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Maldito lawfare

Cecilia Stryzowski es un nombre que cinco semanas atrás nadie conocía -excepto su entorno personal- y que hoy es el centro de gravedad de una conmoción que no cesa y cuyos resultados permanentes son imposibles de predecir. ¿Será diferente el Chaco cuando todo esto se vuelva historia? ¿O será solo el tramo disruptivo de un viaje que básicamente seguirá por los mismos rumbos de siempre?

Mientras tanto, todo el caso de la desaparición de la joven impacta, sorprende y espanta. Por sus aspectos centrales pero también por sus detalles. Por lo que se dice y por lo que se calla. Por las respuestas que van apareciendo y por los interrogantes que continúan dejando agujeros en el rompecabezas. También, y mucho, por sus protagonistas.


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Marcela Acuña el 8 de junio, frente a la comisaría Tercera. Detrás, César Sena.

LA PANTALLA

En cualquier relato de ficción hay personajes que dominan la escena y atraen, como si fuesen imanes, la atención de los observadores. Sucede, sobre todo, en las obras de teatro y en las producciones cinematográficas. Hay alguien que "se roba" el espectáculo, y no necesariamente es el actor o la actriz de mayor jerarquía en el elenco.

Sucede también en la realidad. En el caso Cecilia, ese personaje es Marcela Acuña. Por una combinación de cualidades y maneras propias, es la figura que se destaca sobre el resto en esta novela macabra. No hay dudas, de que opaca al principal imputado de la causa penal, su hijo César Sena, pero lo que sorprende es que incluso deja convertido en un dibujo borroso al mismísimo Emerenciano. Es, quizás, una estrategia para salvar al capo piquetero, quien -durante la única vez que habló ante la fiscalía- se presentó como un hombre incapaz de enterarse de que en su casa se le quita la vida a una persona, se la secciona en pedazos y se queman parte de sus pertenencias mientras desfila otra gente encargada de limpiar la escena del crimen y retirar los restos de la víctima. Pero sí, Emerenciano es por ahora casi un actor de reparto, un extra sin primeros planos ni parlamento.

Marcela, en cambio, se mueve como una jefa. Ella sí llena la pantalla, incluso desde antes de su detención, cuando la desaparición de Cecilia dejaba abierta todas las posibilidades. El 10 de junio, cuando por primera vez la justicia allanaba su casa de la calle Santa María de Oro, se mostró indignada "por todo este circo que se armó". Ante los cronistas que lograron hablar con ella en aquella siesta soleada, no dudó en descalificar la investigación: "Esto es político, muchachos. ¿Qué pasaría si Cecilia aparece en una semana? ¿Qué hago yo con todo esto?" Y trató de ensuciar a Gloria Romero, la madre de Cecilia. "En una situación así yo no culparía a una persona tan buena y dulce como César; a ella evidentemente alguien le está pagando", dijo Marcela, la misma que algunos días después declararía antes los fiscales que el viernes 2 de junio vio "un bulto" en su casa y pensó "que podía ser un cuerpo". La misma que ahora, en su abundante producción epistolar como detenida, sugiere que ella y Emerenciano están presos debido únicamente a que el bondadoso César no da el paso de confesar el crimen. "Solo el que mi hijo César diga la verdad de lo sucedido hará que podamos tener más expectativas de lograr la libertad", escribió de puño y letra. Extrañamente, ahora los tres tienen el mismo abogado defensor.

TRANSICIONES

Acuña demuestra una capacidad inmensa para mostrarse como quiere ser vista. Aquel día del allanamiento quería verse indignada, y lo logró. Se la veía tan auténticamente enojada por la invasión de peritos y policías a su domicilio que hizo pensar a más de uno en que, sí, quizá había un margen para que Cecilia "apareciera en una semana". Y avisó que cuando eso pasara iba a demandar a todos los medios por haber difundido las sospechas sobre su familia. Dejó un margen para la compasión: "Por supuesto, somos católicos", contestó cuando le preguntaron si pese a tantas ofensas sería capaz de aceptar un encuentro con Gloria Romero.

Ahora, en sus cartas, Marcela cambió algunas cosas. César ya no es ni bueno ni dulce, sino un hijo que incurre en el doloroso egoísmo de evitar una confesión aunque eso les cueste a sus padres la libertad. La indignación también tuvo algunas correcciones, pero la autovictimización continúa: "De a ratitos siento tanta impotencia. ¿Cómo en cuestión de semanas fueron por todo? Utilizando de excusa este caso, donde siempre se supo que fue pasional y que mi hijo fue el responsable, no nosotros. ¿Será que el ser padres nos señala como criminales? ¿El ser piqueteros? ¿O bien todo lo que hicimos denodadamente por la gente". Un cristianismo controversial, porque si "siempre se supo" que César había asesinado a Cecilia, ¿qué clase de acto de amor fue negar el homicidio y de paso ensuciar a una mujer de la que sabía que buscaba en vano a su hija?

SIN MP3

También dispara contra el fiscal Jorge Cáceres Olivera ("sigue ninguneándonos, culpando a ambos de un hecho diabólico del cual no tenemos absolutamente nada que ver") y se equipara a quienes sufren la denegación de justicia por falta de recursos. "Me parece que estamos en un laberinto sin salida y esta justicia injusta lo único que hace estacar pobres. Sí, pobres. Porque tenemos la dignidad de decir que nos manejamos con lo que ganamos".

"¿Por qué, si fue César (mi hijo) responsable, nos incriminan a nosotros? Creo que por muchos motivos, principalmente la grieta que vivimos como patria, nosotros somos parte de una generación nueva junto con Emerenciano", plantea en otro párrafo, y dice no dudar de que ella y su esposo están tras las rejas por "una causa armada desde el partido judicial y radicales".

"Encontraron -dice- el punto exacto para atacarnos en serie a Emerenciano, a lo que él significa, y a Capitanich, en un escenario electoral, donde lo que tienen son los grandes medios a su favor, y una justicia de calzoncillos flojos que, indudablemente, influenciados por los grupos económicos que manejan los grandes medios, no dudó en encerrarnos y prenderse a los desmanes del falso periodismo".

Marcela no omite denunciar que la fiscalía le impidió recibir libros ("uno de Montesquieu y otro sobre el Proyecto Nacional y Popular donde se levanta la figura de Cristina Fernández, nuestra vicepresidenta") y "un MP3 con música clásica".

TALLE UNIVERSAL

Lo que asombra, pero no tanto, es que el kirchnerismo, en sus versiones más extremas, repite los mismos argumentos para justificar las más diversas situaciones. El "partido judicial", la oposición, los medios, los grandes grupos económicos, que conspiran constantemente. Una prenda de talle universal con la que vestirse siempre de víctima y jamás de victimario, que sirve a uno y otro lado de las rejas.

Si uno se olvida por un momento de quién es la autora de los textos citados en esta página y le quitara las alusiones a las particularidades del caso, se encontraría con una gran dificultad para saber si lo dijo Marcela Acuña, Alberto, Cristina, la liga de gobernadores, el gremialismo alineado o algún bloque de legisladores. Porque es lo que se dice todo el tiempo para todo: para negar responsabilidades propias en el atraso social y económico, en el incremento de la pobreza, en la locura inflacionaria, en el ahogo de la clase media o en la desaparición de una joven.

Ese maldito lawfare que busca arruinarles la existencia a tantos batalladores del bienestar popular. Para colmo, con el agravante de que una sociedad incapaz de entender cuál es la verdad insulta en vez de aplaudir, como pudieron constatar los Sena en sus visitas al Hospital Perrando durante la semana que pasó.

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