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Mariano Quirós presenta Nuestra hermana de afuera

El destacado y reconocido escritor chaqueño estará en Corrientes y en Resistencia para dar a conocer su más reciente novela. Además anticipamos un fragmento del libro.


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Mariano Quirós presentará su nuevo libro el jueves 27 de julio en la librería Capitulo 1, Pellegrini 1435 - Corrientes. En esa ocasión lo acompañarán Pablo Black y Fernando Abelenda.  En tanto el sábado 29 la presentación serán el Bar Tiempo, Arbo y Blanco 268 en Resistencia. Ese día lo acompañarán Juan Solá y las canciones llegarán de la mano de Germán Parmetler.


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Nuestra hermana de afuera, nuevo libro de Mariano Quirós.

Nuestra hermana de afuera - Fragmento

I.
Bajaron del micro, las dos, con las vejigas infladas. De puro remilgadas, no habían querido usar el baño químico y ahora las abrumaba la urgencia. Esperar a que les entregaran las valijas fue un suplicio.
—No llego —dijo Clara.
Cuando al fin pudo sentarse sobre un inodoro —antes envolvió la tapa con papel higiénico, una medida absurda y de salubridad improbabl —, descubrió que ya se le había escapado más de un chorrito.
La terminal de Retiro —ellas la conocían bien, viajaban seguido a Buenos Aires— era tan fea como incómoda. Se instalaron en la cola a la espera de un taxi y cada una se prendió un cigarrillo. El viaje había sido demoledor; entre las paradas obligadas y los achaques imprevistos del micro —bajones de batería, un humo sospechoso brotando desde el fondo—, cualquier posible buen humor se les había evaporado.
Había en el ambiente una humedad gomosa y, quizás por eso, el humo de los cigarrillos quedaba 10 estático sobre ellas y sobre sus vecinos en la cola del taxi. Fue una mujer la primera en quejarse.
—No se puede fumar en espacios públicos —dijo.
Atenta al avance lento de la cola, Clara no advirtió el reclamo, pero Nadia sí. Se llevó, provocadora, el pucho a los labios y lo chupó con fruición; después cerró los ojos, elevó el mentón y soltó el humo en una exhalación suave pero intensa. Esta vez la queja vino de un chico, un muchacho que, Nadia calculó, tendría la edad de su hija menor, unos veintitrés, veinticuatro años.
—Señora —dijo el chico—, el humo molesta.
Recién entonces Clara se percató del asunto y a punto estuvo de apagar el cigarrillo, pero Nadia se le adelantó y, agarrándola de un brazo, le obstruyó cualquier posible movimiento. Después miró al chico a los ojos y le habló en un tono de voz grave:
—Tengo cáncer —le dijo—, no me rompas las pelotas.

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