Argentina y el gigante asiático
El viaje a China de la comitiva que acompañó al ministro de Economía de la Nación, Sergio Massa, volvió a poner en un primer plano las relaciones de nuestro país con el gigante asiático. Contrariamente, a lo que muchos creen, los vínculos entre ambas naciones tienen una larga historia. En 1953 se concretó el primer intercambio comercial, pero antes, en 1920 ya había comenzado el acercamiento.
En las últimas horas algunas voces interesadas pusieron el foco en la molestia que podría generar a Estados Unidos la presencia de funcionarios argentinos a China, lo que es comprensible desde el punto de vista norteamericano, ya que nuestro país está en un área geográfica que la potencia del norte considera su zona de influencia. Pero si se aborda la cuestión desde la mirada de los genuinos intereses argentinos, la lectura es otra. Se pueden decir muchas cosas de los vínculos entre Argentina y China, pero no que es una relación que recién empieza. Este año, justamente, se cumplen 70 años del primer intercambio comercial, que se concretó con el envío desde nuestro país de un barco que llevó un cargamento de trigo y lana. Una embarcación china similar, en tanto, puso rumbo al puerto de Buenos Aires con sedas y bauxita (roca sedimentaria con alto contenido de aluminio) para sentar las bases de un incipiente comercio bilateral. Siete décadas después de aquel acontecimiento, China se ha convertido en una potencia emergente que, como ha ocurrido siempre en la historia de la humanidad con imperios y países poderosos, se propone ganar posiciones claves en el comercio global. No es un secreto que el gigante asiático ve a América Latina y, especialmente, a América del Sur, como un gran espacio proveedor de materias primas y con abundantes recursos naturales. También Estados Unidos comparte esa visión. Es evidente que hay un movimiento de piezas en el tablero geopolítico mundial y, al mismo tiempo, una disputa entre las mayores potencias por la hegemonía mundial en un momento en el que el mundo vive una etapa de transición en la que se comienza a dejar atrás el orden internacional configurado después de la Segunda Guerra Mundial y el período en el que Estados Unidos hizo valer su preeminencia en todos los órdenes tras la caída, en 1989, del Muro de Berlín. En octubre de 2022, la administración del presidente Joe Biden publicó un documento con los detalles de la Estrategia de Seguridad Nacional de EEUU. Allí se señala, textualmente, que Estados Unidos se propone "competir de manera eficaz con la República Popular China, que representa el único competidor que tiene la intención y, cada vez más, la capacidad de redefinir el orden internacional, y al mismo tiempo contener a una Rusia peligrosa". Este es, de alguna manera, el tablero global en el que Argentina debe mover sus piezas y hacer un delicado equilibrio para, sin resignar soberanía ni rifar recursos naturales, moverse con diplomacia para, en primer lugar, salir de la difícil coyuntura económica y social que atraviesa y luego retomar el camino del crecimiento y el desarrollo. Ahora nuestro país logró renovar el swap de monedas (básicamente es un acuerdo sobre divisas extranjeras entre dos partes) con China y ampliar hasta 10.000 millones de dólares el uso de libre disponibilidad. De ese modo, el Banco Central argentino podrá intervenir en el mercado ante una eventual turbulencia cambiaria que se presente de aquí a fin de año.
La discusión de fondo, entonces, no es el acercamiento de Argentina a China, sino las fuertes asimetrías comerciales entre ambos países. Mientras nosotros seguimos enviando principalmente materias primas como hace 70 años, el gigante asiático se transformó y envía cada vez más productos tecnológicos con alto valor agregado. Es decir, pasaron gobiernos argentinos de distintos signos partidarios y hasta ideológicos, pero seguimos siendo mayormente un mero proveedor de materias primas. Es decir, se necesita otro modelo de integración con el gigante asiático, que hoy es el segundo socio comercial de nuestro país. Mientras no se modifique esa ecuación, todo lo demás que se diga en este año electoral será -si se nos permite el uso para esta ocasión de una frase muy argentina- "fulbito para la tribuna".










