiciones. Además, la atención no solo se encuentra dispersa, sino también afectada por una carencia de tolerancia al hastío, al no admitirse el aburrimiento profundo, de vital importancia para el proceso creativo. 

IV  


Leyendo-a-Han3.jpg

En el capítulo cinco, "Vita Activa", Han se dedica a criticar la posición que Hannah Arendt expone en su libro "La condición humana", en cuanto rehabilita la supremacía de la vida activa contra la primacía tradicional de la vida contemplativa, sosteniendo que su explicación sobre la victoria del animal laboral no resiste una revisión que se atenga a los desarrollos sociales más recientes y no se corresponden con las observaciones que se pueden hacer en la actual sociedad del rendimiento.

Sin perjuicio de ello, remarca unas contradicciones que, a su juicio, comete Arendt, en cuanto reconoce que, aunque el futuro del mundo dependa del poder de los hombres en acción y no del pensamiento, este, no obstante, no será irrelevante para el ser humano, puesto que es la más activa de las actividades de la vida activa y supera a todas las demás en su puro ser activo.

También afirma que Arendt no se percata de que la pérdida de la capacidad contemplativa está vinculada a la absolutización de la vida activa que es, precisamente, corresponsable de la histeria y el nerviosismo de la moderna sociedad activa.

V

En el capítulo "La pedagogía del mirar", citando a Nietzsche, recuerda que hay que aprender a mirar, pensar, hablar y escribir. Aprender a mirar significa "acostumbrar el ojo a mirar con calma y con paciencia, a dejar que las cosas se acerquen al ojo", es decir, educar al ojo para una profunda y contemplativa atención, para una mirada larga y pausada, lo que interpreta como una reivindicación de la vida contemplativa por parte de Nietzsche.

Aclara que la vida contemplativa no consiste en la pasividad, en decir "sí" a todo lo que viene y lo que sucede. Antes bien, opone resistencia a los impulsos atosigantes que se imponen. En ese sentido, reivindica la "rabia", una facultad capaz de interrumpir un estado y posibilitar que comience uno nuevo; no el enfado, el enervamiento, ya que no abren la posibilidad de ningún tipo de cambio decisivo, puesto que uno se enfada incluso ante lo inevitable. La rabia es un estimulante para un cambio social y no simplemente expulsada como odio o depresión.

También reivindica la potencia negativa del no-hacer, de decir "no", el cual es un rasgo característico de la contemplación, que libera al sujeto de algo atosigante. Además, cree que la negatividad del "no" constituye un proceso extremadamente activo, con el cual se alcanza un punto de soberanía. 

VI

El capítulo "El caso Bartleby" está referido a un personaje literario del escritor Herman Melville ("Bartleby, the Scrivener"), que Han utiliza como ejemplo crítico de la sociedad actual, en cuanto a las condiciones laborales que someten al agotamiento en pos de la productividad, causante de la pérdida del bienestar. El personaje se opone tibiamente a las exigencias de rendimiento desmedido con la frase "preferiría no hacerlo", sin enfrentar directamente la situación, hasta ser aislado y encarcelado hasta su muerte por inanición, en medio de un evidente deterioro psicológico.

VII

En el último capítulo, que coincide con el título de la obra, "La sociedad del cansancio", Han afirma que la sociedad del rendimiento, como sociedad activa, está convirtiéndose paulatinamente en una sociedad de dopaje, lo que hace posible un rendimiento sin rendimiento a través del uso de sustancias. El ser humano en su conjunto convertido en una "máquina de rendimiento", cuyo objetivo es el funcionamiento sin alteraciones y en su máxima expresión.

El cansancio de la sociedad de rendimiento, producto de las exigencias externas, es un cansancio a solas, que aísla y divide, y violento, porque destruye toda comunidad y cercanía, incluso el uso del lenguaje.

Este cansancio se contrapone al cansancio elocuente, que toma de la obra "Ensayo sobre el cansancio", de Peter Handke, con el que se es capaz de mirar y reconciliarse, "un cansancio que da confianza en el mundo", que restaura la dualidad del yo y el otro, uno ve y es visto, y que hace posible detenerse y demorarse. Este cansancio inspira, se refiere al "no-hacer", y permite un sosiego especial. Es un cansancio despierto, una forma de salvación y rejuvenecimiento.

La cosa en este cansancio fundamental no aparece nunca sola para sí, sino siempre junto con otras, y aunque solo son pocas cosas, siempre están juntas, fundando una profunda cordialidad, haciendo posible la concepción de una comunidad que no precisa pertenencia ni parentesco. El cansancio de Handke no es un cansancio del "yo", sino del "nosotros", de potencia negativa, un entretiempo sin trabajo, un tiempo de juegos, es el día del cansancio.

La comunidad del Pentecostés, que inspira al "no-hacer", se opone a la sociedad activa, "cansada sin excepción". Ésta, dice Han, sería una sociedad de los cansados en sentido especial, y concluye: "Si la comunidad de Pentecostés fuera sinónimo de la sociedad futura, entonces la sociedad venidera podría denominarse sociedad del cansancio".

Consideraciones finales 

Entiendo que Han describe una secuencia de la evolución social a partir de considerar que se produjo un tránsito de la sociedad disciplinaria, con predominio de la represión, a una sociedad de rendimiento, en la cual prima la libertad y los hombres pasan a ser dueños de su destino, a la vez esclavos de sí mismos.

También hace un diagnóstico de las enfermedades mentales de la modernidad, con especial énfasis en la depresión y en el síndrome de desgaste ocupacional (o burnout, o síndrome de cabeza quemada), relacionadas con esa forma de vida, donde se prioriza el trabajo y el éxito que, en definitiva, terminan provocando malestar y pérdida de calidad de vida.

Se desprende que aquel cambio estaría propiciado por el poder (económico), para superar el estancamiento productivo derivado del agotamiento de las posibilidades opresivas. Así, con la supresión de la dependencia directa, se confiere una sensación de libertad que estimula a los trabajadores a aumentar su rendimiento personal y la producción, ya que lo harían en propio beneficio, con lo cual se convierten en personas sobre-exigidas, ya no por un tercero, sino por sí mismas, es decir, auto explotadas, por un afán desmedido de éxito y crecimiento, a consecuencia de lo cual devienen las conductas que, posteriormente, las conducen al colapso psicológico. 

Si bien resulta un libro desesperanzador, entiendo que en su párrafo final esboza una suerte de visión optimista, al considerar como posible que "la sociedad del cansancio del futuro", si adopta a "la comunidad del Pentecostés" como ejemplo del no-hacer compulsivo, puede desarrollarse en sentido del cansancio elocuente o fundamental, que contempla el no-hacer como contrapartida a la actividad compulsiva y a la productividad desmedida, al exceso de individualismo, propiciando solo la realización de la actividad necesaria, la consideración del otro y de la comunidad, y el ocio y la contemplación como método de vida.

Ese sería, en términos generales, el esquema de Han, aunque no pareciera que la situación que describe se presente en todas las clases sociales ni en todos los países del globo, no al menos en la Argentina, donde no puede decirse que exista una sociedad de rendimiento de magnitudes apreciables, ni que la mayoría de los habitantes dispongan de una gran libertad de decisión y de posibilidades para la autorrealización. Probablemente, se trate de una situación observable en las clases acomodadas de Europa, donde Han reside y enseña. 

Finalmente, resulta particularmente novedosa la visión que expone en torno a que la mayoría de las enfermedades a las que hoy se enfrenta el mundo son auto-infligidas, no por la negatividad, sino derivadas del positivismo que podría suponer el afán de obtener siempre un poco más. 

*Abogado. Autor de la novela judicial "El Jurado Siete (7)".

Te puede interesar