Pobreza estructural
Los altos niveles de inflación colocan a una importante porción de la población al borde de la pobreza. Pero si esa situación es preocupante, más grave es el problema de la amplia franja que vive en una situación de pobreza estructural, es decir, aquella de la que resulta muy difícil salir y que se reproduce entre generaciones.
El último informe elaborado por el Observatorio de la Deuda Social Argentina (ODSA) de la Universidad Católica Argentina (UCA) advierte que la inseguridad alimentaria, reducción involuntaria por razones económicas de la porción de comida y la percepción de experiencias frecuentes de hambre, alcanza al 18,6% de los hogares del país.
El informe, titulado "Radiografía de la pobreza en Argentina: privaciones sociales y desigualdades estructurales", señala además que la recomposición no llega a alcanzar los niveles de 2018 (16,5%) y que la brecha entre inseguridad alimentaria total y severa tiende a incrementarse a partir de 2018, año en el que "la aceleración inflacionaria marcó niveles altos definiendo una tendencia sostenida en general y para los precios de los alimentos en particular, todo esto en un contexto marcado por el estancamiento en la generación de empleo registrado".
Según datos del Indec, la pobreza subió a 39,2% en el segundo semestre del año pasado. Se trata de cifra muy alta, por cierto. Pero lo más preocupante es la persistencia de la pobreza estructural, es decir, el fenómeno que combina necesidades básicas insatisfechas, viviendas precarias, convivencia familiar en condiciones de hacinamiento y servicios sanitarios mínimos entre otros problemas muy graves. Pero más allá de las frías estadísticas, hay que decir que detrás de estas cifras hay familias que sufren.
El matemático estadounidense, John Nash, especialista en teoría de juegos y premio Nobel de Economía demostró que en ciertas circunstancias si las personas compiten pensando solo en obtener su propio beneficio, al final todos, o la mayoría de los jugadores, pueden perder. Pero, además, mediante fórmulas matemáticas Nash explicó que cuando los individuos participan de una competencia en la que el objetivo es la búsqueda del beneficio del conjunto, aumenta en forma notable las posibilidades de que el resultado favorezca a todo el grupo.
Como sociedad, deberíamos aprender de esa enseñanza y buscar alternativas innovadoras para combatir este flagelo, sin olvidar, por supuesto, que también serán necesarias políticas públicas y una mayor calidad en la gestión para generar más empleos de calidad.
En el libro "Por qué fracasan los países", cuyos autores son el economista turco, Daron Acemoglu y el politólogo británico James A Robinson, se señala que la prosperidad de una nación no se debe al clima, a la geografía o a la cultura, sino a las políticas que emanan de las instituciones de cada país.
Por eso, aseguran, los países no podrán conseguir que sus economías crezcan hasta que no cuenten con instituciones que desarrollen políticas acertadas. Los autores destacan las ventajas logradas por aquellas naciones que promueven la participación ciudadana en la toma de decisiones. Según el estudio comparativo que realizaron Acemoglu y Robinson para sostener sus hipótesis, cuanto más saludable es la democracia más opciones tienen las comunidades para progresar.
Pero hay otro detalle: afirman que cuando el poder está repartido, cuando hay acceso a la justicia e igualdad de trato para todos los ciudadanos, cuando el pluralismo y Estado de derecho son palpables, se generan vínculos que conducen a un mayor desarrollo de la sociedad en su conjunto. Robinson lo expresa de manera muy clara: demasiada desigualdad es corrosiva para la sociedad.
La pobreza estructural está también relacionada a la falta de acceso a la educación y a la carencia de recursos materiales para continuar con los estudios. Ambas dificultades son factores que perpetúan la pobreza de una generación a otra. A esto debe sumarse el hecho de que la falta de empleo o la precariedad laboral dificultan aún más la salida de la pobreza.
Por último, se debe tener presente que la reproducción intergeneracional de la pobreza no solo afecta a los individuos de una comunidad, sino que también tiene repercusiones en toda la sociedad, tanto a nivel social como económico. Es de esperar, entonces, un mayor compromiso para luchar contra la pobreza estructural y que se avance con medidas concretas para lograr una sustancial mejora en el acceso a la educación y la promoción del empleo.










