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OPINIÓN

El café estaba frío

Sentado en el bar, sentía que la ciudad se escurría lánguida, como si la tarde y el frío dispusieran a su antojo de las actividades urbanas.

De pronto, la mesa contigua adquiere un color especial, dos jóvenes parejas, con tres niños a cuestas, ponían la cuota vital a esa postal apacible.

Casi al instante sus voces dejaron de ser confusas para copar de certezas el metro cuadrado y los alrededores. Mientras las mujeres atendían a los pequeños, los varones hablaban de "cosas de hombres", o al menos así lo sugería una explícita división de tareas, ellas atentas a sus hijos, y ellos enfrascados en asuntos de aparente trascendencia.

Si fuera teatro estaríamos ante una ilustrativa obra sobre el "machismo argentino", pensé.

—Te repito —decía uno de los muchachos apenas mayor de treinta años— Polini no logró entrar en Resistencia, pero con Zdero tenemos asegurada la elección.

—Lo importante es el día después, hay que actuar con rapidez... si no el "cambio" se va en amagues.

La charla "femenina" era un murmullo en el que sólo destacaban las referencias al comportamiento de les niñes. La otra, entretanto, se encrespaba al ritmo de las futuras medidas de "nuestro gobierno". Un detalle de estos días me llamó la atención: el drama de la desaparición de Cecilia y la profusa narrativa de los medios sobre el tema brillaban por su ausencia.

Luego, al calor del repaso del programa de gobierno que pensaban aplicar, comprendí que estaba ante dos dirigentes del arco opositor, no eran "simples" vecinos de la ciudad.

Casi eufóricos por lo que consideraban un inminente triunfo, desglosaron un ramillete de soluciones radicales para los problemas provinciales y nacionales.

Privatización de empresas públicas, reducción de personal, flexibilización de contrataciones y despidos —aunque esto último amortiguado por un "seguro de desempleo tipo la Uocra", tercerización de obras (una remake de la fracasada participación público-privado)—, regulación de la protesta ("que nos dejen trabajar", acotó uno de ellos, que comparaba la venta de un "equipo de terneros" con "la voracidad fiscal").

Era, en definitiva, un retorno a la generación del 80 del siglo 19. La política en formato patronal y patriarcal encarnada por jóvenes...la peor pesadilla.

Me busca mi hijo; mientras me levanto, él los saluda.

—¿Quiénes son? —pregunto acongojado.

 —Después te digo —respondió, y se dirigió hacia el auto.

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