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CARTAS DE LECTORES

Clamor por justicia y paz para Cecilia y su familia

Señor director de NORTE:

El dolor y la tristeza nos golpean como sociedad chaqueña, el clamor por la aparición de Cecilia nos une, la verdad de la realidad exige que la justicia nos brinde claridad de lo sucedido para conocer y comprender este difícil momento.

«Felices los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos quedarán saciados».

 La justicia resulta particularmente importante en el contexto actual, en el que el valor de la persona, de su dignidad, de sus derechos y de la vida, a pesar de las proclamaciones de propósitos, hoy se ve amenazada, por ello todos debemos contribuir para procurarla –en especial los poderes del estado—, ya que es la única garantía de una paz sólida y verdadera.

«Felices los que lloran, porque ellos serán consolados». No podemos ignorar las situaciones dolorosas, cubrirlas o esconderlas.

El presente sufrimiento, no es posible disimular, por el contrario, el llanto, y el sufrimiento, por no saber noticias de una hija, sobrina o nieta, nos conmueve a todos.

El consuelo de ser hermanos en Jesús nos permite compartir el sufrimiento ajeno y deja de huir de las situaciones dolorosas. Así es posible acoger aquella exhortación de san Pablo: «Llorad con los que lloran» (Rm 12,15) y a la vez compartir su dolor acompañando y a la vez actuando en el cumplimiento de nuestro deber ciudadano.

Recordando palabras del Papa Francsco en Fratelli Tutti (227). «La verdad es una compañera inseparable de la justicia y de la misericordia.

Las tres juntas son esenciales para construir la paz y, por otra parte, cada una de ellas impide que las otras sean alteradas. […] La verdad no debe, de hecho, conducir a la venganza, sino más bien a la reconciliación y al perdón.

Verdad es contar a las familias desgarradas por el dolor lo que ha ocurrido con sus parientes desaparecidos.

Verdad es reconocer el dolor de las mujeres víctimas de violencia y de abusos. […] Cada violencia cometida contra un ser humano es una herida en la carne de la humanidad; cada muerte violenta nos disminuye como personas. […] La violencia engendra violencia, el odio engendra más odio, y la muerte más muerte. Tenemos que romper esa cadena que se presenta como ineludible».

El perdón no implica olvido. Decimos más bien que cuando hay algo que de ninguna manera puede ser negado, relativizado o disimulado, sin embargo, podemos perdonar.

Cuando hay algo que jamás debe ser tolerado, justificado o excusado, sin embargo, podemos perdonar.

Cuando hay algo que por ninguna razón debemos permitirnos olvidar, sin embargo, podemos perdonar.

Perdonar no quiere decir permitir que sigan pisoteando la propia dignidad y la de los demás, o dejar que un criminal continúe haciendo daño.

Quien sufre la injusticia tiene que defender con fuerza sus derechos y los de su familia precisamente porque debe preservar la dignidad que se le ha dado, una dignidad que Dios ama.

Si un delincuente me ha hecho daño a mí o a un ser querido, nadie me prohíbe que exija justicia y que me preocupe para que esa persona —o cualquier otra— no vuelva a dañarme ni haga el mismo daño a otros.

Corresponde que lo haga, y el perdón no sólo no anula esa necesidad sino que la reclama.

 En este camino, pidamos que la gracia ilumine a los encargados de los poderes del Estado, para que nos brinden a la sociedad, la verdad de los hechos sucedidos con Cecilia y su entorno.

Esperamos y apoyamos a la Justicia, para que ejerza con claridad e imparcialidad, las decisiones que fueran necesarias para dilucidar sobre las responsabilidades del caso, y que a la vez podamos acompañar en el dolor a la familia en la búsqueda de paz.

COMISION ARQUIDIOCESANA DE JUSTICIA Y PAZ

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