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OPINIÓN

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"Para dir... hay que dir a ganar" (Felipe Bittel)


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Juan Manuel "Carancho" Ramírez

Sobre el campo nacional y popular sobrevuelan los buitres de las grandes corporaciones financieras que apuntan sin piedad con sus mensajes mediáticos, para destruir el alma y el nivel de conciencia de los cuadros políticos, de la militancia y también de la dirigencia.

 Sobre la dirigencia chaqueña del justicialismo recae la principal responsabilidad de estrechar filas para evitar la derrota política que puede significar la pérdida de la conducción del estado provincial.

"Para ‘dir’ hay que ‘dir’ a ganar", decía el escribano Bittel, que en tiempos de la Resistencia y el Regreso, supo unirse al canillita de El Zapallar para transformar un peronismo perseguido, partido y castigado, en una máquina festiva, de victoria y recuperación democrática. 

Unidos vencieron. Dejaron de lado sus aspiraciones hegemónicas y fueron leales a nuestro conductor. Uno fue fiel a su naturaleza de político de raza y en horas aciagas le puso el pecho y la firma al documento central por los derechos humanos, mientras que el otro —con el corazón partido— se iba de este mundo con una remuda de ropas y el reconocimiento de la militancia peronista.

Hoy las bases del peronismo chaqueño —y su militancia— miran exigentes a los nuevos compañeros que construyeron proyectos orgánicos, distantes y confrontados, que se encaminan con más o menos acompañamientos cuantitativos a dejar las banderas del peronismo chaqueño arrebatadas por un radicalismo que al doblarse ante la derecha minoritaria, regresa entablillado por los pensadores del liberalismo financiero, sin los condimentos nacionales y populares de Alem, Irigoyen, Balbín o Alfonsín.

Debemos llamarles la atención a los dos emergentes políticos que dio el peronismo en este nuevo milenio y recordarles que en sus comienzos andaban de la mano intercambiando figuritas y sueños. Era la etapa de la hegemonía rozista. Uno venía de un hogar peronista y fue fiel al regazo maternal que políticamente abrevó en Evita los sueños de la mujer chaqueña, sufrida y humilde, militante. La nombro: Betina Vázquez, y el otro de unos padres campiriños de la montenegrina. Trajo de Picada Moreno su apego al trabajo y la fuerza de la alzaprima y una computadora que le enriquecía su camino político. Ambos son astillas de un mismo palo y cada uno de ellos tiene derecho a soñar y construir su destino. Pero "nadie puede realizarse en un peronismo que no se realiza". 

Hay que respetar los números, decía Scalabrini Ortiz. Y nosotros podríamos agregar que hay que respetar los sueños y las esperanzas del pueblo peronista, que les reclama a estos compañeros un gesto de unidad para marchar alegremente a la madre de las batallas democráticas. Como cuando empezaron a dar los primeros pasos para reconstruir la esperanza del cordón pobre del Gran Resistencia, donde uno facilitaba los medios y el otro recorría los descampados sociales agitando las banderas de sus mayores.

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