Litio, el nuevo oro blanco
Se estima que en apenas siete años la Argentina se convertirá en el tercer productor de litio del mundo, para integrar así, junto a Australia, China y Chile, el grupo de mayores exportadores de este metal, que es clave en la fabricación de baterías para autos eléctricos y dispositivos electrónicos.
¿Podrá nuestro país aprovechar la oportunidad que ofrece este nuevo oro blanco, que puede sumar divisas por exportaciones y, de esa manera, comenzar a resolver sus problemas estructurales?
Los países más desarrollados ya comenzaron la transición hacia energías menos contaminantes y en ese escenario el litio es una pieza fundamental. Por esa razón, es actualmente uno de los metales más demandados en el mercado internacional. De hecho, el valor de la tonelada de carbonato de litio, la materia prima utilizada en las baterías de iones de litio, comenzó a subir a medida que se incrementaron las ventas de vehículos eléctricos en Europa, Estados Unidos y Asia. Según algunas consultoras, se espera que la demanda del metal aumente a 2,4 millones de toneladas en 2030, en comparación con alrededor de 600.000 toneladas del año pasado. Según un informe del banco de inversión JP Morgan, nuestro país se ubica actualmente en el cuarto lugar de la tabla de productores mundiales de litio, con el 5% del total, detrás de Australia con el 44% y China con el 20%, mientras que Chile ocupa actualmente el tercer lugar, con el 28% de la producción total.
El lento pero sostenido proceso de reducción de emisiones de carbono a la atmósfera que transitan la mayoría de los países con alto desarrollo explica, en gran parte, el creciente interés de las economías más grandes por el litio. En otras palabras, a medida que pasa el tiempo será más fuerte la presión que ejercerán las naciones del norte desarrollado, que ya iniciaron una transición hacia la electromovilidad, para que se incremente la extracción de litio en los países del sur. Los mayores yacimientos de este codiciado metal a nivel mundial se encuentran en el llamado triángulo del litio que conforman Argentina, Bolivia y Chile. Los tres países acumulan más de la mitad (53%) del total de los yacimientos mundiales.
Según datos aportados en un reciente informe de la oficina de Servicios Geológicos de Estados Unidos, Australia es el país líder mundial de la exportación de litio. En efecto, el año pasado esa nación extrajo 61.000 toneladas del metal, seguido por Chile con 39.000 toneladas, China 9.000 toneladas y Argentina con 6.200 toneladas. Según el banco de inversión JP Morgan, en 2030 nuestro país pasará a ocupar el tercer lugar como exportador mundial de litio. Por su parte, la Agencia Internacional de Energía calcula que ese año habrá 250 millones de vehículos eléctricos en todo el mundo que utilicen litio para sus baterías, de manera que para esa fecha el metal desempeñará un rol clave en la matriz energética de los países, equiparable al rol que hoy tiene el petróleo. Además, hay que tener en cuenta que la industria de vehículos eléctricos no es la única que incrementará su demanda de litio. También lo hará la industria de productos y dispositivos electrónicos portables que ocupan cada vez más espacio en los hogares de todo el mundo. Es importante señalar que el litio es un elemento estratégico, pero no es escaso en el mundo. De ahí que el conocimiento que permite desarrollar una batería y participar de todo el ciclo productivo del metal es fundamental, por lo que sería un error conformarse con la sola extracción. Sin embargo, como ocurre con otros recursos muy demandados, como el petróleo, hay que tener presente que habrá fuertes intereses en juego y que no siempre estarán alineados con los intereses nacionales.
En Chile, por ejemplo, el presidente Gabriel Boric anunció en abril una estrategia nacional del litio para que el Estado participe en todo el ciclo productivo del metal que se extrae del suelo chileno y esa postura recibió fuertes cuestionamientos de sectores que entienden que el control de este elemento estratégico no debe estar bajo la órbita estatal. Es del debate que ya se comienza a dar en nuestro país, por lo que es de esperar una discusión más seria y profunda sobre la importancia de impulsar una industria nacional del litio con valor agregado, es decir, que no sea únicamente extractiva.










