Resistencia31°Min. 21° • Max. 31°

Infancias en el mundo digital

Es frecuente observar en redes sociales que personas adultas comparten fotos de hijas e hijos menores de edad en la intimidad de sus hogares. Si bien esa práctica en sí misma no es objetable, si se entiende que estas nuevas plataformas cumplirían la función que tenían los viejos álbumes de imágenes familiares, la diferencia con el antiguo sistema de fotos en papel es que la digitalización expone los rostros de los chicos en un espacio público que no conoce límites.

La práctica de compartir fotos de niños, niñas y adolescentes hoy puede resultar inocente, pero resulta difícil predecir el impacto que podría tener en el futuro ese cúmulo de información personal que se comparte inocentemente en distintas plataformas como Facebook, Instagram, Tik Tok o Twitter. No son pocas las voces que advierten que hasta ahora no hubo en el mundo otra generación de niños tan expuestos a la luz pública. De hecho, se ha acuñado el término sharenting, que viene del inglés sharing (compartir) y parenting (crianza), para hacer referencia a este nuevo fenómeno que, al parecer, tiene cada vez más adeptos en todo el mundo.

La revista científica International Journal of Environmental Research and Public Health, publicó una investigación que observa que una creciente exposición de menores en redes sociales podría tener consecuencias negativas en la privacidad, seguridad y autoestima de los niños. Por otra parte, estudiosos del problema consideran que lo más prudente es preservar a la niñez y la adolescencia de una alta exposición en el espacio virtual, teniendo en cuenta que recién comienzan a definirse los alcances de la identidad digital de las personas en un mundo cada vez más interconectado. Cabe aclarar que se define como identidad digital a todos los datos que identifican a una persona en un entorno en línea y que, de alguna manera, contribuyen a formar la opinión que la sociedad tiene de esa persona. Por otra parte, en este nuevo escenario surgen nuevos interrogantes. ¿Cómo proteger esa identidad digital? ¿Qué implicancias puede tener en un futuro cercano que las fotos de nuestros hijos estén en la red, cuando sabemos que ya existen sofisticados programas de reconocimiento facial a los que solo les alcanza con detectar la imagen de un rostro para validar ciertas operaciones? ¿No es esto, acaso, un argumento suficiente como para empezar a tener más cuidado con las imágenes de los niños que subimos a las redes?

En la página web oficial del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos de la Nación se explica que si bien no se puede afirmar, en forma contundente, que sea peligroso que se compartan imágenes y videos de hijas e hijos en el mundo virtual, es importante que los adultos sepan que en internet las imágenes de las personas menores pueden usarse para grooming, pedofilia, ciberbullying, robo de identidad y para el robo de datos personales. En ese sentido, se advierte además que las imágenes que se suben a las redes sociales sin el consentimiento de las hijas e hijos generan una huella digital que queda asociada a sus datos personales. Todo lo que se publica forma parte de la reputación en línea de los menores. Por otra parte está la cuestión relacionada con las publicaciones que los mismos chicos suben a las redes. Sobre ese asunto, el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia sostiene que el uso de las nuevas tecnologías por parte de las nuevas generaciones puede volverse problemático si no se les ofrece un acompañamiento adecuado. Según Unicef, los jóvenes son el grupo de edad más conectado del mundo (71%) y su interacción con la tecnología empieza cada vez más temprano. La organización de la sociedad civil Faro Digital que promueve un uso reflexivo y críticos de las tecnologías digitales señala que los padres no solo se encuentran con la dificultad de controlar el tiempo de conexión de sus hijos sino que, además, se ven ante el enorme desafío de cuidarlos de los riesgos propios que pueden encontrarse en la web. En ese sentido, la entidad observa que la red Internet es, por cierto, un espacio público con problemas concretos para los niños, como podrían ser el contacto con extraños, el contenido inapropiado o prácticas discriminatorias.

Te puede interesar