Que "Ni una menos" sea una realidad
El clamor social, unánime, colectivo, urgido por la angustia que presiente el peor desenlace, une hoy a una sociedad que habita, acostumbrada, la desigualdad, la injusticia y la desunión.
No será esta —seguramente–, la gota que colme el vaso de los límites que ya no toleramos que sean traspasados, pero puede significar un punto de inflexión para las tareas, las reflexiones y las decisiones pendientes.
De confirmarse las sospechas, estaríamos ante una certificación –otra más– acerca de las advertencias del movimiento feminista. El machismo mata, y el sistema patriarcal ampara y encubre.
Más allá de las políticas públicas con perspectiva de género, y el consiguiente respaldo de presupuesto, vuelven a quedar en evidencia la necesidad de más responsabilidad estatal y privada, de más acompañamiento de los medios de comunicación, de más presencia de la cultura y la educación, orientadas a erradicar este sistema que atraviesa hábitos y costumbres, instituciones, sectores sociales, y ámbitos laborales, por igual.
El riesgo de que la trascendencia del caso —debido a que la imputación sobre la desaparición de la joven recae en conocidos referentes de movimientos sociales— no vaya a significar, como de hecho no ocurrió en situaciones anteriores, que se extienda la conciencia social sobre la forma en que estos crímenes (tanto la privación de la libertad, como la violencia doméstica y el femicidio) encuentran su "justificación" en una estructura socio-cultural en la que la jerarquía del "varón" se consideraba normal hasta hace poco tiempo, y cómo dicha preeminencia genera una determinada forma de evaluar los comportamientos cotidianos de unas y de otros.
No se puede ignorar que fueron los y las incriminados en la desaparición de Cecilia quienes se opusieron con tenacidad a las políticas de género impulsadas por el movimiento feminista, tampoco es posible olvidar que exhibían intransigentes su adhesión a los caducos preceptos de organización familiar, en los que "el hombre" tiene el rol principal.
El culto de la personalidad, con ser un componente singular de la construcción identitaria del movimiento, pasa a segundo plano frente al sostén de esos cuestionados "valores", en los que terminaban coincidiendo con agrupamientos políticos de los que decían ser antagónicos.
Si bien es comprensible que la prensa porteña distorsione las interpretaciones y rasque en el fondo de la olla detrás del escándalo y el negocio, no lo es que un puñado de chaqueños enarbole una mal habida inocencia para desviar el pedido de justicia.
Como por ejemplo, el proceder demagógico y poco democrático de "suspender la campaña electoral", cuando en realidad la presencia de la ciudadanía en cada movilización y en cada acto, debiera ser una oportunidad para crear conciencia sobre la necesidad de profundizar las políticas que orientan hacia una nueva convivencia comunitaria, inclusiva, igualitaria y solidaria.
El Poder Judicial, todavía en deuda con el desmontaje de la cultura patriarcal, debe conducir con efectividad y celeridad hacia el esclarecimiento de lo ocurrido con Cecilia, y al castigo de los culpables.
La tragedia social es tener que volver a convocarnos para que "Ni una menos" sea una realidad.
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