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El delay

En algunas entrevistas que vemos por los canales de televisión, podemos notar que, por ejemplo, el periodista hace la pregunta, y queda un silencio, una espera. A los pocos segundos, el entrevistado recién responde. Ese espacio de tiempo se llama "delay", es decir, un retraso o una acción que se produce después del tiempo que se esperaba.

La sociedad chaqueña viene con un creciente "delay" cuando tiene en frente a la dirigencia gobernante. Y nada es nuevo porque desde que se restauró el sistema democrático en el país, en 1983, este efecto, este silencio que termina siendo un "feed back frustrado", sucede de manera creciente, y en todos los ámbitos, hasta el presente.


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Ese delay, obviamente, en 40 años de democracia, fue variando, de acuerdo a la capacidad de respuesta que tuvo cada gobernante. En honor a la verdad, no fue igual en todos los periodos de gobierno.

TRES MALES RECURRENTES

Podríamos establecer, al estar de lo que ocurre en el Chaco en su contemporánea historia democrática, que hay tres factores que ocasionan el "Delay".

El primero es que "los agentes transmisores" entre "el pueblo" y el gobierno, han fallado en la mayoría de los casos. Las gestiones de los gobiernos en gran medida están atadas a la agilidad y capacidad de acción de quienes integran el gabinete, ya que el máximo gobernante, sea intendente o gobernador, no puede estar al frente de todas las demandas planteadas.

Así, hay algunas situaciones que son planteadas y que el mandatario ni se entera, hasta que es puesto en conocimiento cuando sale de recorrida. Allí, el problema del "delay" termina siendo los funcionarios.

El segundo aspecto del "delay" se da cuando el mandatario no delega responsabilidades con capacidad de resolución.

El tercer aspecto, es cuando de manera sistemática, por omisión o por incompetencia, prefieren mirar otra película de ficción, dentro de una burbuja, aislados de los problemas y demandas de la sociedad en su conjunto.

Luego, se auto eximen de responsabilidad bajo la excusa de haber sido votados por el pueblo. Pero es al revés, el hecho de haber sido votados por el pueblo le impone una carga y una responsabilidad pública. El pueblo les prestó el poder, es decir, los gobernantes son empleados del pueblo. En eso radica el sistema democrático, por lo tanto los paracaidistas que se disfracen de "el inspector", deberán dar marcha porque aunque estemos en la era digital, son "empleados del soberado".

LA ERA DIGITAL

Precisamente, la era digital les da un sopapo a algunos gobernantes que prefieren que ese "delay" no se vaya. Hoy es muy difícil poner todo en una caja porque no llega a ser una de pandora, porque la viralización de resoluciones, disposiciones, transferencias de recursos, está al pie de un click. Y esto crea una situación que se asemeja a la metáfora de "el rey está desnudo".

LA RESPONSABILIDAD DEL PUEBLO

Pero no crea el pueblo que quedará eximido de responsabilidades y que lo que único que tiene son derechos, porque no es así. "Nos hace falta ser más responsables para evitar que sucedan injusticias, que se siembren odios dispuestos a desarrollarse en venganzas por doquier, puesto que de la adicción a los sobornos se pasa a la adhesión de los enfrentamientos, que lo único que hace es envenenarnos y activar las barbaries", dice el escritor Victor Herrero.

Hablamos de dirigentes, y decimos que son malos, irresponsables, pero los dirigentes salen de la gente, es decir, de nosotros, del pueblo.

¿ES POSIBLE UN PACTO SOCIAL, POLITICO Y ECONOMICO?

En honor a la verdad, no será fácil establecer un pacto de este tipo, al menos por ahora. En todo caso, podría resultar si la iniciativa proviene del sector privado. Es que hasta el momento, los intentos tienen fecha de vencimiento, porque nacen solo como producto de una coyuntura y no por una necesidad de establecer un mecanismo de propuesta, orientación efectiva, y que los gobernantes de turno tengan la vocación política de aceptar las sugerencias, con reuniones de mesas técnicas chicas, mesas de trabajo y no mesas repletas que no entran todos en la foto tan deseada.

Quien escribe esta columna tiene amigos y conocidos en el CONES, Consejo Económico y Social, y estamos seguros que ninguno de ellos necesita ser adulados. Y por lo tanto, podrán aceptar que aún esperamos que ese consejo sea como el tábano de Atenas, dispuesto a aplicar el aguijón cuando quien manda se aparta de las propuestas que la comunidad necesita. El CONES o como se llame, no debe ser un apéndice del gobierno, y opinar de acuerdo a lo que el gobierno quiere que opine. Todo lo contrario.

Sin embargo, es posible pensar en un pacto social, político y económico con mesa chica, con técnicos e integrantes abnegados a la causa de contribuir al bienestar general y ayudar al gobierno, sea quien sea, con propuestas que se puedan cumplir, apuntando a la productividad, a la generación de valor en origen, a un ordenamiento del Estado so pena del dolor de cabeza que le pueda ocasionar a la dirigencia política. Si no hay esa llama encendida, no sirve ni siquiera intentar un acuerdo "multisectorial", porque al fin y al cabo, puede convertirse en un ente cuasi oficial.

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