¿Un bien cada vez más escaso?
La crisis hídrica que afecta a la ciudad de Montevideo, Uruguay, con reservas de agua potable que registran mínimos históricos no es la excepción en un planeta que siente cada vez más los efectos del cambio climático y las prolongadas sequías. Según la ONU, cerca de 2000 millones de personas hoy no tienen garantizado un acceso seguro al agua potable en todo el mundo. Y lo que es peor, esa cifra aumentará en las próximas décadas por la combinación del aumento de la población global y el aumento de las temperaturas globales.
Expertos de la Organización de Naciones Unidas vienen alertando de que en los próximos años el cambio climático aumentará la escasez de agua dulce y el riesgo de sequías prolongadas en distintas regiones del planeta. Por su parte, la FAO advirtió que en América Latina la disponibilidad de agua por habitante ha disminuido en un 22 por ciento en las últimas dos décadas. Pero no son las únicas voces que vienen avisando del problema. También el Foro Económico Mundial considera que las crisis del agua están entre las cinco primeras amenazas para el planeta, según la lista de Riesgos Globales que elabora cada año. Hay más: en el año 2008, el gobierno de los Estados Unidos recibió el informe "Tendencias mundiales 2025: un mundo transformado", preparado por el Consejo Nacional de Inteligencia donde ya se advertía que "la falta de acceso a suministros estables de agua está llegando a proporciones sin precedentes en muchas regiones del mundo" y alertaba de que la rápida urbanización y crecimiento de la población en algunas naciones podría agravar la situación.
La prolongada sequía que afecta a Uruguay, que amenaza la continuidad en el suministro de agua potable en la capital del vecino país, revela hasta qué punto el incremento en la frecuencia de eventos extremos en la región con períodos más largos de sequías obliga a adoptar nuevas estrategias para reducir el impacto de estos fenómenos. Es que lo que está en juego es nada más ni nada menos que el agua potable, es decir, la base de todas las actividades fundamentales del ser humano.
Hoy podemos ver el caso de Montevideo, que padece la sequía más severa de la que se tiene registro en Uruguay en los últimos 50 años. Pero crisis similares ya se produjeron en otros países como Sudáfrica, donde el bajo nivel de reservas de agua apta para consumo humano (producto de tres años consecutivos de sufrir la falta de lluvias) obligó, en 2018, a interrumpir el suministro normal del líquido elemento en áreas residenciales de Ciudad del Cabo, la segunda ciudad más poblada de ese país. Este año en España, por ejemplo, los embalses del sur de Cataluña, una de las comunidades autónomas más afectadas por las sequías en la península ibérica el nivel de reservas de agua se ubicó el mes pasado por debajo del 25% de su capacidad total, producto de un año extremadamente seco, agravado por un primer trimestre del año muy caluroso en el sur de Europa, con temperaturas cercanas a los 40 grados. Portugal también padece una situación similar y en Francia las autoridades impusieron restricciones para el uso de agua potable en algunas regiones. En el departamento de Pirineos Orientales, por ejemplo, se autorizó a los bomberos a utilizar el agua de piletas de natación privadas para garantizar las reservas que se usan en casos de incendios.
En agosto del año pasado, las sequías se hicieron sentir en el oeste de Estados Unidos y en varios países de Europa, África y Asia. La falta de lluvias y jornadas de altas temperaturas obligaron a declarar el estado de emergencia en ciudades del Reino Unido, Francia, Alemania, Portugal y Polonia. La población del norte de África, en tanto, sufrió en 2022 la peor escasez del líquido elemento del último medio siglo. Un informe del Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC) alertó por esos días que las sequías se volvieron más frecuentes en muchas regiones, afectando actividades como la agricultura y la producción de energía en centrales hidroeléctricas. El documento, además, observó que cerca de la mitad de la población mundial sufre una grave escasez de agua en algún momento del año. Todos estos datos muestran la creciente importancia que tienen las políticas públicas orientadas a garantizar el acceso al agua potable para toda la población y las medidas que se adopten para asegurar que el recurso sea gestionado de manera sostenible.










