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La niña rebelde

No hubo nadie hasta hoy que supiera interpretar mejor el pensamiento, la opinión, la crítica y la idiosincracia argentina (latinoamericana, mundial) que la célebre Mafalda, personaje que traspasó los límites del papel para convertirse en un ícono universal. - Por Alberto Solís Bonastre

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El papá de Mafalda fue Joaquín Salvador Lavado Tejón, conocido por el seudónimo de Quino (Mendoza, 17 de julio de 1932 - Mendoza, 30 de septiembre de 2020), que vivió muchos años en Europa. Pese a los numerosos intentos de convencerlo para continuar con la historieta, nunca desistió de la idea de que ya había cumplido su ciclo, aunque la vigencia de su pensamiento y obra continuó por décadas, hasta hoy.

La genial creación de Quino apareció por primera vez en 1964, en el semanario Primera Plana. Sus lectores y seguidores eran como ella, fanáticos de los Beatles, odiadores de la sopa, preocupados por la guerra de Vietnam, las injusticias cotidianas y las bombas atómicas con las que se amenazaban las potencias de aquel mundo bipolar (EEUU y la Unión Soviética). Soñaban con Felipe, con Brigitte Bardot, con ser astronautas o famosos; jugaban a los vaqueros del oeste, se enojaban con Susanita (pequeña concheta de Barrio Norte, chismosa como pocas) y Manolito "el economista", sentían ternura con Miguelito y Guille, y también se rebelaban con Libertad, tan explícitamente chiquita y levemente tonta. 


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¿Quién no recuerda el palito de abollar ideologías, la tortuga "burocracia", el país "In the pendiente" y tantas genialidades de Quino, quien unos años atrás confesó a sus colegas también humoristas Rep y Tute, en sendos reportajes, que la sopa rechazada con asco por Mafalda no era otra cosa que una alegoría de la dictadura, llamada pomposamente "Revolución Argentina", que asoló al país entre 1966 y 1973.

Todo había empezado en 1963, cuando un creativo de la agencia publicitaria Agnes, Norman Brinsky –sí, el reconocido actor y director teatral– llamó a Quino por indicación de su amigo Miguel Brascó (gran periodista, con los años especialista en vinos y comidas), para crear una historieta que reflejara la vida de una familia de clase media argentina para una línea de electrodomésticos. La campaña al final no se concretó, y el dibujante mendocino se quedó con la idea rondando en la cabeza y las ocho tiras que había hecho sin publicar.

Pasaron unos meses y recibió otro llamado, esta vez de Julián Delgado, por entonces secretario de redacción del exitoso semanario Primera Plana, comandado por Tomás Eloy Martínez, quien casualmente le pedía una historieta: ahí resucitó la idea de la familia y la tira comenzó a publicarse.


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A Quino le había sonado bien el nombre de Mafalda, que había escuchado en la versión cinematográfica de la novela "Dar la cara", de David Viñas, en la que aparece una bebita con aquel nombre que se haría célebre. Finalmente, Mafalda asomó su carita inconfundible el 29 de setiembre de 1964, en Primera Plana -luego saldría en la contratapa del diario El Mundo. 

De aquella etapa es la tira de un solo cuadro en el que se ve a Mafalda preocupada, diciendo "¿Entonces? ¿Eso que me enseñaron en la escuela?". Era el 29 de junio de 1966 y la niña se preguntaba por su futuro y el de sus compatriotas, que acababan de sufrir, el día anterior, un nuevo golpe cívico militar, esta vez encabezado por el general Juan Carlos Onganía. Luego pasaría a la última página de uno de los semanarios más leídos de fines de los años ´60 y principios de los ´70, Siete Días. Las tiras, más tarde, pasaron a integrar libritos anuales editados en un principio por la editorial Jorge Álvarez y luego por Ediciones de La Flor. El 25 de junio de 1973 apareció por última vez una tira de Mafalda y sus pensamientos "políticamente incorrectos" en la revista Siete Días.

Quino ha declarado en múltiples ocasiones que estaba sorprendido por la repercusión que han tenido sus dibujos en países tan diferentes de su país natal, como Japón o EEUU. Dijo, en declaraciones al diario El Mundo, de España, que "Las tiras de Mafalda están sembradas de tópicos argentinos, y siempre me he preguntado cómo pueden entenderlas en otras culturas". Lo cierto es que con el paso del tiempo esta historieta protagonizada por una niña rebelde y tierna, junto a su singular grupo de amigos, se ha convertido en objeto de culto, no sólo en su país natal, sino en muchos países alrededor del planeta.

Mafalda, en cuarenta años de existencia, traspasó no solo fronteras, sino también los estrechos márgenes de las tiras para convertirse en un personaje más de la realidad. Debido al gran éxito, se han hecho a lo largo de los años innumerable cantidad de artículos con su figura, como muñecas, remeras, accesorios, vasos, etc.


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Sin dudas, Mafalda fue "la madre" de personajes que luego continuaron con su irreverencia y representando el "sentir argentino", tales como el Clemente de Caloi, el Inodoro Pereyra del Negro Fontanarrosa, Diógenes y el Linyera (Tabaré-Guinsburg) y Yo Matías, de Sendra, entre otros.

Las ideas de esta argentinita tan ingeniosa como irreverente, tan reflexiva como contestataria, recorrieron el mundo traducidas a más de una veintena de idiomas, desde el japonés, italiano y portugués, hasta el griego, francés y holandés. El mensaje de Mafalda, visto hoy en día, sigue manteniendo la misma dosis de genialidad y, sobre todo, de actualidad.

"El mensaje de Mafalda, visto hoy en día, sigue manteniendo la misma dosis de genialidad y, sobre todo, de actualidad".

El 17 de abril de 1987, después del fallido golpe de Estado contra el gobierno de Alfonsín, Quino dibujó a Mafalda diciendo: "¡Sí a la democracia! ¡Sí a la justicia! ¡Sí a la libertad! ¡Sí a la vida!". En 1988 volvió a dibujar a Mafalda junto a Libertad para un cartel del Ministerio de Relaciones Exteriores de la Argentina, en conmemoración del Día Universal de los Derechos Humanos.

Ese mismo año, el 3er Salón Internacional del Comic de Erlangen otorgó a Mafalda el gran "Max und Moritz", uno de los más prestigiosos premios mundiales para historietas. En 1989 apareció "Mafalda Inédita". En 1992, se realizó en Madrid una gran exposición de 1200 m2, titulada "El Mundo de Mafalda", organizada por la Sociedad Estatal Quinto Centenario, que también publicó un libro con el mismo título. En 1994, en Italia, se celebraron los treinta años de Mafalda con una reunión en el Circolo della Stampa.

La escultura más grande de Mafalda está Mendoza, en San Martín, emplazada (con justeza) en el llamado "Paseo de la Patria". La obra es el resultado de un encargo que la comuna le hizo al artista Juan Valdivia en 2018. Muestra a la niña sentada sobre tres libros: "Las venas abiertas de América Latina", de Eduardo Galeano; "Rayuela", de Julio Cortázar; y el "Martín Fierro", de José Hernández. Tiene 3,25 metros de alto.

Una escultura de Mafalda sentada en un banco de plaza fue inaugurada en la esquina de Chile y Defensa, en el barrio porteño de San Telmo, a metros del edificio donde vivía su creador, Quino, y donde se inspiró para ambientar la historieta más popular de la Argentina y numerosos países del mundo.

Le preguntaron a Quino cierta vez como sería hoy su creación: "Mafalda sería una desaparecida". 

El genial dibujante fue el gran homenajeado de la ceremonia y se mostró emocionado cuando se descubrió la pequeña escultura de 80 centímetros de alto, vestido verde e inconfundible cabellera negra, junto a la cual su autor se sentó y le acarició su cabeza, mientras sus admiradores tomaban fotos con cámaras y celulares.

Aquel día, la calle donde se descubrió la obra estuvo desbordada de público, entre vecinos, curiosos, amigos del dibujante, como Caloi, Rep, Daniel Divinsky, Carlos Garaycochea y Hermenegildo Sabat, además, entre otros, y de muchísimos fanáticos.

"El edificio está igual, la verdad no ha cambiado nada, pero el barrio era muy distinto. Mucho más barrio, pasaba el tranvía, era más lindo. Mafalda era de este barrio, y no sólo Mafalda, el almacén de Don Manolo lo saqué de una panadería cerca, que era del papá de un amigo", contó Quino por entonces.


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Mafalda, la contestataria

Por Umberto Eco*

"Mafalda no es solo un personaje de historietas; es tal vez el personaje de los años ´70 en la sociedad argentina. Si al tratar de definirla se ha usado el adjetivo "contestataria", no ha sido por uniformarse a la moda del anticonformismo a toda costa: Mafalda es de verdad una heroína iracunda que rechaza al mundo tal cual es. Para comprenderla, conviene trazar un paralelo con otro gran personaje a cuya influencia no es ajena: Charlie Brown. Charlie Brown es norteamericano, Mafalda sudamericana. Charlie Brown pertenece a un país próspero, a una sociedad opulenta en la que trata desesperadamente de integrarse, mendigando solidaridad y felicidad; Mafalda pertenece a un país denso de contrastes sociales, que a pesar de todo querría integrarla y hacerla feliz, pero ella se niega y rechaza todas las ofertas. Charlie Brown vive en un universo infantil propio, del cual están rigurosamente excluidos los adultos (con la salvedad de que los niños aspiran a convertirse en adultos); Mafalda vive en un continuo diálogo con el mundo adulto, mundo al cual no estima, no respeta, hostiliza, humilla y rechaza, reivindicando su derecho a seguir siendo una niña que no quiere hacerse cargo de un universo adulterado por los padres. Charlie Brown ha leído, evidentemente, a los revisionistas freudianos, y anda en busca de una armonía perdida; Mafalda, con toda probabilidad, habrá leído al Che. En realidad, Mafalda en materia política tiene ideas muy confusas, no logra entender qué es lo que sucede en Vietnam, no sabe por qué existen los pobres, no se fía del Estado y está preocupada por la presencia de los chinos. Sólo una cosa sabe claramente: no está conforme.

"La rodea una pequeña corte de personajes mucho más "unidimensionales": Manolito, monaguillo integrado del capitalismo de barrio, que sabe con total certidumbre que el valor primario en este mundo es el dinero; Felipe, soñador tranquilo; Susanita, beatíficamente enferma de espíritu materno, narcotizada por sueños pequeño burgueses. Y luego, los padres de Mafalda,que como si no les bastara con lo duro que resulta aceptar la rutina cotidiana (recurriendo al paliativo farmacéutico del "Nervocalm"), se ven agobiados, por añadidura, con el tremendo destino de tener que encargarse de la Contestataria.

"El universo de Mafalda es el de una América Latina en sus zonas metropolitanas más adelantadas; pero es en general, desde muchos puntos de vista, un universo latino, y esto hace que Mafalda nos resulte mucho más comprensible que tantos personajes del cómic estadounidense. Además, Mafalda es, en último análisis, un "héroe de nuestro tiempo", y no se debe pensar que ésta sea una definición exagerada para el personajito de papel y tinta que Quino nos propone. Ya nadie niega hoy que el cómic (cuando alcanza niveles de calidad) es un testimonio sobre el momento social: y en Mafalda se reflejan las tendencias de una juventud inquieta, que asumen el aspecto paradójico de una oposición infantil, de una eczema psicológica de reacción a los medios de comunicación de masas, de una urticaria moral producida por la lógica de los bloques, de un asma intelectual originado por hongos atómicos. Puesto que nuestros hijos se preparan para ser –por elección nuestra– una multitud de Mafaldas, nos parece prudente tratar a Mafalda con el respeto que merece un personaje real".

*Umberto Eco (1932-2016) fue un importante escritor y filósofo italiano que desde el estudio de la cultura de masas supo tomar el pulso a los temas clave de la agitada segunda mitad del siglo XX. El presente es el prólogo que escribió para "Mafalda la contestataria" (1969), primero editado fuera de la Argentina.

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